Opinión

MORELIA
El comandante profesor: Lucio Cabañas Barrientos
El profesor Lucio Cabañas Barrientos este mes ha cumplido 33 años de haber sido asesinado de manera inmisericorde en las cercanías del poblado El Otatal, municipio de Tecpan de Galeana, Guerrero, en su último combate en contra de las fuerzas del Ejército que lo perseguía
Juan Pérez Medina Jueves 27 de Diciembre de 2007
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La vorágine de los últimos días, después del triunfo electoral del 11 de noviembre pasado, que se ha llenado de discusiones permanentes e interminables sobre el quehacer del próximo gobierno que habrá de encabezar Leonel Godoy Rangel en su carácter de gobierno popular y democrático, no ha sido impedimento para recordar a uno de nuestros próceres más recientes; sobre todo cuando hemos visto en su tierra prodigiosa y colmada de desdichas, cómo el gobierno estatal con máscara de izquierda ha reprimido una y otra vez a los estudiantes normalistas de la insigne Normal de Ayotzinapa, en el estado de Guerrero; con la intención de cerrar uno más de esos graneros de extraordinarios maestros de compromiso social que han salido de las Escuelas Normales Rurales del país.
A esa extirpe, llena de dignidad y decoro, perteneció el comandante profesor Lucio Cabañas Barrientos; quien en este mes ha cumplido 33 años de haber sido asesinado de manera inmisericorde en las cercanías del poblado El Otatal, municipio de Tecpan de Galeana, Guerrero, en su último combate en contra de las fuerzas del Ejército que lo perseguía. Era el 2 de diciembre de 1974 cuando el cerco militar se cerró en su contra, producto de una presunta delación de campesinos de la región.
El comandante Lucio Cabañas nació el 15 de diciembre de 1936 en el seno de una familia humilde de la comunidad El Porvenir, del municipio de Atoyac de Álvarez, en el estado de Guerrero; hijo de Rafaela G. Barrientos y Cesáreo Cabañas. Su abuelo fue un general zapatista de nombre Pablo Cabañas Macedo.
Egresó de la Escuela Normal de Ayotzinapa, Guerrero, a los 27 años de edad y fue adscrito a la comunidad de Mexcaltepec, en donde organizó a los pobladores para que defendieran sus bosques de la invasión desmedida de los caciques talamontes. Después de un año pasó a impartir clases en la Escuela Primaria Modesto Alarcón, en la cabecera municipal de Atoyac de Álvarez. Ahí organizó a los padres de familia en contra de la directora con la exigencia de su salida, ante el trato déspota, la implementación de castigos y la imposición de cuotas y el uniforme escolar.
El movimiento de padres de familia sale triunfante y la directora abandona la escuela, pero como consecuencia de ello, Lucio Cabañas es expulsado del estado y va a parar al estado de Durango, en donde estuvo por más de un año, y regresó para ser reinstalado en la misma escuela y desde ahí condujo un movimiento similar en la Escuela Juan N. Álvarez, en donde también se logra destituir a la directora de la escuela. Para festejar el hecho, los padres de familia convocaron a un mitin en la plaza central de Atoyac, el día 18 de mayo de 1967, por la mañana. Ese mismo día, policías y soldados llegaron al pueblo y se apostaron en los techos de las casas que rodeaban la plaza. Los pobladores percibieron a los visitantes y de inmediato se lo comentaron a Lucio que aún se encontraba en la escuela atendiendo a sus alumnos.
Advertido, Lucio salió para la plaza, una vez que había revisado su pistola y reinstalado el cargador en su lugar. Los lugareños salieron a su encuentro cuando él ya se acercaba y saludándolo lo acompañaron hasta la plaza. Le volvieron a advertir que venían por él, que se cuidara, pero cuando eso pasó Lucio ya había tomado el micrófono e iniciado su discurso. Por un extremo de la plaza dos judiciales se internaron entre la gente apretujada armados con rifles M-1 y gritando «¡A un lado hijos de la chingada!» y golpeando a quienes se negaban a dejarlos pasar. Un golpe en la cabeza tumbó a un hombre desangrándose y, entonces, los judiciales empezaron a disparar. En la trifulca, varios hombres y mujeres cubrieron a Lucio y lo ayudaron a escapar ocultándose en la Sierra.
