Opinión

MORELIA
Mejor hablemos del Che
El Che, ese quijote universal que fue asesinado en Bolivia, el 9 de octubre de 1967, nace todos los días; emerge de la tierra como una plaga indestructible que amenaza siempre el orden mundial inhumano y antinatural que el capitalismo salvaje y depredador representa
Juan Pérez Medina Jueves 11 de Octubre de 2007
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Tengo muchas cosas de qué hablar. Hay tema para no acabar en más de un mes. Por ejemplo, podría continuar hablando del spot de Fecal en el que
insiste en negar que su gobierno es el culpable deliberado del alza de los precios que se han suscitado desde que se anunció que su partido, el PAN-Panal y su aliado, el PRI, habían decidido aprobar el alza a la gasolina. Y digo que se puede hablar de ello, porque es evidente que con su spot, Fecal no intenta informarnos de la determinación de suspender temporalmente (hasta diciembre), tan mencionado aumento, sino que de lo que se trata es de convencernos que él no fue el que impuso tal aumento a través de sus diputados y, además, trata de hacer ver que todos los diputados fueron los que actuaron en contra de la economía popular y no él, sin informar que los grupos parlamentarios del PT, PRD y Convergencia se opusieron desde el primer momento. Por eso lo insistente del spot y la omisión de quienes se negaron a aprobar el gasolinazo en la Cámara de Diputados. En Michoacán el tal spot viola la Ley Electoral, ya que dicho anuncio se da en el marco de una contienda electoral, donde el candidato del PAN es supuestamente beneficiado.
Pero podría hablar también de los esbirros de Elba Esther Gordillo Morales, que bajo el amparo de su franquicia electoral están operando en el estado a favor del candidato de Fecal, el Chavo López del PAN. Sabemos que ya está entre nosotros el sempiterno Jesús Ixta Serna, viejo charro sindical enquistado desde hace más de 30 años en el Comité Ejecutivo Nacional del SNTE, para encabezar con otros elementos como él la compra y coacción del voto de los michoacanos. Vienen pues, a ensuciar la elección y traen los millones de pesos que en calidad de cuotas le entregamos los maestros para su usufructo en lo que mejor le convenga, como es el caso. Son, por ahora, un pequeño grupo de operadores cuya tarea es la de preparar el terreno para la llegada en los próximos días de un contingente de miles, que con la ayuda del PAN se preparan para intentar comprar la voluntad ciudadana de muchos y muchas.
Se puede hablar también de los supuestos que motivan al PAN a solicitar a los ciudadanos que así lo deseen, a intercambiar con ellos una gorra, playera o alguna otra prenda de campaña «chavista», por su nombre, dirección y teléfono y, si se puede, hasta una copia de la credencial de elector. El domingo pasado en el Tianguis de Camelinas hasta traían una copiadora para sacarle copia a las credenciales de elector de quienes cayeran en tan perverso intercambio electorero.
Podría hablar de muchas cosas, entre ellas del delirio de persecución de monseñor Norberto Rivera Carrera, que para apaciguar las aguas sobre las acusaciones que pesan en su contra por encubrir a curas pederastas, en el juicio que le siguen en una Corte de los Estados Unidos, ahora se convierte en acusador y fustiga en contra de sus víctimas y de quienes considera son los promotores de su desgracia en este país. O tal vez sea bueno hablar de la señora Marta Sahagún de Fox y sus delirios de grandeza; o del simple de Fox y su rancho, y recordar con ello aquella canción, que luego fue película de nombre: «Allá en el rancho grande».
Como ven, hay temas de este tipo para tratar casi como estrellas en el firmamento de octubre. Pero como hoy me parece que hay fechas que son inevitables para todo ser humano con convicciones; he decidido ir a una de ellas que se refiere a uno de los hombres más preclaros que dio el siglo XX y que por ello ya es universal, se trata del Che.
De ese hombre extraordinario que tenía 39 años cuando dejó de existir físicamente, y que había nacido en 1928, en Argentina, para morir a manos de sus captores asesinos el 9 de octubre de 1967 en un paraje de Bolivia, en donde hoy se ha instalado una estatua de más de cuatro metros en su memoria.
