Opinión

MORELIA
El robo de la elección presidencial en México
Mientras AMLO y centenares de observadores independientes documentaron varios cientos de casos de fraude electoral como argumentos para reclamar el recuento de voto por voto y casilla por casilla, la mayoría de las estaciones de TV no quisieron divulgar las irregularidades que emergieron en la elección
Juan Pérez Medina Jueves 22 de Noviembre de 2007
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Se estrenó por fin la película de Luis Mandoki: Fraude 2006, en todo el país. Según nota del diario La Jornada, fue la más vista en el país el día de su estreno,
incluso compitiendo con otras grandes superproducciones norteamericanas. La cinta que es más bien un documental, narra la forma en cómo el Estado mexicano, los dueños del poder y del dinero y el gobierno de los Estados Unidos hicieron hasta lo imposible para impedir -como finalmente lo hicieron- el triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador en las elecciones del 2 de julio de 2006.
Ahí se documenta la abrumadora evidencia que revela un fraude masivo en contra de Andrés Manuel López Obrador; en una elección atravesada por los «errores aritméticos», un recuento insignificante y parcial que destapó la evidencia del abundante relleno de boletas robadas para favorecer la victoria del PAN, mientras los intereses de Estados Unidos vigilaban perceptiblemente el resultado de la elección.
Los periodistas Chuck Collins, Joshua Holland y Revolution Newspaper Collective de AlterNet/Revolution, mencionaron que «aunque ninguno de los dos candidatos tenía opción alguna para cooperar con la agenda de Estados Unidos, las diferencias más importantes entre ambos candidatos se relacionaron con la política energética, principalmente respecto a la privatización extranjera de las reservas mexicanas de petróleo y gas. Pese a que el sector de energía de México ya está penetrado profundamente por el capital de Estados Unidos, el gobierno mexicano posee y controla la industria del petróleo, con restricciones muy severas para cualquier inversión extranjera.
Petróleos Mexicanos (Pemex), la quinta compañía petrolera más grande del mundo, exporta el 80 por ciento de su producción a Estados Unidos. El 60 por ciento de sus réditos (30 mil millones de dólares por año) van actualmente al gobierno mexicano, en cuya contabilidad significan más de 40 por ciento de los ingresos anuales del Estado».
En junio de 2005, México firmó el acuerdo llamado Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de Norteamérica (ASPAN) con Canadá y Estados Unidos. La clave fue que este acuerdo estaría atado a quienquiera que resultara elegido presidente de México en las siguientes elecciones y el ASPAN incluye una garantía para satisfacer las necesidades energéticas del mercado de Estados Unidos, así como el acuerdo de forjar «una teoría común de seguridad», permitiendo que las medidas del ministerio de Seguridad de Estados Unidos sean puestas en ejecución en México.
Después, en noviembre de 2005, los candidatos presidenciales acudieron ante los miembros de la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Ciudad de México. Ahí les preguntaron si de ganar abrirían al sector de energía de México a la explotación de Estados Unidos.
Felipe Calderón (Fecal) recibió un resonante aplauso cuando contestó que él estaba a favor de la inversión privada en Pemex y de debilitar los sindicatos. También recibió aplausos cuando indicó que apoyaba el programa del trabajador huésped de George Bush y convino en que la frontera necesita ser asegurada o militarizada. López Obrador dijo que él no permitiría la inversión de capitales de riesgo en Pemex, pero añadió que otros sectores serían abiertos a la inversión. A los gringos les requetencantó Fecal.
De acuerdo con estos periodistas, violando el marco legal norteamericano, la campaña anti-Obrador que se ventiló en la TV mexicana fue diseñada por firmas y financiada ilegalmente por los consejos de grandes negocios que incluyeron a transnacionales como Wal-Mart y Halliburton. En Estados Unidos contrataron a los publicistas electorales Rob Allyn y Dick Morris, quienes diseñaron la campaña en que los medios fomentaron el miedo por Obrador, presentándolo como una amenaza socialista peligrosa a México por sus lazos con Chávez y Castro. De acuerdo con la Ley Electoral de nuestro país, esto es una ilegalidad. Pero los órganos encargados de cuidar y calificar la elección se pasaron por alto toda evidencia.
Se sabe, además, porque fue profusamente documentado y porque, también, el Tribunal Federal Electoral (Trife) lo reconoce entre sus conclusiones del dictamen, que erróneamente desechó los argumentos que presentó la coalición «Por el bien de todos» avalando el fraude, que Vicente Fox violó la Ley Electoral convirtiendo a AMLO en el centro de sus ataques y descalificaciones durante la campaña, a la vez que el PAN saturó ilegalmente las ondas radiales y televisivas con ataques subliminales en contra de López Obrador. De acuerdo con las leyes que nos rigen, la interferencia predominante de un partido en contra de un candidato es un crimen serio y argumento suficiente para anular una elección. Pero como se muestra en la cinta, eso nunca ocurrió y ni siquiera fue tomado en consideración, ni por el IFE de Carlos Ugalde, ni por el Trife a la hora de calificar la elección presidencial.
Mientras AMLO y centenares de observadores independientes documentaron varios cientos de casos de fraude electoral como argumentos para reclamar el recuento de voto por voto y casilla por casilla, la mayoría de las estaciones de TV no quisieron divulgar las irregularidades que emergieron en la elección. Días después, el diario The New York Times declaró irresponsablemente ganador a Fecal y Bush en persona lo llamó para felicitarlo por su «triunfo», aunque todavía no se había declarado a ningún vencedor de manera oficial. Lograron su efecto las campañas mediáticas ilegales combinadas con el fraude a gran escala.
De esto se desprende, que las fuerzas dominantes en Estados Unidos tuvieron una fuerte injerencia en la elección mexicana de 2006. Con lo que se concluye que Washington tiene futuro asegurado para trabajar con Fecal, que desde entonces prometió un control y una cooperación (represiva) más estrecha en todas las materias de interés para Estados Unidos, en un plan acelerado para poner México más directamente bajo el dominio de Washington, como se observa con la reciente firma del Plan Mérida, cuyo supuesto objetivo es el de brindar seguridad a los Estados Unidos ante posible amenaza de terrorismo en el territorio mexicano.
En la cinta de Luis Mandoki, se refleja con mayor nitidez toda la conjura que se urdió desde el poder para detener el triunfo de los pobres de México. Hay momentos que recrean el descaro y el cinismo de la clase política y económica; quienes sin pudor alguno asumen la consigna de burlar todo recato y toda legalidad en la tarea de lograr su objetivo. También se observa la extraordinaria jornada cívica del pueblo de México en la defensa de la dignidad burlada, con su fortaleza y voluntad encomiable y su envidiable capacidad para recrear su inventiva y expresar su enojo, bajo la tutela de un inquebrantable AMLO, que caminó por aguas turbulentas esquivando la represión que ya se tenía preparada desde el gobierno de México para los mexicanos. México se ha negado así a la elección democrática de un presidente que pudo haber contribuido a que América Latina se levante contra las agresivas políticas neoliberales de Estados Unidos.