Cinco personas murieron en aquellos hechos, entre ellos una mujer embarazada y varios resultaron heridos. Lucio convoca a los pobladores de los pueblos cercanos y conforma con ellos, ante la negativa del Partido Comunista de apoyarlo, el Partido de los Pobres, con el que inicia la lucha en contra del gobierno de Guerrero y los caciques de la región.
Lucio plantea que el Partido de los Pobres debe ser un instrumento del pueblo para la revolución social, con la tarea de organizar a las masas creando con ellas los instrumentos de la lucha revolucionaria; el partido (PDLP), sus comités revolucionarios clandestinos, la brigada de ajusticiamiento y las organizaciones populares amplias de la masa.
Desde el inicio el grupo armado adoptó el nombre de Brigada Campesina de Ajusticiamiento del Partido de los Pobres, que poco a poco creció hasta alcanzar los 102 guerrilleros, entre ellos 20 mujeres, armados con armas de diverso tipo y procedencia.
Entre 1967 y 1974, la Brigada Campesina de Ajusticiamiento del Partido de los Pobres resistió 16 campañas militares contra la fuerza de miles de soldados. Fue la guerrilla más poderosa de la época y la que más daño causó a las fuerzas del gobierno. En siete años de guerra el PDLP perdió de 10 a 22 militantes y causó cientos de bajas entre los militares, entre muertos y heridos.
Al PDLP se le combatió con cerca de la mitad de los soldados del Ejército Mexicano, quienes llegaron a concentrarse en la zona de influencia de la guerrilla. Los familiares de Lucio fueron acosados permanentemente, secuestrados, torturados y encarcelados por años, tanto hombres como mujeres. Durante la guerra, muchos pueblos fueron acosados, reprimidos e incendiados por el Ejército y cientos de campesinos fueron encarcelados y desaparecidos acusados de colaborar con el PDLP.
Lucio y sus combatientes jamás recibieron entrenamiento profesional, y los problemas de cobertura y apoyo los resolvieron junto con el pueblo. Fue un grupo fraterno y disciplinado. Se inculcó el estudio y la colaboración, y la libre discusión de las ideas. Hubo también una conducta ejemplar para con sus prisioneros a los cuales siempre los trataron con respeto y a muchos de ellos los dejaban libres una vez que les explicaban el porqué de su lucha.
Los principios fundamentales de los miembros del PDLP eran simples pero llenos de compromiso con una apuesta social democrática y popular. Entre esos principios estaban los siguientes:
Actuar como se piensa.
Siempre ser ejemplo moral y político revolucionario para los demás y el pueblo.
El hablar a los compañeros y el pueblo con la verdad.
El retomar para uno mismo los trabajos más difíciles.
El defender los intereses de los pobres.
El actuar siempre con modestia y sencillez.
El generar como método de discusión el de la crítica y la autocrítica como un mecanismo de superación y unidad organizativa.
El comandante Lucio Cabañas Barrientos organizó el secuestro del cacique Rubén Figueroa y después de una fiera persecución perdió la vida ante el cruel ataque del Ejército.
El profesor fue un ejemplo de compromiso popular y de amor por los pobres. Vivió con ellos y sufrió con ellos la injusticia y el desprecio de los poderosos. Fiel a sus principios y sus convicciones políticas, no dudó en asumir la determinación más difícil de su vida ofrendándola en aras de la justicia y la libertad del pueblo.
Este año se han cumplido 33 años de su muerte, vaya este pequeño homenaje a un hombre y a un partido que luchó justicieramente por las mejores causas de México. Vale tenerlo vigente porque ahora más que nunca es un ejemplo a seguir. Reivindicar su nombre y su causa es obligación de todos los mexicanos de buen corazón.