Opinión

MORELIA
El espacio solidario
Independentistas de Puerto Rico exponen la necesidad de romper los hilos con Estados Unidos
Juan Pérez Medina Jueves 6 de Diciembre de 2007
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Compañeros del Movimiento Independentista de Puerto Rico me han pedido, al igual que a otros compañeros, la posibilidad de difundir entre nosotros los nombres de los hombres de carne y hueso que desde siempre y hasta hoy han venido luchando en pos de la independencia de Puerto Rico. Es, creo yo, lo menos que podemos hacer por este pueblo y estos extraordinarios latinoamericanos, a quienes en su difícil condición no les ha asaltado la duda cuando de luchar por los pueblos de este continente se ha tratado. A quien lo lea le pido fraternalmente que lo difunda. Ayudemos a romper el cerco en contra de los independentistas puertorriqueños. Nuestros hermanos.

-Este es el boletín cibernético del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano-Zona de Mayagüez. Dedicamos este boletín a cada uno de los integrantes de la antigua Junta Capa Prieto, que salio de Mayaguez, cruzando la cordillera a cumplir su cometido el 23 de septiembre de 1868 en el Grito de Lares.

Esta edición del boletín se la dedicamos con sumo orgullo mayaguezano a nuestro Juan Mari Bras, nacido en la calle San Rafael, del Barrio Salud de Mayaguez. Don Juan es nuestro faro de verticalidad, de dignidad, integridad y perseverancia. Un continuador digno de la lucha por nuestra independencia patria emprendida por los integrantes de la Junta Capa Prieto.

Vamos a dejar que su entrañable amigo le siga contando a todos quien es este boricua mayaguezano.

El nombre de la patria

http://www.claridadpuertorico.com/articulos/leer/el_nombre_de_la_patria

Ricardo Alarcón de Quesada

Desde que los primeros intrusos le impusieron el nombre, la historia de Puerto Rico es un desafío perenne a la imaginación. Ningún otro pueblo latinoamericano ha vivido nada semejante. Nunca alcanzó siquiera la soberanía formal y disminuida que para la mayoría de los demás cumple ya dos siglos.

Fue la primera colonia y lo es todavía, ahora la única, del imperio más poderoso de todos los tiempos. Su lucha por la independencia ha debido librarla siempre en una soledad casi absoluta y ha sido y es la pelea más desigual, prolongada y difícil que ha encarado nunca una nación de este continente.

Esa brega forjó a un pueblo admirable, con una asombrosa capacidad para resistir y salvar su cultura, su identidad y su orgullo nacional. Desde Betances y Hostos hasta Albizu Campos y Filiberto Ojeda y los héroes que sufrieron y sufren largos años de prisión en las peores cárceles imperiales, obligado a levantarse después de cada derrota y a empinarse sobre el dolor y la frustración, ese pueblo no ha cesado de parir gigantes.

De uno de ellos quiero hablar aquí. Se llama Juan Mari Bras y haberlo conocido, haber compartido con él horas inolvidables a lo largo de casi ya medio siglo, es uno de mis mayores privilegios, que guardo celosamente como lo hacen mi esposa y mi hija. Desde que la bisabuela entregó todas sus joyas a la causa de la guerra cubana contra el colonialismo mi familia no ha poseído ninguna.

Juan es un caso aparte. Juan es un diamante. Irreductible, nada ni nadie podrá jamás disolver ni desviar su profunda, luminosa y perseverante pasión puertorriqueña.

Desde que lo encontré en Maracay en la primavera de 1960 siempre ha sido el mismo. Tenaz, lucido, consecuente. Aferrado en todo momento a la causa de su pueblo y a la de Cuba y todos los que en cualquier rincón padezcan y luchen. Lo he visto muchas veces desde entonces. En Nueva York, año tras año, y en Cuba y en muchos parajes de este mundo adonde a mí me llevaban los quehaceres del Movimiento de Países No Alineados y a él su infatigable peregrinar por Puerto Rico.

Lo vi redactar resoluciones, lo escuché conmover en lo más hondo a los boricuas del Bronx, Manhattan y Long Island, lo aplaudí cuando ante atónitos jefes de Estado y cancilleres, alzó su voz para decir lo que tantos callaban, lo acompañé en tensas discusiones con diplomáticos que comprendían sus razones pero vacilaban ante las presiones del imperio. De estos últimos, recuerdo a muchos que me expresaron privadamente su respeto y admiración por Juan y su abnegada dedicación a una lucha que gracias a él ellos sabían justa y hermosa aunque no fueran capaces de acompañarla.

Cuando Mari Bras inició su larga batalla Estados Unidos estaba en el cenit de su poderío, era dueño de un continente, controlaba la ONU y se hacia obedecer en todas partes. Puerto Rico, aislada, necesitaba de hombres excepcionales, imprescindibles, capaces de pelear solos contra un imperio. Hombres como él. Su lucha abnegada recibe hoy el saludo de una América Latina que se transforma y libera en un proceso irreversible hacia un nuevo socialismo que tendrá la causa puertorriqueña como reclamo irrenunciable.

A su pueblo y a su patria Juan dio mucho. Les entregó todo. Su vida entera, día y noche, año tras año. Con su profesión y su talento pudo vivir cómodamente sin dificultades materiales, como muchos otros, pero no lo hizo. A Puerto Rico sacrificó su felicidad personal, su familia, su hijo entrañable asesinado vilmente y que todavía espera justicia.

Mucho le debo porque mucho de él aprendí. De sus conocimientos jurídicos, de su cultura y de su humanismo. Le debo sobre todo el amor a Puerto Rico, que me haya insuflado algo de esa su inagotable pasión.

San Juan Bautista decían a la isla los primeros colonizadores. El nombre de la patria es, simplemente, Juan.

Puerto Rico, Por el batey del Capa Prieto, 2 de diciembre del 2007

* El autor es presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba y miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba.