Opinión

MORELIA
Repercusiones
El poder residual diluido
Es preocupante que sea hasta después de las elecciones cuando figuras del PRD reconozcan los errores de las campañas
Samuel Maldonado B. Martes 20 de Febrero de 2007
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El PRD (Poder Residual Diluido) no sirve para nada y tal vez, solamente para hacerse ilusiones o para vivir del pasado, que es lo que le pasa tanto al PRD
como al PRI; por eso creo importante hacer una reflexión sobre las declaraciones de Carlos Navarrete Ruiz (para la gente que no sepa de quién se trata habría que indicar que funciona (¿?) como coordinador de la bancada perredista en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión), que cuando se le preguntó que si su partido había cometido ciertos errores durante el proceso electoral del año anterior, contestó: «Claro que cometimos errores en la campaña presidencial, claro que no estuvimos a la altura. Pudimos haber enfrentado en mejores condiciones la avalancha de la derecha».
Qué mal que hasta después de cometidos los errores se dé uno cuenta de ellos; más lamentable y crítico lo es que, cuando muchos veíamos lo que se venía de no corregir las desviaciones que se estaban suscitando, la cúpula perredista nacional cerrara los ojos y que hasta ahora lo reconozca.
Sus declaraciones me hacen reflexionar y concluir en la falsedad de aquel dicho de antaño que afirma que «más vale tarde que nunca», pues con frecuencia a pesar de la magnitud de los errores cometidos éstos se repiten y en el caso particular al que hace referencia Navarrete Ruiz, el error fue tan grande e irreversible, que pudiendo haber alcanzado la Presidencia de la República, hoy no solamente no la tenemos sino que el PRD anda sin brújula y con el peligro de perder Michoacán, que desde mi perspectiva es el último reducto que tiene la izquierda en el país.
Pero lecciones son lecciones y más vale aprenderlas (aun cuando tarde sea) pues, además, por los tiempos venideros, se hace urgente el aprendizaje de las tonterías que se cometen. Veamos el pasado no tan reciente cuando todavía nuestro partido el «Partido de la Esperanza», en Michoacán, tenía todas las posibilidades de ganar el gobierno estatal. Los candidatos que se diputaban la gubernatura lo eran el doctor Roberto Robles Garnica y el licenciado Cristóbal Arias Solís. Las insustanciales diferencias ideológicas y sus ambiciones particulares pesaron más que los intereses del estado y de los michoacanos, provocando una división interna que utilizaron los enemigos para hacer una intensa campaña negativa que nos hizo perder simpatía popular y crear un estado de miedo en las filas conservadoras, que todavía son muchas en el estado y, finalmente, nos llevó a la derrota electoral.
Démosle lectura también a lo acontecido hace tres años, cuando (¿otro error?) nos llevó a tomar por candidato a la Presidencia Municipal de Morelia a Sergio Ruiz Magaña, un militante que había pasado del PRI al PAN y luego al PRD. El profesor Raúl Morón, que había sido candidato interno de este último partido, llamó a sus huestes a no votar por el candidato a la Presidencia Municipal y el resultado fue que no sólo perdimos la presidencia, sino los cuatro distritos electorales de la capital, lo que nos ha debilitado mucho.
En este año, no obstante el peso que puede tener Felipe Calderón por ser nacido en Morelia (y ya sabemos por boca de Fox, cómo ganó la presidencia), podemos repetir el triunfo de hace cinco años con Lázaro Cárdenas, con dos condiciones muy simples pero muy difícil de alcanzar: 1) Que los siete precandidatos al gobierno del estado se autoanalicen con profundidad y puedan entender (que es lo más difícil) que los que más posibilidades tienen de competir con mayor éxito y enfrentarse al candidato que mande Felipe Calderón son solamente dos. 2) Que los directivos del PRD puedan ver la importancia de estos comicios, no solamente para este partido sino por las repercusiones que tendría un triunfo electoral absoluto, para el país, y lleguen a la conclusión de que solamente con sus mejores «cartas» podrán ganar las presidencias municipales de Morelia, Lázaro Cárdenas, Zamora, Apatzingán, La Piedad, etcétera, así como la mayoría de las diputaciones en el Congreso del Estado.
Lo anterior no es imposible, pero tendrá que ser la militancia y la ciudadanía que todavía confía en el PRD la que presione y obligue a que los precandidatos entiendan.