Opinión

MORELIA
Cínicos y sinvergüenzas empresarios
Millones de mexicanos sobreviven con el equivalente a dos dólares diarios, mientras el magnate Carlos Slim logra ganancias en tan sólo cuatro meses de más de cuatro mil millones de dólares
Juan Pérez Medina Jueves 19 de Abril de 2007
A- A A+

Alguien me dijo que por qué continuaba escribiendo en contra del gobierno de Fecal y su partido de derecha el PAN. Que por qué continuaba en el
movimiento de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) si la elección ya había terminado y era hora de dejar que Fecal gobernara en paz. He intentado explicarle mis razones con datos fidedignos acerca de lo que se jugaba en la elección de julio pasado y que si bien terminó la coyuntura electoral, no ha terminado la resistencia a las políticas hambreadoras que la derecha viene desarrollando. Que estamos en un momento en que la resistencia debe ampliarse y profundizarse, ya que con el triunfo electoral tan cuestionado de la derecha panista, confesional y pro oligárquica, ésta se encuentra en un momento de voraz soberbia, envalentonada y dispuesta por ello, a avanzar en sus intenciones de privatizarlo todo, de negar derechos fundamentales a los trabajadores y sus familias y de cargar aún más en el lomo de éstos, las grandes y descaradas ganancias mal habidas e inmorales que han venido obteniendo a lo largo de estos años los más ricos, que se dicen los más decentes.
Últimamente le expliqué que la lucha que miles mantenemos contra los neoliberales y su gobierno tiene razón en los más de 50 millones de mexicanos sumidos en la pobreza y los más de dos millones que lograron cruzar la frontera estadounidense ante la falta de expectativa en nuestro país; en contrapartida con un puñado de ricos, pero muy ricos.... ¡Escandalosamente ricos!, que lograban obtener ganancias increíbles y vivir en la holganza perniciosa y funesta.
Caras nos cuestan y nos han costado a todos los trabajadores de este país las inmensas fortunas de estos sinvergüenzas que nos gobiernan con tanta inequidad y antidemocracia. Cuando brota una nueva fortuna, miles de trabajadores pasan a engrosar las listas de la pobreza. La condición de crear, mantener y acrecentar las grandes riquezas de algunos pasa obligadamente por el hurto del trabajo de miles. Pero ese hurto es legal porque los muertos de hambre no tienen igual condición ante las instituciones del Estado. Porque para los poderosos sólo existe la ley en los bueyes de mi compadre. Hay muchos lugares en que las personas más pobres valen menos que nada. De hecho, su condición de pobreza les quita la posibilidad de ser consideradas personas cabales.
Según datos del INEGI, en nuestro país viven más de once millones de mexicanos con menos de 1.5 salarios mínimos, cuando para comprar la canasta básica se requieren 430 pesos. Millones de mexicanos sobreviven con el equivalente a dos dólares diarios, mientras el magnate Carlos Slim logra ganancias en tan sólo cuatro meses de más de cuatro mil millones de dólares; pero a pesar de ello, sus trabajadores están a punto de sufrir la disminución de sus prestaciones en materia de seguridad social como producto de la negociación de sus representantes sindicales. No, no es suficiente la ganancia insultante alcanzada a costa del trabajo de miles; es necesario todavía ganar más, sin importar que ello signifique mayor explotación.
Se ha demostrado con creces que son los trabajadores de este país los que mantienen al mismo funcionando a pesar del saqueo incesante que de muchas maneras realizan los más poderosos bajo el amparo del gobierno, que por cierto es «su» gobierno. Son aquellos los que producen los bienes que generan la riqueza, que luego bajo formas jurídicas y económicas desleales y tramposas se acumula en fortunas que van creciendo paulatinamente, en la medida en que más dinero se tiene y con ello más poder. Todo el entramado jurídico de nuestro país está construido para recrear la desigualdad y favorecer a los más poderosos.
