Opinión

MORELIA
Una victoria para reflexionar
La gran lección de la elección para el PRD es la que deja al descubierto su falta de organicidad interna. La escasa vida partidaria de sus militantes y la casi inexistente vida de los comités de base, que han sido sustituidos por la voracidad de los grupos y varios de sus más destacados representantes
Juan Pérez Medina Jueves 15 de Noviembre de 2007
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Finalmente, las predicciones se cumplieron. Leonel Godoy ha sido declarado gobernador electo como resultado de las elecciones del domingo 11 de
noviembre. Sin embargo, la distancia entre él y su más cercano adversario, el PAN-Panal, fue más corta de lo que muchos esperábamos y el PRD perdió terreno en bastiones en donde antes era casi impensable, como Maravatío o Apatzingán. Los distritos fueron distribuidos en once para el PRD, nueve para el PAN y cuatro para el PRI, que a su vez ganó la mayoría de los municipios. El PRI se quedó con facilidad con Morelia, Tacámbaro y Zitácuaro, en donde casi no tuvo contrincantes; y el PAN con Uruapan, Zamora, Los Reyes, La Piedad, Maravatío, Pátzcuaro, Sahuayo y Ciudad Hidalgo; mientras que el PRD con Lázaro Cárdenas, Apatzingán, Zacapu, Huetamo, Jiquilpan, Zinapécuaro y Puruándiro.
Si bien es cierto que el crecimiento del PAN tiene parte de su explicación en la presencia del gobierno federal en la elección y en que el usurpador Fecal es de este estado; además de la descarada guerra sucia que se implementó en contra de Leonel Godoy y en el uso indiscriminado de recursos públicos para coaccionar el voto, como quedó demostrado durante el día de la elección con la aprehensión de más de 100 operadores electorales; habría que destacar varias cuestiones que hacen del triunfo de Leonel Godoy un triunfo que le pertenece más al movimiento social y los ciudadanos sin partido que a los mismos perredistas.
Contrario a lo declarado por Leonel Cota Montaño, el domingo mismo después de cerrada la elección y una vez que se conocieron los resultados de los conteos rápidos, acerca de que el triunfo era producto del trabajo y la organización del PRD, habría que destacar que, por una parte, el candidato fue mucho más fuerte que el propio partido y el resto de las candidaturas, las cuales no ayudaron a jalar hacia arriba la campaña perredista y con muchos ocurrió todo lo contrario. Los hechos lo demuestran.
Por otra parte, habría que destacar la escasa operación política de la dirigencia estatal del partido, la cual fue incapaz de atender con energía y de manera estratégica la contienda y se dedicó a nadar de muertito durante todo el proceso, sobre todo en el proceso interno donde no atendió los conflictos que se generaron y que dejó divisiones que al final costaron demasiado.
Los desprendimientos más notorios ocurrieron en el PRD, en donde varios de sus militantes fueron a parar, incluso al propio PAN. En el caso de Morelia, algunos resentidos fueron a fortalecer al candidato del PRI y otros simplemente se abstuvieron.
Pero también, el resultado en varios ayuntamientos encuentra parte de su explicación en la forma tan mala en que se han desempeñado los gobiernos locales ante la gente y que con la elección los ciudadanos han cobrado factura a sus pobres resultados.
Cabe destacar la figura de Eloy Vargas, que es un asunto aparte en la contienda. Empezó prácticamente de cero y con un trabajo enjundioso logró posicionarse entre el electorado, demostrando que el PRD no se equivocó al postularlo aun a costa de la actitud de varios personajes de medio pelo que se consideraban herederos de una candidatura en la que nada tenían que hacer. Es necesario hacer este señalamiento positivo de entre los varios yerros que se generaron a la hora de tomar determinaciones importantes. Lo malo de su campaña fue lo pobre de los candidatos que lo acompañaron en fórmula, tanto en la de regidores como en la de las diputaciones distritales a los cuales se les vio poca capacidad para convencer y estimular la incorporación ciudadana a la campaña por Morelia.
Destacable ha sido la participación activa de los trabajadores de los sindicatos más representativos de la entidad, que de una u otra manera se sumaron a la contienda a favor de Leonel Godoy; claros de que el enemigo de los trabajadores es la derecha, quien ha llevado a los sindicatos y sus conquistas a zona de desastre y riesgo constante. Así, los trabajadores de la salud, de la educación, universitarios, del volante, comerciantes y muchos burócratas se sumaron con entereza desde un principio a la campaña en contra de la derecha, incluso mucho antes de que su dirigencia se manifestara, como ocurrió con los maestros democráticos, que como siempre, su dirección se incorporó cuando ya poco se podía hacer.
Sin embargo, cabe destacar al grupo de compañeros de la región Morelia, de Zitácuaro y la Ciénega de Chapala, quienes con organización y determinación se sumaron a las tareas de vigilancia del proceso y no permitieron la operación de los grupos del PAN y de Elba Esther el día de la contienda en esas demarcaciones.
La gran lección de la elección para el PRD es la que deja al descubierto su falta de organicidad interna. La escasa vida partidaria de sus militantes y la casi inexistente vida de los comités de base, que han sido sustituidos por la voracidad de los grupos y las actitudes autoritarias y caciquiles de varios de sus más destacados representantes.
Si esta es la lección más importante, entonces es al mismo tiempo la tarea más urgente. La reconstitución del partido es no sólo de extrema necesidad, sino que es la tarea fundamental, si avanzar en la construcción de una entidad verdaderamente democrática y justa se trata. Pero además, es indispensable porque en el marco del gobierno que viene a partir de febrero próximo, será estratégico contar con un partido ordenado, enraizado en todas las comunidades y actuante desde su trinchera. Sólo de esa forma podremos avanzar en las tareas que el gobierno de Leonel Godoy tiene por delante ante un estado tan polarizado y sin mayorías. Sólo así podremos contribuir de manera significativa en la reina de todas las contiendas que se librará en el 2012.