Opinión

MORELIA
Aborto y gobierno ultraderechista
Como el debate sobre el tema del aborto abrió las heridas de las luchas del siglo XIX por la separación de la Iglesia y el Estado, es conveniente acudir al expediente de la información y el debate a la luz de los hechos
Juan Pérez Medina Jueves 12 de Abril de 2007
A- A A+

La lucha contra la imposición fraudulenta de un gobierno ultraderechista encabezado por FeCal y promovido por las cúpulas empresariales y eclesiás-
ticas del país con el visto bueno del fascismo católico español y la administración republicana de los Bush en Estados Unidos, no era desde luego un asunto menor, significaba la lucha por detener la amenaza que ahora muchos mexicanos vemos concretada en acciones que desafían las bases mismas de principios como la separación de la Iglesia y el Estado concretados en el laicismo, hasta ahora una conquista con antecedentes que se hunden en confrontaciones que provienen del agitado siglo XIX mexicano.
La cruzada contra la despenalización del aborto practicado en determinadas circunstancias establecidas en la ley, impulsado por la mayoría de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF), emprendida por la alta jerarquía eclesiástica en voz de personajes de connotada relevancia como el cardenal Norberto Rivera, que ha estado seguida de una andanada de expresiones con el signo de grupos proeclesiásticos conocidos por su beligerancia y profunda hipocresía, entre ellos Pro Vida, que dirige Jorge Serrano Limón, no deja rastro de duda, se trata de una reedición de un viejo debate. La Iglesia Católica con motivo de la acción legislativa vuelve por sus fueros y lo hace con la vehemencia de la frase de este polémico personaje que sin ambages afirma que el gobierno del Distrito Federal pagaría «con sangre» el atrevimiento.
En la visión del clero católico el aborto es un asunto instalado en el mundo de la ética personal, asumiendo los detractores de la medida legislativa que se trata de un asunto a debatir fuera del ámbito de la salud pública. Como es su inveterada costumbre recurren a los argumentos emocionales que les proveen las creencias religiosas de millones de mexicanos en un lance similar que recuerda los encendidos discursos desde el púlpito arrojados contra la escuela pública en los años posteriores a la Revolución Mexicana, evaden de nueva cuenta los datos de la realidad. Resulta un auténtico despropósito afirmar que el aborto practicado por una mujer hasta un límite de doce semanas de embarazo como señala la nueva disposición legal, sea el asesinato de un bebé, como también resulta un mayúsculo contrasentido abogar supuestamente por la vida sin considerar las muertes de centenares de mujeres, católicas la gran mayoría, que recurren al aborto en condiciones antihigiénicas. En cifras divulgadas por una instancia conocedora de la dinámica demográfica como es el Consejo Nacional de Población (Conapo) se establece que anualmente -según datos dados a conocer en 2004- en México se efectúan 200 mil abortos inducidos o no, cifra que de acuerdo a investigaciones independientes podrían ascender al orden de un millón, en la entidad, alrededor de 700 mujeres mueren a causa de un aborto mal practicado. El propio derechista titular de la Secretaría de Salud reconoce que la práctica clandestina de abortos provoca la muerte de decenas de mujeres. La terquedad de los datos de la realidad obliga a tomar decisiones que protejan la vida de miles de mujeres que más allá de creencias religiosas recurren al aborto por diversas razones, en estricto sentido violando la ley.
El alto clero católico por lo demás guarda silencio cómplice con respecto a disposiciones del derecho canónico que los rige como la llamada taxa camarae, referida recientemente por el abogado constitucionalista Elisur Arteaga en los siguientes términos: «En un documento que todavía no ha sido derogado (taxa camarae), y que promulgó un Papa en el siglo XVI, la Iglesia permite y absuelve a los ministros de culto que forniquen, tengan sexo con una virgen o incluso a los que solapen la práctica del aborto, previo pago de una multa» (La Jornada. 5 de abril de 2007). ¿Cuál es la autoridad de una Iglesia Católica que protege a individuos de la talla de Marcial Maciel acusado de pederastia y llevado a la santa sede por Juan Pablo II? A lo largo de la historia la Iglesia ha contado con los servicios de personajes pérfidos como César Borgia, un verdadero monumento a la bajeza humana, igual mandó a la hoguera a muchas mujeres «pecadoras» que estarían de nueva cuenta en pleno siglo XXI ante el riesgo de lapidación y quema si no fuera por las poderosas fuerzas que se oponen a que la Iglesia retorne al control de la vida civil de México.
El inmenso hipócrita Jorge Serrano Limón, furioso vocero de la ultraderecha católica tiene, como muchos de sus émulos, que explicar a los católicos mexicanos por qué gastó una buena cantidad de dinero en comprar tangas y plumas de lujo en lugar de dirigir sus variados y productivos esfuerzos financieros a causas que enaltecen a los cristianos de verdad.
Como el debate sobre el tema del aborto abrió las heridas de las luchas del siglo XIX por la separación de la Iglesia y el Estado en un momento en que la ultraderecha mexicana intenta imponer de nuevo el oscurantismo al pueblo de México, es conveniente acudir al expediente de la información y el debate a la luz de los hechos. Los mexicanos de este siglo no podemos permitir el regreso a tiempos en que reinaba la ignorancia y el fanatismo.