Opinión

MORELIA
El balance foxista en materia de educación
El Plan Nacional de Educación del foxismo se dedicó en todo momento a atender con atingencia lo que se planteó realizar en los seis años, aunque no podríamos decir lo mismo acerca de lo eficaz de sus acciones
Juan Pérez Medina Jueves 28 de Junio de 2007
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Parte 2

Los docentes en general tuvieron un mal sexenio con la derecha panista en relación a la mejora de las percepciones salariales. Del 2000 al 2006 el sa-
lario básico de los maestros pasó de 4.03 a 4.60 salarios mínimos generales1; lo que significó un incremento en términos reales de apenas 0.57 salarios mínimos en seis años, equivalente a 22.50 pesos en promedio. Comparados con las percepciones de los docentes de los países que integran la OCDE, los maestros mexicanos realizan su labor en condiciones de precariedad muy evidentes, pues mientras el salario base del docente de educación básica en nuestro país es de alrededor de seis mil 200 pesos mensuales, en Estados Unidos es de más de 25 mil y en España de más de 20 mil pesos.
Los resultados educativos, a pesar de los datos presentados en el último Informe de Gobierno, no son nada alentadores y, por el contrario, podrían presentarse como un fracaso. De acuerdo con los datos aportados por la evaluación realizada por PISA, los alumnos mexicanos (después de 30 años de neoliberalismo y más de 20 de aplicación del modelo educativo neoliberal) muestran un rezago enorme con respecto a otros países miembros de la OCDE. Tan sólo en el área de matemáticas, mientras que la media en cuanto al porcentaje de alumnos de competencia elevada, en el año de 2003, fue de 14.7, en nuestro país fue apenas de 0.4 por ciento2, con lo que se demuestra el tamaño del fracaso en cuanto a la enunciada estrategia gubernamental en la materia, acerca de la tan manoseada búsqueda de la «calidad». Lo anterior echa por tierra los datos presentados por la derecha en su primer gobierno sexenal y los presenta más como una justificación que como un verdadero logro.
A pesar de lo evidente de los resultados educativos, el gobierno no reconoce el fracaso de su estrategia, cuando por otro lado intenta endosar a los maestros la factura de sus magros alcances.
Efectivamente, los docentes que en el discurso son ensalzados como el factor principal para emprender y realizar la reforma educativa neoliberal, al mismo tiempo son acusados de ser la principal dificultad para implementarla. Según los expertos orgánicos institucionales, la experiencia y la historia de los maestros representan un lastre que les impide adecuarse a los requerimientos de la competitividad y la eficacia/eficiencia de la enseñanza. Lo que el SNTE llamó hace ya más de dos décadas «el perfil del desempeño» no es otra cosa que la exigencia del capital para que los docentes se «profesionalicen» y acepten (por las buenas o por obligación) la permanente «actualización», como mecanismo para inducir la nueva visión educativa y establecer en cada uno de ellos su nuevo rol de «administradores» de paquetes pedagógicos elaborados por los «expertos» de la SEP y las editoriales. Con ello, el docente pierde cotidianamente la posibilidad de opinar y decidir sobre objetivos, contenidos, metodología; y no se diga acerca de la sola expectativa de generar espacios colectivos de reflexión sobre su propia práctica. Eso explica y justifica la creación y permanencia del Pronap y el programa de Carrera Magisterial; desde donde se pretende fundamentar la exigencia para garantizar la asistencia a los cursos oficiales por la incapacidad y obsolescencia de los saberes de maestros y profesores. «El currículo oculto de esta propuesta parece bien distinto: sumergir a los docentes en una vertiginosa dinámica de pluriempleo y capacitación sin tiempo para respirar, dormir, estudiar y menos aún pensar constituye el más efectivo reaseguro para descalificar la tarea de enseñar»3.
Con el denominado «perfil de desempeño» (frase acuñada por la cacique magisterial Elba Esther Gordillo Morales en el sexenio de Ernesto Zedillo), el foxismo intentó desarrollar una nueva lógica en el desarrollo de la práctica docente, en la cual el maestro desarrollara más labores de conductor, de coordinador de la actividad educativa en el aula, bajo la conceptualización de que en ella como en la vida, las oportunidades para aprender y desarrollarse son iguales para todos y, por tanto, el que unos destaquen sobre otros será sólo consecuencia de su propio esfuerzo. En ello radica la visión irracional de que al aportar becas, éstas deben otorgarse bajo la exigencia de cierto patrón de desempeño escolar.