Los dueños del dinero han sido y son también los dueños del Estado y sus instituciones. Si de pronto algún ingenuo acaba creyendo que algunos de los conceptos marcados en la ley deben aplicarse de manera estricta, entonces los poderosos se encargan de comprar su silencio, ya sea corrompiendo o mandando asesinar o encarcelar, que para eso están «las fuerzas del orden». Se hace lo que ellos dicen no lo que parece que se debe hacer. El dinero es el gran corruptor. Fue la acumulación de la riqueza la que pervirtió a las grandes sociedades y las llevó a la intolerancia y a su decadencia.
Es claro que cuando los grandes ladrones intentan justificar su despilfarradora vida, diciendo que los pobres lo son porque en esencia son flojos, ineptos, vagos y ladrones, lo que en verdad dicen es todo lo contrario. Cientos de fortunas se han construido al amparo de la violencia y la corrupción. Los grandes ricos lo son como producto de negocios poco éticos y bajo el amparo de un estado corruptor y violento. Ahora, en estos días, se sabe que muchas fortunas están vinculadas al narcotráfico o a la protección y amparo del hampa, con la colaboración descarada del gobierno.
Los trabajadores hemos sido hasta hoy los grandes perdedores. ¿Quién no va a ganar cuando la ley le permite pagar a los trabajadores mucho menos que lo que producen con su trabajo? ¿Quién no va a ganar, cuando además de ello puede deducir, evadir o hacer que le regresen los impuestos que ha pagado al fisco? Se sabe hoy que los grandes consorcios que apoyaron con cuantiosos recursos al candidato de la derecha Fecal, como: Bimbo, Kimberly Clark, Wal-Mart, Televisa. Telmex, Cemex (Cementos Mexicanos), Grupo México (empresa minera), IMSA (Industrias Monterrey) y el cervecero Grupo Modelo, entre otras, deben al fisco todo lo correspondiente al 2006, sumando entre todos ellos la friolera suma de poco más de 140 mil millones de pesos; y solamente 16 de esas grandes empresas le adeudan al fisco casi 105 mil millones de pesos.
El total de los impuestos diferidos el año pasado por estas empresas corresponden al 57 por ciento de sus ganancias netas, y como consecuencia, dichas utilidades en ese año 2006 ascendieron a 187 mil millones de pesos, utilidades que comparadas con las que obtuvieron en el 2005, es prácticamente 21 por ciento más. Esto demuestra la complacencia del gobierno panista de Fox, de otorgar demasiadas facilidades a los grandes consorcios de la oligarquía ligada al poder, para solapar sus obligaciones fiscales, y evitar que paguen sus impuestos correspondientes. En lo opuesto, las micros, pequeñas y medianas empresas, son atosigadas y perseguidas cuando no cumplen con sus obligaciones fiscales, o cuando cometen errores contables, sacrificando sus exiguas ganancias con elevadas multas y recargos, que dejan a estos sectores en situaciones de franca quiebra.
No contentos con esta «ayudadita» de perdonarles el pago de sus «sagrados» impuestos, se presenta otra forma de apoyo (como si no tuvieran suficiente), que consiste en la devolución de otros miles de millones de pesos por concepto de Impuesto al Valor Agregado (IVA), que al menos este año, dicho privilegio fue notoriamente exagerado. El siguiente dato demuestra cómo el anterior gobierno de derecha panista se congratulaba con los grandes empresarios, otorgándoles muchas canonjías y privilegios. Durante ese sexenio del cinismo, el gobierno devolvió alrededor del quince por ciento de la recaudación efectiva, a los dueños de las principales empresas del país, es decir, cerca de 300 mil millones de pesos, lo que equivale a casi el 90 por ciento de las aportaciones totales de la Federación en el presupuesto educativo autorizado en el mismo año. Esta situación exageradamente ventajosa para los grandes empresarios, hizo que el senador perredista Ricardo Monreal declarara: «Es una vergüenza que quienes tienen ganancias por arriba de los 500 millones de pesos anuales paguen impuestos por el mismo periodo de sólo 67 pesos». Y así tiene el descaro de anunciarnos en la tele que tenemos la obligación de cuidarles las empresas.
