Opinión

MORELIA
Partidos en sus laberintos
Las intenciones de Manuel Espino para hacer retornar al activismo político tanto al ex presidente Vicente Fox como a parte de su ex gabinete ha generado el rechazo y la animadversión de muchos de los propios militantes del blanquiazul
Columba Arias Solís Viernes 9 de Febrero de 2007
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Los partidos políticos mayoritarios no parecen encontrar soluciones adecuadas a la compleja problemática interna que los ha venido aquejando desde tiem-
po atrás, pero que en las últimas semanas ha mostrado una agudización en sus contradicciones. Perdidos en los laberintos de sus confrontaciones por las cuotas de poder, sus divergencias los colocan cada vez más en la mirilla de los cuestionamientos, tanto de sus propios correligionarios como de la ciudadanía en general.
Acción Nacional, a pesar de ser el partido del gobierno en el poder y de que muchos de sus cuadros han sido llamados a la administración pública federal, no ha logrado encontrarle la cuadratura al círculo de las relaciones entre su instituto político y el gobierno, especialmente con el presidente de la República surgido de sus filas. Así, el dirigente nacional del blanquiazul, político plenamente identificado con el ex presidente Fox y con la señora Sahagún, con cuyo apoyo pudo llegar a la presidencia de su partido, se ha convertido al parecer en un lastre para el ejecutivo federal, toda vez que en lugar de apoyar a su gobierno, sus actitudes y declaraciones no solamente en el país, sino peor aún, fuera de éste han estado a punto de ocasionar conflictos a la presidencia.
Las intenciones de Manuel Espino para hacer retornar al activismo político tanto al ex presidente Vicente Fox, como a parte de su ex gabinete, ha generado el rechazo y la animadversión de muchos de los propios militantes del blanquiazul, quienes por decir lo menos, consideran una falta de sentido común político intentar retornar a la vida pública al muy cuestionado ex mandatario, quien al parecer no se resigna a la falta de los micrófonos y de los reflectores mediáticos que fueran tan indispensables durante su vida de gobernante.
Espino ha estado a punto de rebasar el vaso de la tolerancia de Los Pinos con el episodio protagonizado en España, justamente en los días en que se encontraba de visita en ese país el ejecutivo mexicano, obligando al propio Calderón a desmentir las críticas del dirigente de Acción Nacional en contra del presidente anfitrión de la delegación mexicana, sobre asuntos que únicamente competen al gobierno y pueblo españoles.
Ya no tan soterradamente, en el partido blanquiazul se libra una lucha de poder donde se están disputando los espacios de control entre Espino y sus aliados de un lado, y la casa presidencial, del otro. Esta suerte de batalla política habrá de dirimirse en la renovación del Consejo Nacional panista prevista para los días 2 y 3 de junio, donde ambos grupos se disputarán los cargos de consejeros, ya que quien tenga mayoría, lógicamente podrá incidir en candidaturas y posiciones políticas.
El Partido Revolucionario Institucional, sin reponerse todavía de los resultados electorales de 2006, se encamina a la renovación de su dirigencia nacional por la senda de las descalificaciones y de los anuncios catastróficos de rompimientos y de alianzas calificadas por sus propios correligionarios de vergonzantes, por la calaña de los personajes que se adivina apoyan tras bambalinas a algunos de los contendientes en este proceso.
A escasos días de la elección del dirigente, los dimes y diretes siguen estando a la orden del día entre los diversos participantes. Beatriz Paredes, la candidata que parece gozar de mayores simpatías entre la militancia priísta, ha sido constantemente cuestionada por su adversario principal Enrique Jackson, quien la acusa de construir alianzas a cambio de posiciones; señala el senador que «es un intercambio inmoral que desde ahora estén vendiendo las posiciones en las listas plurinominales para poder respaldarte» y descalifica la encuesta realizada por Mitofsky que pone en ventaja a Paredes, acusándola de estar amañada y cuchareada.
La guerra política en este partido parece que se recrudecerá en los días por venir, en especial por la participación de los que anunciaron que se iban y no se fueron y siguen más presentes que nunca. El episodio que se avista no parece ser el de La Máscara contra La Cabellera, sino tal vez el de La Maestra contra El Innombrable. ¿Será?
En el Partido de la Revolución Democrática el horno tampoco parece estar para bollos. A nivel nacional, alguna de sus corrientes y grupos se preparan para el ajuste de cuentas no solamente con su dirigencia nacional, sino también con quien fuera su candidato a la presidencia y a quien en consonancia con la línea del oficialismo gubernamental, han comenzado a denostar. Con una enjundia, digna de mejores causas, afinan sus estrategias para ver cuántas posiciones o candidaturas en el río revuelto de las inconformidades alentadas lograr arrebatar. La rebatinga por los espacios de poder en el partido del sol azteca en el ámbito nacional han iniciado con las críticas de cuadros menores y alguno mayor, a quienes parece les pasó de noche las circunstancias que rodearon el proceso electoral de 2006, reconocidas incluso por el Tribunal Electoral en su controvertido fallo.
Las contradicciones en el PRD no se terminan, esas cuestionables decisiones tomadas por sus cúpulas, no solamente ahora, sino desde el propio surgimiento de ese partido y a lo largo de su existencia con los distintos liderazgos, al realizar alianzas electorales con personajes contrarios al perredismo, no solamente han confundido y llenado de molestia a su vieja militancia, también han puesto en entredicho la ideología partidista y están erosionando la credibilidad de los ciudadanos que ven con simpatía a ese instituto político.
En Michoacán no se cantan mal las rancheras. Pero ésa es otra historia.