Opinión

MORELIA
VIVILLADAS
La Feria… No tan peor
Contra lo que se ha dicho, la Feria no está mal; sólo hay algunos detalles que deben corregirse
Gilberto Vivanco González Viernes 28 de Septiembre de 2007
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Teníamos nuestras dudas para asistir al nuevo Recinto Ferial del estado. Las instalaciones, la organización, los espacios rentados, pero sobre todo el
lugar y la fecha causaron bastante polémica, al grado que los comentarios en general, que muchos fueron a priori (sin haberla visitado), no eran halagadores, no obstante nos armamos de valor y siendo honestos no pinta nada mal.
Es común que en las poblaciones dichos festejos se realicen en el centro del lugar, por lo que la gente está acostumbrada a no invertir mucho tiempo, dinero ni esfuerzo para darse una paseadita, disfrutar de la exhibición, darse una vuelta en la rueda de la fortuna o en el remolino y desde luego para echarse un taco de ojo. Amén de la trampas en que en ocasiones se cae en los famosos juegos de azar, donde por cierto el rey de éstos era la famosa bolita pero como era un reverendo fraude las autoridades, acertadamente, optaron por prohibirla; los aros, el ensartar rueditas en las botellas, el pescar peces con premio escondido y reventar globos dan un poco de oportunidad al concursante, aunque es conveniente darse a la idea de perder unos cuantos pesos, sin perder la ilusión de ganar. Todo sea por la diversión.
Pues bien, resulta que la cercanía espacial de dicho evento hace que la gente ponga el grito en el cielo cada vez que se habla de una reubicación de las instalaciones, sucedió en Zitácuaro, Zinapécuaro, Uruapan y por supuesto en Morelia, aún entendiendo que las condiciones actuales, tanto de visitantes como la influencia vehicular, no permiten sostener por tiempo indefinido el establecimiento. En la capital michoacana desde hace un buen tiempo se rumoraba que se cambiaría la sede y eran puras amenazas, hasta que la administración lazarista tomó la determinación de hacerla efectiva. Los terrenos fueron seleccionados prácticamente en el municipio de Charo, a varios minutos de la capital, como era de esperarse ahí fue el primer punto en contra, las quejas estuvieron a la orden del día, es bastante pesado para los que van en auto y mucho más para aquellos que no lo tienen.
De plano está un poco retirado pero la vía de acceso al nuevo recinto es bastante cómoda, pero eso sí, no podía faltar la metida de pata en cuanto a la conformación de carriles, ya que en un momento dado, cuando se va grato en la pista de doble carril, se reduce a uno por cada sentido y no existe señalamiento que invite a la precaución, de modo que si uno va rebasando por su izquierda pero de pronto se topa con cualquier autotransporte de frente y se quisiera frenar hasta con las uñas de los pies. Es un tramo corto porque más adelante se convierte de nuevo a cuatro carriles. Por fortuna en dos o tres días terminará la Feria y habrá tiempo suficiente para corregir tremenda equivocación.
Sin embargo los sustos no terminan ahí, al llegar al estacionamiento los pelos se ponen de punta y el hígado color verde al conocer el monto de la parkeada, como dicen los compas del norte, son nada más ni nada menos que 30 pesotes, ¡no hay que ser!, la empresa responsable hizo lo que se le dio su gana, lo más grave es que dicha compañía se enorgullece de tener la concesión en varias muestras del país. Nos pareció un precio exagerado, por lo que entendemos por qué tantos automovilistas prefieren dejar sus autos en lugares aledaños, aún conociendo los riesgos a los que se exponen. En esta cuestión si nos preguntamos ¿qué las autoridades no pudieron regular la cuota? ¿O de plano les valió una pura y dos con sal? Parece que fue así, y eso que son, según eso, un gobierno cercano a la gente.