Las modificaciones en materia de contenidos estuvieron transversalmente influidas por la idea acerca del rol del docente propiciador, regulador de cierto ambiente escolar favorable para el desarrollo autónomo del alumno en el cual aprende los valores y las destrezas que se han establecido como necesarias para aceptar la vida en el mundo regulado por el capital y participar de ella en permanente competencia. Los propios contenidos educativos están elaborados de tal forma que el docente y el alumno (pero sobre todo el primero) no intenten explicarse el mundo bajo reglas sociales establecidas por la contradicción que genera la acumulación de la riqueza sino que, por el contrario, se pretende generar la visión positivista de que el desarrollo social se da de manera natural y se circunscribe a la posibilidad en donde cada sujeto se construye a sí mismo. En estas circunstancias, el gobierno foxista llevó a cabo la propuesta de reforma curricular en cuya esencia estableció los perfiles meritocráticos y mercantilistas de egreso, y la competitividad entre los alumnos para lograr alcanzarlos. Así, el neoliberalismo busca a toda costa y en contra de los hechos, consolidar su ideología entre las masas populares creando un «sentido común» neoliberal que vale decirlo: ha penetrado significativamente en el campo de las creencias populares. Esto no ha sido fortuito «sino el resultado de un proyecto tendiente a ‘manufacturar un consenso’, para utilizar la expresión de Noam Chomsky, y para lo cual se han destinado recursos multimillonarios y toda la tecnología mass-mediática de nuestro tiempo a los efectos de producir un duradero lavado de cerebro que permita la aplicación aceitada de las políticas promovidas por los capitalistas»4. No en balde, la derecha en todo el mundo, al igual que en México es votada en los procesos electorales de manera tan considerable por un importante sector popular del campo y la ciudad.
En todo el entramado de las modificaciones de los contenidos educativos ha sido una constante la tarea de imponer una visión del mundo única y hegemónica en donde la clase en el poder pretende recrearse con la consabida aceptación de las clases subalternas. Podría afirmarse, sin temor a equívocos, que la mayor victoria que espera la derecha es precisamente en el campo de la educación y la cultura; entendida la primera como medio y la segunda como un fin.
Aunque habría de destacar y acabar por aceptarlo que en este terreno, la educación neoliberal de construcción del consenso, se ha situado de manera estratégica en otros ámbitos y no ya sólo en el espacio escolar formalmente reconocido. En este sentido, los medios de comunicación electrónicos se han venido convirtiendo en prioritarios sustitutos de la labor educativa y vienen realizando muchas de las labores que le corresponden a la escuela que, finalmente, no deja de ser un espacio de resistencia e innovación. Eso explica el tan cacareado argumento de los neoliberales y sus «expertos» acerca de la necesidad de flexibilizar los contenidos educativos para despoblarlos -por decirlo de alguna manera- de la bastedad de información y hacerlos más «pertinentes» y asequibles al manejo de los alumnos vaciando de información los programas educativos. Aquí vale citar a Pablo Immen cuando afirma que en el momento en que las clases populares han logrado derribar el muro del acceso a cierto nivel de instrucción educativa masificándolo, entonces el capital se encarga de vaciarlo de contenido, para depositarlo en el siguiente nivel5. La impositiva reforma a la educación secundaria establecida por el gobierno panista ha basado parte importante de su justificación, precisamente en el argumento del excesivo enciclopedismo de los programas educativos anteriores.

(Endnotes)
1 Vicente Fox Quezada, VI Informe De Gobierno. Anexo. Página Web, SEP. 2006.
2 PISA, evaluación en lectura y matemáticas. 2003.
3 Idem
4 Gaudencio Frigotto, La ironía de la Historia, Educación y ciudadanía: retos para el siglo XXI, revista Horizonte Sindical, N° 10/11, octubre 1998.
5 Pablo Immen, El contexto neoconservador y las políticas educativas, Rebelión.org.