Opinión

MORELIA
Plan México, soberanía perdida
El gobierno de Estados Unidos alega que la «ayuda» militar asignada al gobierno mexicano forma parte del combate al narcotráfico y el terrorismo, los nuevos pretextos para continuar interviniendo en otras naciones luego que se desvaneció el pretexto de la lucha contra «la subversión comunista»
Juan Pérez Medina Jueves 18 de Octubre de 2007
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Las negociaciones secretas que el gobierno de FeCal mantiene con el gobierno imperialista que preside el neonazi George Bush son el preludio de la entrega
completa de la soberanía nacional. No son cuentos de vaqueros, más bien son los planes de los vaqueros tejanos para ocupar en un tiempo futuro el territorio mexicano con tropas del Ejército gringo. ¿Usted piensa que exageramos? Pues créame que no. Recomiendo para información puntual sobre el tema el artículo firmado por el investigador de la UNAM John Saxe Fernández, aparecido en el diario La Jornada el día 11 de octubre de 2007, titulado «La entrega de todo México», es una magnífica ventana que permite asomarse un poco más allá de las apariencias, a los tenebrosos planes intervencionistas que el imperio tiene para México. Resumidamente refiere el investigador que desde 2002 el gobierno de Fox entonces y el de Calderón hoy «trabajan» a plena satisfacción de los representantes del imperio en los planes anexionistas que Estados Unidos tiene para México, de manera específica la integración al Comando Norte (North Com) auspiciado por Ronald Rumsfeld, el halcón ex secretario de Defensa del gobierno estadounidense. En suma se trata de una bien calculada estrategia imperialista consentida y promovida por el gobierno de Fecal, al parecer sumamente necesitado de llevar a fondo el proyecto de anexión de México a Estados Unidos, labor en la que avanzó con bastante consistencia el gobierno de Fox, el ranchero bocón e ignorante, prototipo de la derecha mexicana y empleado de los Bush.
A propósito del tema y a tono con la estrategia de ocupación el gobierno avanza con el llamado Plan México, un engendro similar en cuerpo y alma al Plan Colombia. La magnitud de este plan no ha sido suficientemente apreciada por el común de los mexicanos, comprende un paquete de «ayuda militar» del gobierno de Estados Unidos. En estos «paquetes» se filtran el espionaje, la intervención en los asuntos internos del país «ayudado» y los planes concretos de invasión, de considerarse necesario. Los vínculos generados por todo el proceso de asesoría, provisión de partes de vehículos militares terrestres o aéreos según sea el caso y el conocimiento cercano de los cuerpos militares y policíacos que reciben la «ayuda», crean una trama de relaciones que constituyen, al decir de los especialistas, un instrumento de diplomacia imperial basado en la dependencia de los asesores militares y proveedores. Si el gobierno recibe helicópteros, radares u otros equipos seguramente necesitará refacciones y asesoría para su operación, lo que desarrolla una fuerte dependencia técnica y humana de las empresas proveedoras. Un caso conocido internacionalmente por la magnitud del escándalo que generó fue el de los sobornos de la empresa Lockeed, fabricante de aviones militares, emblemática corporación del complejo militar industrial, la que ha realizado jugosos negocios en América del Sur participando activamente en la política interior de numerosas naciones, Lockeed, asidua del soborno a gobiernos militares y «democráticos» puso al descubierto que la práctica de sobornar está asociada a los negocios militares. A través de ella el imperio compra voluntades, penetra estructuras gubernamentales y recibe miles de millones de dólares por contratos. ¿Por qué México tendría que ser la excepción?
El gobierno de Estados Unidos alega que la «ayuda» militar asignada al gobierno mexicano forma parte del combate al narcotráfico y el terrorismo, los nuevos pretextos para continuar interviniendo en otras naciones luego que se desvaneció el pretexto de la lucha contra «la subversión comunista» que azuzaron los halcones del Pentágono durante el periodo de la guerra fría. A falta de «enemigos» visibles el imperio inventa enemigos invisibles a los cuales combatir. Mientras los voceros imperiales parlotean acerca de los narcotraficantes y los terroristas, en los círculos financieros internacionales dominados por la banca de Estados Unidos y la Gran Bretaña se reciben miles de millones de dólares provenientes de la venta de drogas y armas en todo el mundo. La cima de la hipocresía.
Ponerse a jugar en el entramado de los intereses del Complejo Militar Industrial y los jefes del Pentágono estadounidense es, a no dudar, un juego peligroso. Muy lucrativo para los capitanes del negocio y letal para la independencia y soberanía nacionales. Si los más serios analistas del fenómeno del narcotráfico coinciden en señalar que la vía punitivo militar para combatir el problema ha resultado un absoluto fracaso, insistir en ella sólo puede tener otros propósitos, entre ellos y de manera sobresaliente, preparar una intervención con miras a saquear el petróleo, la electricidad, el agua y la abundante riqueza natural de nuestro país. Además, de pasada, asegurarse una mano de obra a precio de ganga.
Denunciar, detener y revertir los planes del imperio es una tarea central de los movimientos ciudadanos, sindicales y campesinos que conforman esa formidable fuerza llamada pueblo de México.