Opinión

MORELIA
Hacia las elecciones internas en el PRD
El 16 de marzo, día clave para los perredistas, está a la vuelta por lo que no queda mucho tiempo a los contendientes y militantes que los acompañan para reencauzar las campañas en los temas importantes de sus propuestas
Columba Arias Solís Viernes 7 de Marzo de 2008
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A escasos días de realizarse la votación del perredismo nacional para elegir la dirigencia que encabezará a ese partido político, como ya es usual en ese
instituto, la estridencia y la descalificación de unos a otros han sido el acompañamiento en este proceso interno, si bien como nunca, magnificado en los medios de comunicación, en muchos de los cuales se prosigue la cruzada contra el principal liderazgo reconocido por los perredistas en estos últimos años y quien por la simpatía mostrada a favor de uno de los aspirantes, es el principal receptor de las descalificaciones de tirios y troyanos.
En el contexto de la campaña electoral interna de los perredistas, en la primera plana de los principales periódicos del país, se leen los encabezados que auguran el resquebrajamiento del PRD a causa de los desencuentros o más bien encontronazos de sus cuadros relevantes, o en noticieros de radio y televisión, los comentaristas dan cuenta con escrupulosa puntualidad de todos los desaguisados que en la campaña interna ha habido entre los partidarios de los diferentes candidatos del sol azteca.
Se conoce de la contienda interna perredista por las discrepancias, por los gritos y sombrerazos entre seguidores de los aspirantes, por las ruedas de prensa que algunos cuadros y candidatos convocan solamente para criticar y despotricar de los demás. Nada se sabe de los programas de trabajo que se supone deben haber elaborado y presentado desde la fecha en que se registraron para el proceso interno, del cómo y cuándo de las acciones que tengan por objeto el fortalecimiento de su partido, de su posicionamiento en el ánimo de la ciudadanía, del rescate del PRD del monopolio tribal para que regrese a los orígenes y realmente sea un partido cercano a la gente e instrumento de la sociedad, que como expresa en sus documentos recoja «las aspiraciones, intereses y demandas de la ciudadanía».
En éste como en otros asuntos, los medios están más interesados en generar la nota escandalosa que en dar a conocer las propuestas de los candidatos, claro que también con alguna excepción, los suspirantes demuestran un empeño mayor en proporcionar el material necesario para el escándalo y con singular alegría ante un micrófono o una grabadora hasta engolan la voz buscando con sus declaraciones noquear al oponente.
En esta contienda interna perredista, la crítica de dentro y de fuera ha puesto especial énfasis en el apoyo de AMLO a favor de Alejandro Encinas, como si fuera la primera vez que los dirigentes morales o formales del sol azteca mostraran sus simpatías hacia alguna de las fórmulas que en los procesos internos buscan la preferencia de la militancia.
Se descalifica olvidando -muy interesadamente- que prácticamente en todas las contiendas nacionales se han volcado los apoyos de los liderazgos reconocidos, así fue desde las campañas en las que Porfirio Muñoz Ledo primero y después el propio López Obrador se impusieron a Heberto Castillo, contando con la abierta simpatía de Cuauhtémoc Cárdenas, o cuando ganó Rosario Robles gracias a la fortaleza de ese apoyo.
En su momento Jesús Ortega también ha contado con las influencias del factor Cárdenas, como ocurrió en la contienda para la candidatura a jefe del Distrito Federal en que fue apoyado por el ingeniero y en Michoacán, la presencia del ex gobernador Lázaro Cárdenas en algunos de sus actos de campaña, sin duda alguna, constituye una especie de oro molido en su haber, por la trascendental influencia política que ese apoyo representa.
Desde el inicio del proceso interno perredista se ha pretendido allegar simpatías o antipatías hacia alguno de los principales contendientes clasificando a unos como moderados y modernos y a los otros como radicales y violentos, o como entreguistas y conservadores los primeros y liberales los segundos, si bien la discusión entre moderados y radicales no es nueva en el PRD y tal como lo señalara Pedro Echeverría en su análisis «Rebelión del pasado febrero», es una polémica natural que se registra en toda la vida de los partidos y que en el PRD se inició con su nacimiento.
Así, recuerda Echeverría que «desde los primeros congresos (el de Oaxtepec) se manifestó una división entre Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo, precisamente como se decía, entre no negociadores y negociadores. Tras Cárdenas estaban López Obrador, Rosario Robles y Bejarano, y siguiendo a Muñoz Ledo, Los Chuchos y Los Amalios. Se discutió la posición frente al salinismo, si debían desconocerlo o negociar con él; pero sobre todo comenzó aquella discusión de si el PRD debía ser de izquierda o de centroizquierda. A partir de ese congreso la división al interior se hizo nítida y el sector cardenista se fortaleció mientras el de Muñoz Ledo apareció como el negociador».
Ciertamente esta polémica en el perredismo tiene sus orígenes desde el nacimiento mismo del partido, sin embargo en la coyuntura del cambio de dirigencia se ha agudizado de tal forma que ha llegado a graves niveles de confrontación, atizada por grupos de conveniencia foráneos que nada -supuestamente- tendrían que ver con la elección interna de ese partido.
El 16 de marzo, día clave para los perredistas, está a la vuelta por lo que no queda mucho tiempo a los contendientes y militantes que los acompañan para reencauzar las campañas en los temas importantes de sus propuestas y lograr en lo que resta del tiempo interesar a la militancia para que participe, haciendo énfasis en sus fortalezas y no en sus debilidades, en aquello que los une y no en lo que los separa. Los candidatos perredistas y sus equipos bien harían en hacer un espacio para leer o releer su declaración de principios, especialmente aquel párrafo que establece los compromisos de «construir una sociedad justa, igualitaria y democrática», del rechazo «al corporativismo, al clientelismo y la manipulación de los intereses y sentimientos populares que conducen a profundizar el autoritarismo y la injusticia».