Opinión

MORELIA
VIVILLADAS
Violencia infantil, según Óscar Incarbone
Desde que el mundo es mundo, a los niños como a las mujeres les tocó la peor parte, ya que el concepto de niñez protegida es realmente muy reciente
Gilberto Vivanco González Viernes 3 de Agosto de 2007
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Un importante sociólogo argentino publicó un ensayo sobre la violencia infantil, tema que nos llamó la atención porque hace unos días
supimos de varios atracos que fueron cometidos por menores de edad, y desde siempre nos hemos dado cuenta de niños que, incluso bajo el efecto de alguna droga, son utilizados para robar, para pedir limosna o para trabajar y entregar sus ganancias a explotadores que pueden ser sus propios padres, o que de plano lo hacen por misma voluntad, principalmente con fines de subsistencia. Esto es lamentable, de ahí que consideramos valiosa la aportación que hace Óscar Incarabone:
Hablar de violencia infantil es referirse a un tema doloroso, es hablar de una lacra de la humanidad que -a pesar de innumerables esfuerzos, propósitos y programas- no puede ser erradicada. Una lacra aun peor que las pestes y las epidemias que, luego de más de cinco mil años de civilización y más de dos mil años de la era cristiana, siguen aquí en la tierra, aferrada y creciente. Una desgracia originada y mantenida exclusivamente por los seres humanos, lo que nos hace dudar de la validez de la palabra humanidad.
Desde que el mundo es mundo, a los niños como a las mujeres les tocó la peor parte, ya que el concepto de niñez protegida es realmente muy reciente.
Históricamente la niñez, desde siempre, fue avasallada y sus derechos conculcados o ignorados, temas que a veces desde la actividad física el deporte y la recreación se ven como lejanos.
La lista de padecimientos que les fueron y aún les son infligidos a los niños es interminable, además de ser cruel y escabrosa, y cuantas veces pasa cerca de nosotros la posibilidad de ayudar y no nos damos cuenta. Desinterés y abandono, miseria e ignorancia colaboraron para sostener este estado de cosas, además de pautas culturales permisivas o decididamente crueles, por lo menos vistas desde nuestro punto de vista latinoamericano con fuerte raíz europea.
La actitud de la humanidad respecto de la protección o desprotección de la niñez ha sido absolutamente pendular, y ha ido y aún sigue yendo desde la protección total que ofrecen los países escandinavos, hasta el abandono y la esclavización que imponen algunos países africanos.
En Inglaterra, cuna de la mayoría de los derechos humanos, los menores son civil y penalmente imputables a partir de los diez años.
Y esto tomó estado público a nivel mundial cuando, hace poco tiempo, dos menores de diez años, secuestraron en un shopping a un niño de dos años, y luego de torturarlo con extremo sadismo le quitaron la vida. Los niños asesinos fueron condenados judicialmente como si fuesen adultos y además recibieron la repulsa social de los ciudadanos, quienes aún hoy se oponen a la libertad condicional con que los victimarios fueron beneficiados.
En Brasil, por otra parte, los niños a partir de los ocho años de edad son considerados trabajadores legales y realizan aportes para su futura jubilación.
Al otro lado del mundo, en la India, los niños en verdaderas hordas mendigan por las calles y literalmente viven a la intemperie, en tanto que las familias más indigentes llegan a mutilar a uno de sus hijos, generalmente el menor, para que se arrastre, provoque más compasión y obtenga mayores limosnas.
En Etiopía, la desastrosa miseria hace que los niños mueran de inanición por miles cada día. Todos hemos visto con horror, en la televisión, a esos niños flaquísimos, casi esqueléticos, con sus vientres hinchados por el hambre y sus ojos enormemente abiertos al espanto y la desesperanza.
La situación de abandono, mendicidad y delincuencia infantil, lamentablemente, está en franco crecimiento. Y esto a pesar de los esfuerzos -reales o declamados- de las autoridades de turno a lo largo de varias décadas.
En el otro lado del péndulo podemos considerar la lamentable realidad actual, con padres que no se ocupan de sus hijos, con deficientes planes educativos, con insuficientes o inexistentes proyectos de contención, con creciente mendicidad, drogadicción, violencia y delincuencia.
Causas de la violencia infantil
Prosigue Incarbone: Como todos bien sabemos, las causas de este estado actual de cosas son diversas y las responsabilidades tienden a diluirse entre múltiples causalidades concurrentes. Tan sólo para que sirvan de ordenado recordatorio, repasaremos ahora las más mencionadas, sin que ello signifique que sean necesariamente legítimas o resulten más menos influyentes.
La pobreza estructural. Con hogares y barrios marginales donde los niños se crían casi solos, sin atención o amparo individual, prácticamente en las calles y expuestos, desde muy pequeños, a todo tipo de influencias perversas.
La alimentación deficiente. Producto de la pobreza o del abandono, los niños mal alimentados no desarrollan plenamente sus capacidades intelectuales y son más proclives a adoptar hábitos delincuenciales, además de contraer numerosas enfermedades.
La impiedad de los adultos. Quienes guiados por mezquinas ambiciones o por conductas perversas someten a los niños sexualmente o los explotan laboralmente convirtiéndolos en los nuevos sostenes de sus hogares. Los castigan, los abandonan y los inducen a delinquir e incluso a matar, aprovechando tenebrosamente su calidad de penalmente imputables.
La violencia intrafamiliar. Atribuye gran parte del comportamiento violento o delictivo del niño a la influencia directa que recibió de un hogar desavenido o desestructurado, en el que han imperado el desacuerdo, la grosería y la violencia entre sus componentes. Generalmente con padres golpeadores o alcohólicos que viven en condiciones precarias.
El abandono. En la actualidad se comprueba una nueva modalidad de abandono de los niños que no necesariamente tiene que ver con el desinterés o la falta de afecto, sino que se vincula con la necesidad de ambos padres de trabajar fuera del hogar, dejando a sus chicos solos y a su merced durante la mayor parte del día. Y también se deberá considerar ese otro abandono, voluntario y deseado, que los padres justifican diciendo que sus hijos «deben hacer su propia experiencia».
La influencia de los medios de comunicación masiva. La mayoría de las opiniones coincide en que los medios deben proteger a la niñez, absteniéndose de exhibir escenas de violencia extrema o de sexo explícito, por lo menos dentro de los horarios en que se supone que los menores están mayoritariamente presentes, porque los medios de comunicación, al promover la pornografía y la violencia, naturalizan un proceso peligroso al convertir a la morbosidad en una necesidad. Con sus imágenes violentas y pornográficas violan el derecho a la dignidad infantil, convirtiendo en normal una práctica que debería ser patológica. Hasta aquí la referencia.
Vivilladas recuerda que pueden existir otros factores de importancia, pero lo trascendente es buscar soluciones de verdadero impacto. Mientras no se combata la pobreza con programas efectivos, y en tanto la ignorancia y la marginación sean la constante en varios grupos sociales, la violencia infantil, tristemente, irá en aumento.
Habrá que tener presente que los pequeños deben vivir al cobijo del amor y la comprensión y, aunque parezca trillado, que «es necesario educar al niño… para no castigar al adulto».