Opinión

MORELIA
La raíz del problema
Para mejorar el modelo educativo estatal es imperativo que Elba Esther Gordillo Morales deje en paz al sector en Michoacán
Juan Pérez Medina Jueves 2 de Agosto de 2007
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Elba Esther Gordillo Morales (EEG) ha sido un elemento fundamental en la problemática que aqueja a la educación pública en Michoacán. Desde
1989, cuando el Movimiento Democrático del Magisterio (MDM) irrumpió en la vida sindical de la Sección XVIII del SNTE, ella se encargó de desarrollar un plan de agresión contra la mayoría de los trabajadores de la educación en la entidad para debilitar el crecimiento de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y detener la insurgencia magisterial. En su papel de agente del Estado, durante los últimos 18 años ha intentado, sin lograrlo, acabar con la resistencia de un movimiento que, incluso, pone nerviosos hasta algunos sindicalistas y militantes de partidos de «izquierda», como ha venido ocurriendo con la mayoría del gabinete del actual gobierno. Para lograrlo, no ha escatimado en recursos, todos ellos ilícitos. Doblar a la Sección XVIII, dividirla, coptarla, ha sido su estrategia fundamental, pasando también por el uso de la represión.
En 1989, en contra de la voluntad mayoritaria, impuso una comisión ejecutiva ante la caída de Carlos Acosta Mora como secretario general, y meses después, impuso un Comité Ejecutivo Seccional espurio, con un secretario general espurio, que falto de legitimidad, anduvo escondido y a salto de mata ante la persecución permanente de los maestros y maestras. Hubo que montar la provocación como medida para ejercer la represión y, por esta vía, casi la totalidad de la dirigencia legítima de aquel entonces fue encarcelada. El cálculo fue equivocado -como todos los que al respecto se han hecho- y el magisterio estatal y nacional y las organizaciones del pueblo demandaron su libertad inmediata. Miles se movilizaron por el país y muchos más marcharon una y otra vez, sin descanso, hasta que no tuvieron más remedio que dejarlos libres.
La demanda fue -como lo es ahora- democracia sindical. Ya en 1994, de nueva cuenta el magisterio de la Sección XVIII obligó a la realización de un nuevo congreso estatutario en donde se demostró dignamente que la mayoría no estaba con la posición «charril» de EEG. El Congreso de referencia se realizó en febrero de 1995. Convocado para dos días, éste se alargó hasta diez ante la intransigencia de la cacique EEG. Pues al darse cuenta de que se encontraba en desventaja respecto al número de delegados, de manera deliberada alargó su duración mientras maniobraba de una y mil formas para socavar la mayoría democrática. Finalmente, acabó aceptando los hechos, no sin antes negociar para su causa, al margen del estatuto, una representación cuantiosa para sus esbirros. Porque habría que destacar que para ella el estatuto es un instrumento para aplicarse a sus adversarios, pero lo hecha por la borda cuando las condiciones no le favorecen.
Raúl Morón Orozco se convirtió en el primer secretario general de la Sección XVIII surgido del Movimiento Democrático, aglutinado en el Movimiento de Bases de los Trabajadores de la Educación de Michoacán (MBTEM). A pesar de contar con el reconocimiento estatutario, EEG intentó desarrollar una dirigencia paralela, encabezada por sus pupilos que lograron formar parte del Comité Ejecutivo Seccional (CES) como resultado de la negociación que impuso EEG a la mayoría democrática. Los maestros de Michoacán acabaron echando del CES a los «institucionales» y el movimiento acabó fortaleciéndose cuando en 1998 eligió su nueva representación, la cual me tocó presidir. Sin embargo, el plan siguió siendo el mismo. Desde la D-III-6, delegación sindical que integra a los trabajadores de oficinas centrales, se montó la nueva ofensiva; esta vez encabezada por el mercenario Juan Manuel Macedo Negrete, quien desprovisto de posibilidades entre las bases magisteriales por su comportamiento ajeno a los principios del movimiento magisterial y a los objetivos del mismo, se encargó de jugar el nuevo rol de la división al interior de la Sección XVIII y de su representación legal y legítima, sobre todo. Conjuntamente con lo que a EEG le quedaba en Michoacán; un puñado de grupúsculos que juntos nunca llegaron a representar ni el 20 por ciento del magisterio, formaron un frente de provocación que llevó al SNTE de EEG a exigir para ellos en el año 2000, cuando se terminaba la gestión del CES que me tocó encabezar, su integración a la comisión organizadora del Congreso de recambio seccional, que debía celebrarse en febrero de ese año.
