Opinión

MORELIA
Repercusiones
La necedad nos lleva a la guerra
La obsecuencia de nuestros gobernantes hacia los Estados Unidos y su necedad por seguir sus dictados, los conduce a mantener en México una guerra en la que todos vamos a perder y, como siempre, ellos seguirán ganando con la producción en serie de drogas de laboratorio etiquetadas
Samuel Maldonado B. Martes 26 de Febrero de 2008
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Hemos leído infinidad de artículos en donde se expresan argumentaciones suficientes a favor de la despenalización, en nuestro país, tanto de la producción de enervantes como su consumo y, por lo contrario, son muy escasos y pobres los razonamientos que se realizan y publican para expresar razones o el porqué de la prohibición y, en consecuencia, de la persecución que se da hacia aquellos que se dedican a la producción, al consumo y a su comercio.
Históricamente las drogas han sido usadas en América mucho antes de la llegada de los españoles, sobre todo en el mundo náhuatl, maya e inca, donde «los chamanes, hombres dotados con capacidades sobrenaturales, utilizan las drogas, hongos alucinógenos y plantas diversas, para aplicarlos en sus prácticas ascéticas como el ayuno, insomnio, abstinencia y autosacrificio, acompañados siempre de meditación, danzas, cantos y en el ejercicio de sus sistemas curativos1», tal como se hace hoy en día en la ciencia médica universal.
Cuando los españoles llegan al actual territorio del Perú, se dan cuenta de la masticación que hace el pueblo inca, o cuando menos sus sacerdotes y clase política, de la hoja de la coca, que tiene para ellos no sólo atributos divinos sino un alto valor de intercambio. Los ambiciosos conquistadores rápidamente se dan cuenta de su valor comercial y se aprovechan para, a cambio de ésta, recibir oro y plata. Como consecuencia de la novedad, los españoles se hacen adictos, por lo que el 18 de octubre de 1569, un real decreto especifica que esta acción constituye «una idolatría y obra del diablo.
Pero no únicamente en esta América Nuestra, como la llamaba José Martí, se consumía la coca y demás estupefacientes; en el viejo mundo, en Hungría y en otros lugares donde la amapola se da en forma natural, la utilizaban hasta pocos años después de la Segunda Guerra Mundial en la preparación de brebajes que aplicaban para curar determinadas dolencias e incluso, en forma de infusiones, la hacían beber a niños de pocos meses.¡Nadie se escandalizaba por eso ni había rechazo alguno por parte de la sociedad húngara!
Preocupados por el crecimiento del consumo de opio y por la gran demanda del mercado interno (se dice que más de 150 millones de personas lo consumían a mediados del siglo XVIII), China se vio obligada a la importación de este producto y más tarde a prohibir el consumo y consecuentemente el mercado de opio, que representaba un importante flujo de recursos económicos para la vieja Europa, lo que dañó grandemente los intereses de los ingleses que impulsaron una guerra contra el país asiático. Perdida la guerra contra Francia e Inglaterra, China se vio presionada a legalizar este comercio, darle paso libre a los ingleses y entregarles el territorio de la isla de Hong Kong, que fue recuperada después de un siglo de dominio inglés.
«Si la coca logra todo cuanto se dice en Perú, también lo logrará en París», decía el químico Angelo Mariani, quien a base de coca fabricó un vino que llevó su nombre Mariano. Su comercial indicaba «Nueva vida, nuevo vigor. Vino tónico y estimulante que fortalece, refresca y restaura las fuerzas vitales». «Por exceso de trabajo o por fatiga física o mental, nada igual al vino Mariano, por sus efectos benéficos, inmediatos y duraderos». Su uso se hizo continuo por más de 30 años en hospitales, instituciones públicas y religiosas de todas partes.
Cocacoleros lo fueron celebridades como Emilé Zolá, Julio Verne, Tomás Alva Edison, Henrick Ibsen, Sara Bernhard y el príncipe de Gales, quienes tomaron el vino de Mariano; el Papa León XIII prestó su efigie para la etiqueta y El Vaticano concedió una medalla de oro a su inventor en reconocimiento a la capacidad de esa bebida para «apoyar el ascético retiro de Su Santidad2». Finalmente termino con la tesis del investigador colombiano Antonio Escohotado, quien señala que «para efectos de resolver este problema es necesario que se diseñen políticas de despenalización integrales, con la posibilidad de entrar en programas de legalización del consumo», pues es evidente que la despenalización, «es un ejercicio de concertación internacional, pero el hecho de proponerla desde un país como Bolivia, es ante todo un ejercicio del derecho a la soberanía».
En fin, la obsecuencia de nuestros gobernantes hacia Los Espantados Unidos y su necedad por seguir sus dictados, los conduce a mantener en México una guerra en la que todos vamos a perder y, como siempre, ellos seguirán ganando con la producción en serie de drogas de laboratorio etiquetadas pues su objetivo de controlar el mercado mundial con sus productos derivados de nuestras yerbas.

1 Mercedes de la Garza. Investigadora de la UNAM
2 Investigación de Karina Malpica