Opinión

MORELIA
«Mira Bartola, ahí te dejo estos 2 pesos»
El salario mínimo en la entidad pasó de 50 a 52 pesos, razón por la cual los michoacanos al unísono, seguramente continúan agradeciéndole al «presidente de los buenos empleos» tanta conmiseración
Juan Pérez Medina Jueves 3 de Enero de 2008
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«Mira Bartola, ahí te dejo
estos dos pesos,paga la renta,
el teléfono y la luz»
Canción popular de Chava Flores

El 2008 será un año difícil. El primero de enero, en varias partes del país, y sobre todo en algunos puentes fronterizos con Estados Unidos, se apostaron
campesinos mexicanos para protestar en contra del TLC agropecuario que ha culminado en este año con la inclusión del azúcar, maíz y el frijol, los cuales quedarán integrados al intercambio libre de aranceles con los productores de Canadá y los Estados Unidos. La protesta es de gran envergadura, pues no sólo tiene que ver con las abismales diferencias para competir de los campesinos mexicanos con respecto a los de los otros países; sino que tiene una significación mucho más grande, pues está en perspectiva una mayor dependencia alimentaria del país y, por lo tanto, una situación de debilidad enorme con respecto a sus socios y, en general respecto al mundo. No es difícil imaginar lo que habrá de ocurrir en los años venideros, pues desde la firma del TLC, hace quince años, hasta hoy en día, la dependencia alimentaria de México creció hasta alcanzar un 32 por ciento con relación a los Estados Unidos.
Habría que agregar, sólo por el hecho de callar la boca a muchos que buscan -sin encontrar- argumentos a lo imposible, que hasta 1992 nuestro país era autosuficiente en materia alimentaria, pero los cambios al artículo 27 constitucional y las políticas de privatización y abandono del campo han provocado la actual debacle de ese sector tan estratégico en la vida independiente de cualquier país.
Por otra parte, el año nuevo nos recibe con el aumento a la gasolina que se aprobó a mediados del año 2007 por el Congreso de la Unión a propuesta del usurpador Fecal; quien ante la irritación generalizada suspendió su aplicación trasladándola al primero de enero de este año que ha empezado y que seguramente traerá efectos graves sobre la economía popular, pues se sabe que su solo anuncio en mayo pasado generó aumentos en cascada que no logró detener su suspensión provisional y mediática, por lo que ahora que se ha iniciado su aplicación definitiva muchos de los productos y servicios se encarecerán sin remedio sumándose a la ya tradicional cuesta de enero.
De nada ha servido la enorme generosidad de los hombres de negocios de este país y sus representantes en el gobierno quienes, absteniéndose de varios de sus habituales pequeños goces, anunciaron en diciembre pasado un incremento del cuatro por ciento a los salarios mínimos, por intermediación de la siempre sapiente y magnánima Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (CNSM). Tan extraordinario aumento significa que a partir del primero de enero pasado, el salario mínimo en la entidad pasó de 50 a 52 pesos, razón por la cual los michoacanos al unísono, seguramente continúan agradeciéndole al «presidente de los buenos empleos» tanta conmiseración. Es claro que nos está yendo ¡requetebién!
¿Qué puede usted comprar con dos pesos, querido lector?, ni siquiera la mitad de un boleto de transporte público que ya cuesta cinco pesos. El Centro de Análisis Multidisciplinario de la Facultad de Economía de la UNAM, en su reporte sobre ingresos de los trabajadores mexicanos menciona que con un salario mínimo sólo se puede comprar el 16 por ciento de la canasta básica que ya alcanza un costo de 325 pesos. Si a eso le sumamos el dato acerca de que el 47 por ciento de los trabajadores con empleo ganan entre uno y dos salarios mínimos, podemos concluir que en este 2008 casi la mitad de las familias de los trabajadores con empleo vivirán con menos de 104 pesos diarios.
Los sesudos integrantes de la CNSM tomaron la determinación del aumento bajo el contundente argumento de que ya nadie recibe un salario como remuneración en este país; pero la realidad cual terca es, y de acuerdo con los datos de la última Encuesta Nacional de Empleo del INEGI y la STPS no dice que el 23.9 por ciento de la población ocupada no percibe salario o percibe el mínimo. Un dato mucho más demoledor es el que menciona que tan sólo de 2000 a 2004, cuatro millones 63 mil 200 trabajadores perdieron sus prestaciones sociales. El mismo Reporte de Centro de Análisis Multidisciplinarios de la Facultad de Economía de la UNAM, menciona que se incrementó en el 2007 en un 485 por ciento con respecto al año anterior, el número de trabajadores que perdieron sus prestaciones sociales, como la jubilación, servicio médico, prima vacacional, prima de antigüedad, vales de despensa y otros y da un dato que asombra y encorajina: 26 millones 736 mil empleados están en esa condición, lo que representa el 63.14 por ciento de la PEA.
En la entidad, la situación es mucho más grave; pues el 59.79 por ciento de la población ocupada cuenta con ingresos promedio mensual de hasta dos salarios mínimos y un número muy significativo no recibe remuneración por su trabajo; existiendo un porcentaje muy elevado de niños trabajadores que, por lo general, son sobreexplotados.
Estos datos nos indican que el flujo migratorio a los Estados Unidos este año, no sólo no disminuirá sino que seguramente aumentará y superará los 600 mil en promedio que se fueron en el 2007.
¿Verdad que hay suficientes razones para estar optimistas?