La aseveración del presidente de la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados acerca de que la devolución de muchos miles de millones de pesos por concepto de IVA a las grandes empresas de México, es «un acto legal, pero inmoral», es insuficiente e incorrecta; pues lo cierto es que leyes fiscales, y en lo general las leyes del país, están diseñadas para favorecer a las grandes empresas y a los dueños del dinero y exprimir hasta donde se pueda a las pequeñas empresas y a los trabajadores, quienes nunca se escapan de pagar hasta lo que no deben de pagar. Cualquier acción que sugiera rehusarse de sus «obligaciones» fiscales, lo pueden pagar hasta con la cárcel; con lo que se concluye que las leyes actuales no sólo son antidemocráticas, sino también éticamente inhumanas e indignas. Son leyes que permiten robar.
Este cinismo, esta desvergüenza y esta impunidad rapaz han sido pieza fundamental del discurso de denuncia del presidente legítimo a todo lo largo y ancho del territorio nacional, al igual que lo vienen haciendo otros ciudadanos ante la opinión pública. Recordemos lo del cuñado de Fecal: Hildebrando; lo del autopréstamo que el propio Fecal se hizo cuando fue director de Banobras; los negocios sucios que los hijos de Marta Sahagún hicieron al amparo del poder y con el tráfico de influencias; las toallas de muchos miles de pesos que se adquirieron para la casa presidencial en la recta inicial de la administración foxista; la adquisición de los costosísimos colchones en miles de dólares, para la embajada mexicana en Washington; el dispendio que de manera continua ejerció la «primera dama» a costa de erario público; el exceso del uso de los dineros del pueblo, para pagarse una propaganda que favoreció de forma contundente al candidato del PAN y denostó al candidato de la izquierda; el tráfico de influencias que permite inmorales privilegios a las minoritarias élites empresariales; el uso faccioso de las instituciones, para solapar, engañar, distorsionar y dividir al pueblo; el quebranto de poco más de 850 millones de pesos al Fondo de Desastres Naturales (Fonden), siendo coordinadora general de Protección Civil la señora Carmen Segura Rangel, a quien en lugar de investigarla, la premiaron con una diputación local, por supuesto que en el PAN; el trabajo parcial, sucio y faccioso del Instituto Federal Electoral (IFE), del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), de la Suprema Corte de (in)Justicia de la Nación (SCJN), de la Procuraduría General de la República (PGR), de la Presidencia de la República, sólo por mencionar algunos casos de una larguísima cadena de impunidades que de manera inmoral han realizado la nefasta derecha (PAN, Fecal, el Yunque, la oligarquía criolla, la retrógrada cúpula de la Iglesia Católica) y demás entes dispuestos a condescender en sus oscuros y tenebrosos intereses.
La imposición de las reformas a la Ley del ISSSTE, que en nada benefician a los trabajadores al servicio del Estado y por el contrario, los sume en un futuro incierto; la presunta violación hecha por militares de la indígena sexagenaria Ernestina Ascencio Rosario, de la Sierra de Zongolica, Veracruz; la pérdida de credibilidad del presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, José Luis Soberanes Fernández; la probable llegada en breve de la reforma fiscal que pretende gravar medicinas y alimentos para que los pobres paguen más impuestos a favor de la voracidad de los poderosos, a quienes no les tocarán ni un solo pelo; la iniciativa de ley para la Reforma del Estado, donde seguramente se continuarán despedazando los derechos laborales, civiles y humanos de la gran mayoría de los trabajadores, la intención de privatizar los recursos energéticos y la privatización incesante de la educación pública, son razones suficientes para mantener la resistencia y la denuncia permanente. Son las razones que nos mueven y nos mantienen en la actual actitud. No valen las aseveraciones de que con todo pasa lo mismo. No valen los argumentos de que todos evaden los impuestos, por lo que nada hay que hacer. Nada vale que no sea la necesidad de cambiar las cosas, de cambiar el país, para salvarlo, para salvarnos todos. No asumimos esta actitud sólo por estar molestando, sino para resistir, para denunciar, para cambiar de verdad. Para eso y por eso asumimos esta actitud.