Opinión

Transporte… problema latente
Gilberto Vivanco González Viernes 23 de Marzo de 2007
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Verdad del osito Bimbo que daba coraje e impotencia observar a los choferes de las combis o de los urbanos que estrangularon la ciudad el jueves y viernes de la semana pasada, tomándose, tan campantes sus «caguamotas», jugando baraja o de plano dando de patadas a una pelota. En tanto, miles de ciudadanos, entre ellos ancianos, niños y jóvenes estudiantes mal alimentados, caminaban largos trechos para poder llegar a su destino, que bien pudo ser la escuela, el trabajo, la casa o cierta reunión de placer. No se vale.

Resulta inaceptable que por los pantalones de unos y por no tenerlos bien fajados otros, la población viviera un auténtico barullo en la ciudad patrimonio de la humanidad, Morelia, que hoy puede ser considerada patrimonio del arbitrario Martínez Pasalagua y del otrora su jefe Corona Salto. La capital michoacana estuvo controlada por este par de líderes, entre algunos otros; en tanto, las autoridades lanzaban amenazas contra los concesionarios, amenazas que nunca se cumplieron ni cumplirán.

A la hora que se les antoje, los transportistas secuestrarán de nuevo la ciudad, que al fin y al cabo saben que los gobernantes les hacen lo que el viento a Juárez o lo que el PRI a la madre de Chucky, o sea a la tenebrosa maestra Gordillo. En tanto, la gente, que a final de cuentas paga los platos rotos, está con el Jesús en la boca esperando el día en que se les ocurra a los trabajadores del volante repetir sus gracias.

Hay muchas cosas que señalar en torno al conflicto en mención. En entrada diremos que la confrontación del gobierno del estado con los transportistas ha sido producto de una ingenuidad ¿a quién se le ocurre mandar otro reemplacamiento en los últimos meses de una gestión? No basta tener el control de los diputados; era necesario actuar con inteligencia, con mando, para impedir que en la última fase de gobierno el engrudo se les hiciera bolas, porque las demandas de los afanosos del volante, de sus patrones, de los acaparadores y de sus cabecillas, no sólo tienen como objetivo impedir el desembolso de 600 pesos que cuesta el canje de placas, también traen entre manos aprovechar los tiempos políticos para exhibir al gobernador y al partido en el poder, que en este caso es el PRD, con la intención de poner zancadillas electorales.

El mentado reemplacamiento no sólo ha servido para darle hasta con la cubeta al gobierno actual de la entidad, también ha sido objeto de rechazo por gran parte de la población. Hacer enejar a la ciudadanía en tiempos casi electorales tiene un gran riesgo y puede acarrearle serias complicaciones al sol azteca. En conclusión, obligar a contratar un nuevo juego de láminas es tan impopular como las zarandeadas reformas a la Ley del ISSSTE.

Nos decepciona en particular la actuación de Humberto Arróniz, responsable de la Comisión Coordinadora del Transporte. Si bien no vimos con buenos ojos su llegada a dicha comisión, apostábamos que sus tablas políticas y de dotes porriles darían frutos gratos en el sector. Apostábamos que al menos en lo que durara la presente gestión las aguas, en este rubro, estarían tranquilas para Cárdenas Batel, pero en tiro le salió por la culata.

Ahora, hablando de otra de las demandas de los choferes y concesionarios; cuesta trabajo entender cómo el gobierno del estado le apostó de nuevo a la criticada verificación, no por que en sí sea negativa para la población (mucho menos siendo de gorra por esta ocasión), sino porque en realidad no se contempla un plan integral de cuidado ambiental. Aparte, desde un inicio existieron sospechas de un mal procedimiento en el proceso de licitación de los verificentros, todo se hizo por debajo del agua; esto ha provocado tirria en la ciudadanía y ha sido caldo de cultivo político para líderes transportistas y partidos políticos. Hablamos de otra metida de pata gubernamental en un plan que bien pudo tener resultados favorables si es que se hubiese tratado de forma transparente y con la sensata justificación social y ecológica.

Sin embargo, todo el torpe manejo del reemplacamiento y de la verificación no justifica el accionar de líderes y monopolistas que se han enriquecido a costillas de los verdaderos trabajadores del volante; no respalda las acciones viscerales de quienes controlan el servicio urbano; porque además tendrán que reconocer, primero, que ellos no pueden estar exentos de manera particular de una determinación del Congreso, si se les concede no cambiar las láminas de sus transportes, lo mismo deberá ocurrir con el resto de la población y, segundo, que muchas unidades del servicio público requieren de afinaciones o de ajustes de motor porque se han convertido en fuerte de contaminación continua. A bastantes combis y urbanos no se les pueden leer las consignas porque son cubiertas por el humo de los escapes cuando éstos se encuentran en movimiento.

Sea como sea, la bronca con los transportistas tiene a la metrópoli de cabeza esperando que en cualquier momento se les ocurra, una vez más, bloquear la ciudad, ¡cuidado, puede ser el próximo lunes!, con mayor razón cuando insisten en el aumento a las tarifas, aunque en clara burla hacia la autoridad, cobran un peso más con una leyenda de solidaridad por parte de la población, solidaridad que es entendida como a producto de gallina, juzgue usted si no: una señora como de 80 años fue bajada de la combi por no acabalar los cinco pesos; un chofer sacó su pistola amenazando a quien se arriesgó a exigirle el cambio, sucedió por el Mercado San Juan; otro de la Ruta Morada 2 baja del vehículo a quien solicite el vuelto; y el patán de la unidad 48 de la Verde Oro cobra los cinco pesos y hasta rea a golpes. «Realizan esos atropellos porque saben que hacen lo que quieren en la tierra de nadie… en el paraíso del caos y la anarquía». Al respecto, ¿tendrán los lectores alguna duda?

Ayuntamiento moreliano… sin palabras

A propósito de gobiernos titubeantes o que no actúan como es debido, retomaremos parte del tema de hace quince días. Le preguntamos a Salvador López Orduña y a su director de Enlace Ciudadano, Alejandro Rojas Flores, ¿qué pasó con el asunto de la que en su momento fuera la aceitera Tron Hermanos, del rumbo de la extinta Central de Autobuses? Al otro día que publicamos el artículo sobre las irregularidades existentes en lo que hoy es un gran lote baldío y centro de operación de roba casas-habitación, drogadictos, prostitutas, travestis y policías que buscan sus caricias, de inmediato Enlace Ciudadano tomó cartas al respecto, pero al paso del tiempo todo quedó de nuevo en promesas.

El preocupado jefe de manzana número 01, sección 09, zona Centro, José Luis Avilés Vásquez, y otros vecinos del lugar que ahora denuncian no menos de cinco incendios provocados, sin saber el motivo de ello, preguntan a las personas del Ayuntamiento que «si sólo tiene la boca para hablar, porque no hacen nada de lo que prometen y no ven más allá de sus narices».

Existe molestia entre la vecindad, y con toda razón; a nadie gusta que nos den atole con el dedo. Ya estuvo bueno de aparentar trabajar y de vivir en el mundo de la simulación. El gobierno de López Orduña debe comprender que «la administración pública no es cosa de niños greñudos… ni de chavos del ocho, del nueve o del diez, y que la verdadera muestra de capacidad… simplemente es la acción». ¡He decido!