Ya estamos adentro
A punto de entrar al circuito es necesario pagar cinco pesos para el acceso y recibir una leve manoseada por parte de los policías para evitar que introduzcan armas punzocortantes y de fuego; al inicio se observa imponente el Teatro del Pueblo, amplio y con una magnífica visibilidad desde cualquier ángulo, está bello el escenario y más de noche por el conjunto de luces que lo decoran; aunque no se escapan los espectadores de pasar sustos y no precisamente por lo feo que cantaron algunos artistas, sino del tremendo corto que se suscitó cuando el grupo Palomo estaba a todo lo que daba y tuvieron que evacuar a los asistentes… no vayamos a confundirlo con la amenaza de bomba tipo SEE.
El stand comercial, que es como siempre el más visitado, tiene buen espacio, pero como siempre ocurre, no hay mucha variación en los productos que muestran al público, es lo mismo de otros años. Podemos decir que se ganó extensión pero se perdió en la calidad de los expositores, mismos que ven cómo pasan los clientes, preguntan, se emocionan pero a la hora de la verdad muy pocos compran; los costos pagados a la administración de la Feria, en varios de ellos serán difíciles de recuperar.
El pabellón de las artesanías michoacanas, también muy vasto, es bastante visitado pero lamentablemente escasean los compradores; hay productos elaborados con suficiente talento artístico y creativo de las distintas regiones de la entidad, predominan en ella los muebles, las telas, adornos para el hogar y sin faltar los clásicos juguetes de madera. La exposición es indirectamente un homenaje al talento michoacano.
Los ayuntamientos están representados, como ha sucedido en las últimas emisiones, es una fusión de muestras gastronómica y artesanal; saboreamos un tequila y un mezcal que elaboran en Oponguio que está para chuparse los dedos y el limón con sal, varios nos pasamos pidiendo la prueba hasta dos o tres veces. No obstante lo rico y novedoso de lo ofrecido, las ventas son bajas. Este fenómeno comprueba que la situación económica de la mayoría de la gente no es halagadora. Ni modo, a la Feria se va con feria pero ¿y si no hay? Pues aunque sea sólo para ver comprar.
El anillo para la demostración de la raza equina es un bello detalle que causa admiración, alrededor se encuentran los caballos en exposición, mismos que hay de todos colores y olores, resaltan por su estampa un negro azabache como el del corrido y un blanco que ya lo hubiese querido el propio Napoleón o José Alfredo Jiménez. La plaza es muy agradable, tanto o igual que donde pusieron la exposición ganadera, además estos lugares están más limpios que los del recinto anterior.
Varios de los gerentes, del área gastronómica, se quejaron con Vivilladas por lo caro de la renta y porque no tenían listos los sanitarios de los restaurantes al momento de la entrega (los generales para asistentes son bastante accesibles), uno de ellos habló de 115 mil pesos por quincena y que mejor se iba a retirar para no pagar la otra y evitar más pérdidas, igual se desesperaban por la poca asistencia. Tenían razón porque salvo dos o tres días de tropel, por lo general estaban semidesiertos. Bueno, de esto mismo también reclamaron los señores de los juegos mecánicos, que la verdad sea dicha, pocas novedades trajeron, era pan con lo mismo.
El Recinto Ferial en general está muy bien, pero habrá que corregir varias anomalías: primero que regrese a mayo porque esta vez los asistentes, en varios días tuvieron que andar entre los charcos por causa de la lluvias (así anduvo Lázaro el día de la inauguración), revisar lo caro del estacionamiento, quitar los montones de tierra y grava que están esparcidos por doquier, ofrecer mayor seguridad en el libramiento que lleva a él, traer nuevas atracciones, promover más y mejores eventos culturales y deportivos y, por el amor de Dios, esta plaza es de categoría, por lo tanto es conveniente que la variedad en el palenque sea precisamente eso… variedad, para darle mejores opciones a la gente; ¡ah! Y el reclamo de siempre: que por respeto a los asistentes empiecen los artistas a la hora anunciada, tanto en el terreno donde juegan los gallos como en el Teatro del Pueblo, mismo que una vez más se llevó las palmas.
Bueno, en general podemos decir que la muestra general del estado, y unos que otros colados, está bien, que puede mejorar; en años próximos tendrá que superarse, deseando que la gente se vaya acostumbrando a desplazarse varios kilómetros para llegar a ella. Nosotros le ponemos una palomita, pero es nuestra opinión, recordemos que «cada quien platica como según… le vaya en la Feria».