Ante nuestra negativa, EEG decidió lanzar unilateralmente la convocatoria pensando que nosotros optaríamos por desconocerla y así poder realizar su «congresito» y legitimar a su pequeño grupúsculo de provocadores. Pero el acuerdo de los trabajadores de la educación fue enfrentar la elección aun con esas triquiñuelas y derrotar a EEG y sus testaferros en el marco de su propia estrategia; lo que terminó orillando a EEG a tomar la determinación de invalidar el Congreso y desconocer al CES que yo representaba en ese momento. Desde entonces, el magisterio michoacano determinó desconocer de igual manera a la dirigencia formal del SNTE y, sobre todo a su líder real EEG; quien con el auspicio de la administración actual del gobierno del estado realizó meses después elecciones por urnas, al margen del estatuto y sin la participación de la inmensa mayoría del magisterio michoacano, para entronizar a su actual monigote como usurpador representante de la Sección XVIII y que ahora será diputado local del derechista Partido Acción Nacional (PAN). Así, desde el año 2002, el mercenario de Juan Manuel Macedo se mantiene como el responsable de la división entre los trabajadores de la Sección XVIII y representante legítimo de la cacique EEG en Michoacán. EEG ha sido desde su llegada el principal enemigo de la educación pública en el país. El daño hecho al sistema educativo ha sido registrado por propios y extraños y, sobre todo, por aquellos intelectuales orgánicos de los gobierno neoliberales de los últimos 30 años. Esto, sin embargo, no ha sido razón suficiente para que los gobiernos en turno –priístas primero, panistas después- no hayan aceptado aliarse con ella, para garantizar su ascenso al poder, como ocurrió con Salinas de Gortari primero y después con los Fox y, de manera más que cínica y descarada con «el peloncito de lentes»: Fecal. De ahí se deriva y explica la actual alianza del Panal con el PAN para las elecciones de noviembre próximo y de la que se desprende la diputación entregada al mercenario de Macedo por el mercenario del Chavo López. Sin principios, ni uno ni otro, hay razones de sobra para entender la alianza, como la que hubo en el 2006.
El gobierno actual y los maestros democráticos echamos por tierra una gran oportunidad para convertir a la entidad en un espacio de verdadera defensa de la educación pública. El gabinete que se conformó alrededor de Lázaro Cárdenas Batel se compactó para denostar a la Sección XVIII y su dirigencia quienes, apenas antes de la elección en donde aquél fue electo, eran considerados, no sólo útiles, sino necesarios. La animadversión de los funcionarios del gobierno pesó en el diseño de la relación con los maestros y finalmente impusieron su visión obtusa que desencadenó la confrontación, prácticamente, en los primeros meses de iniciada la gestión. Con ello, la suerte fue echada y, aunque después de dado el palo, se intentó recomponer las cosas, lo único que se logró fue pervertir aún más una relación que desde el principio debió haber sido de respeto, transparente y, sobre todo, de compromisos con la educación pública.
Michoacán no tiene una buena educación. Lo que significa que, de alguna manera, todos hemos hecho mal las cosas. El intentar culpar sólo a los demás sería, además de erróneo, irresponsable. Sin embargo es indudable que para caminar en los próximos años por el camino correcto, es indispensable que la siguiente administración asuma como principio la tarea de exigir a EEG que deje en paz a la entidad y permita que los maestros michoacanos resuelvan sus asuntos en el marco de su propio derecho a elegir libremente y sin presiones o manipulaciones. Es necesario que se reconozca a la mayoría y que las aportaciones de los miembros de la Sección XVIII se queden mayoritariamente con quien los representa y no se vayan a engordar las arcas de EEG, como ha sido hasta hoy. Con ello se estaría dando un paso fundamental en la restauración adecuada de la relación con la Sección XVIII, que tendría singular importancia para establecer desde otra perspectiva compromisos serios y trascendentes a favor de los niños y jóvenes de la entidad, los cuales, sin duda alguna, deberán ser prioritarios para unos y otros. Garantizar su derecho universal a una educación de calidad y verdaderamente humanizada deberá ser el principal reto del gobierno y la causa fundamental del magisterio. Salir del ostracismo en donde estamos será para todo el pueblo -y sobre todo para los más desamparados-, la prueba más palpable del espíritu de cambio verdaderamente popular de los maestros michoacanos. Habrá que ver cómo se comportan los actores principales en los días por venir. Ojalá y sea para el bien de todos los que en la entidad lo reclaman y lo necesitan: los más pobres.