Desde entonces se convertiría en una leyenda revolucionaria y en un símbolo de la permanente transformación social y del ineludible compromiso con la justicia para el ser humano. Su corta existencia física contrasta, sin embargo, con la permanencia en el tiempo de su invaluable ejemplo que continúa inspirando la lucha en todo lugar en el que existe una injusticia. Él había dicho en la carta de despedida a sus hijos: «Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario». Sin duda el Che cumplió a cabalidad aquella recomendación paternal. Su entereza revolucionaria y la congruencia entre su acción y su pensamiento quedaron grabadas, para siempre, en la mente y el corazón de millones de seres humanos.
Su radicalidad y la férrea convicción que guió sus pasos a lo largo de su vida son motivo suficiente para que la referencia de su muerte sean ahora ignorados en los planteles escolares de Michoacán y de muchos lugares de México, no obstante hemos de insistir en la necesidad de que las nuevas generaciones ahora capturadas por el capitalismo neoliberal y sumidas, por ello, en un ambiente donde priva el egoísmo, la brutalidad y el consumismo conozcan la vida de un hombre limpio de cuyo ejemplo vale la pena aprender.
Ante todo el Che apelaba a la conciencia y a la moral como poderosas herramientas de transformación. Entendía que no era posible pensar en un mundo justo y humano si antes no se construía al hombre nuevo, un ser humano desprovisto de los vicios y las limitaciones de una sociedad basada en la explotación del hombre por el hombre. El surgimiento de este hombre nuevo tendría que formar parte del proceso de transformación revolucionaria del sistema de explotación capitalista. En la lucha por transformar la sociedad el hombre se transforma a sí mismo, sin embargo, la transformación es permanente, el hombre no cesa jamás de luchar por la transformación y por ello mantiene un estado de alerta constante, exigiendo a los demás el cumplimiento estricto de los deberes exactamente en la misma proporción en que se los exige a sí mismo. Un hombre así formado se elevaría hasta el grado de alcanzar la verdadera humanidad concibiendo y practicando el trabajo no como una carga sino como una satisfacción, procurando el bienestar de los demás antes que el suyo propio. Una tarea difícil, casi titánica, en un mundo como el nuestro en el que la conducta cotidiana se rige por el principio de «primero mis dientes que mis parientes», aunque es la vía más sólida para abandonar los comportamientos que están destruyendo la vida social y natural y poniendo en peligro la propia preservación del género humano.
El Che, ese quijote universal que fue asesinado en Bolivia, el 9 de octubre de 1967, nace todos los días; emerge de la tierra como una plaga indestructible que amenaza siempre el orden mundial inhumano y antinatural que el capitalismo salvaje y depredador representa. Cada vez que se le quiere olvidar, que se le trata de enterrar surge por miles y se disemina por el mundo. El Che, el mejor sinónimo de rebeldía, cabalga ahora entre nosotros para recordarnos nuestro compromiso con la humanidad y el mundo; y para mostrar a los representantes del imperio, que otro mundo es posible.
Estas letras son un pequeño homenaje al comandante Ernesto Guevara de la Serna, al Che, a la rebeldía, a los jóvenes, a las paredes llenas de letreros que lo anuncian, a rastra que lo emula con la letra de sus canciones, al tatuaje de la foto de Korda en la nalga de una niña linda; a los conspiradores y a los que sueñan hoy con un mundo de hermanos donde haya pan que ofrendarnos. Este homenaje es también para aquel hombre que comentara Paco Ignacio Taibo II, que vende carteles en una de las calles de Bogotá y que decía: por cada cartel de Cristo vendo 30 del Che. Al diablo con Fecal, el PAN-Panal, Gordillo y Fox. Ahora es tiempo de hablar del Che y no de miserias humanas.
PD. Al Che lo parió la Revolución Cubana, esa Revolución, toda bondad, que con sus médicos acaba de volverle la vista al hombre que hace 40 años lo asesinara.