Opinión

MORELIA
Vivilladas
Año Nuevo… Esperanza nueva
Para darnos ánimo y fuerzas, presentamos tres reflexiones, mismas que deseamos puedan servir para enfrentar con optimismo y esperanza los próximos 365 días
Gilberto Vivanco González Viernes 4 de Enero de 2008
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Ha iniciado un nuevo año, noticia agradable para algunos y de apuración para otros. Normalmente se espera un ciclo nuevo con la ilusión de una vida un tanto diferente, con ambiciosas expectativas, pero los mexicanos en general y los más fregados en particular, no estamos tan entusiasmados con este año que apenas va despuntando; más bien nos encontramos asustados por la ola de aumentos a la canasta básica, a los servicios públicos y desde luego con el gasolinazo y el impacto que ello tiene. En tanto impera el pánico por el ridículo porcentaje de aumento a los salarios mínimos y por la terrible crisis laboral y económica en este país que navega como barco sin rumbo con todo y el comandante Felipe I. Lo curioso y lamentable del caso es que, desde hace varios lustros, esto se está convirtiendo tan común y tradicional como la cena de Navidad o el festejo de Año Nuevo. A nadie sorprende… pero sí preocupa.

No obstante el torbellino que se vislumbra, la intención de este columnista no es iniciar con la carga negativa y lamentaciones propias de la cuesta de enero, febrero y anexas; ello será propicio en la próxima entrega; por ahora, y para darnos ánimo y fuerzas, presentamos tres reflexiones, mismas que deseamos puedan servir para enfrentar con optimismo y esperanza los próximos 365. Ahí les vamos:

Leyenda árabe

Dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje discutieron, y uno le dio una bofeteada al otro.

El otro ofendido, sin nada qué decir, escribió en la arena:

Hoy mi mejor amigo me pegó una bofetada en el rostro.

Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse.

El que había sido abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, siendo salvado por el amigo.

Al recuperarse tomó un estilete y escribió en una piedra:

Hoy mi mejor amigo me salvó la vida.

Intrigado el amigo preguntó:

¿Por qué después que te lastimé, escribiste en la arena y ahora escribes en una piedra?

Sonriendo, el otro amigo respondió:

«Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir en la arena donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarlo y apagarlo, por otro lado, cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón donde viento ninguno en todo el mundo podrá borrarlo».

Ocho regalos que no cuestan un centavo

1.- El regalo de escuchar.

Pero realmente escuchar, sin interrumpir, bostezar, o criticar. Sólo escuchar.

2.- El regalo del cariño.

Ser generoso con besos, abrazos, palmadas en la espalda y apretones de manos, estas pequeñas acciones demuestran el cariño por tu familia y amigos.

3.- El regalo de la sonrisa.

Llena tu vida de imágenes con sonrisas, dibujos, caricaturas y tu regalo dirá: «Me gusta reír contigo».

4.- El regalo de las notas escritas.

Esto puede ser un simple «gracias por ayudarme», un detalle como éstos puede ser recordado de por vida y cambiarla a un tal vez.

5.- El regalo de un cumplido.

Un simple y sincero «te ves genial de rojo», «has hecho un gran trabajo» o «fue una estupenda comida» puede hacer especial un día.

6.- El regalo del favor.

Todos los días procura hacer un favor.

7.- El regalo de la soledad.

Hay días que no hay nada mejor que estar solo. Sé sensible a aquellos días y da este regalo o solicítalo a los demás.

8.- El regalo de la disposición a la gratitud.

La forma más fácil de hacer sentir bien a la gente es decirle cosas que no son difíciles de decir como «hola» y «muchas gracias». Estas palabras abren muchas puertas.

El árbol de los problemas

El carpintero que había contratado para ayudarme a reparar mi vieja granja, acababa de finalizar su primer día de trabajo muy duro. Su cortadora eléctrica se había dañado y le había hecho perder una hora de su trabajo y ahora su antiguo camión se negaba a arrancar.

Mientras lo llevaba a su casa, permaneció en silencio. Una vez que llegamos, me invitó a conocer a su familia.

Mientras nos dirigíamos a la puerta, se detuvo brevemente frente a un pequeño árbol, tocando las puntas de las ramas con ambas manos.

Al entrar en su casa, ocurrió una sorprendente transformación. Su bronceada cara sonreía plenamente. Abrazó a sus dos pequeños hijos y le dio un beso a su esposa. Posteriormente me acompañó hasta el auto. Cuando pasamos cerca del árbol, sentí curiosidad y le pregunté acerca de lo visto cuando entramos. «Ese es mi árbol de los problemas», contestó. «Sé que yo no puedo evitar tener problemas en el trabajo, pero hay algo que es seguro: los problemas no pertenecen a mi casa, ni a mi esposa, ni a mis hijos. Así que simplemente los cuelgo en el árbol cada noche cuando llego. Luego a la mañana los recojo otra vez, lo divertido es... -dijo sonriendo- que cuando salgo a la mañana a recogerlos, ni remotamente encuentro tantos como los que recuerdo haber dejado la noche anterior».

Feliz y mejor año 2008, les desea su amigo de siempre… Vivilladas.