Escenarios

MORELIA
Algo de música
Del Cuarteto de Cuerda Artis
Rogelio Macías Sánchez Martes 25 de Marzo de 2008
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Hace ocho días, el martes 18 de marzo, aprendí varias cosas interesantes. La primera, que hay un Museo de la Ciudad (Galeana 302) que no tiene
acervo pero que está abierto al público y que cada semana, los martes, se convierte en un foro cultural que presenta eventos artísticos variados. La segunda, que hay un buen cuarteto de cuerdas en Morelia; se llama Artis. Se presentó esa noche en el foro dicho.
Al Cuarteto Artis lo integran atrilistas distinguidos de la Orquesta Sinfónica de Michoacán. Ellos son Serguey Kossiak, primer violín; Alfredo Hernández, segundo violín; Andrés Ortega, viola, e Irene Adriana Carrasco, violonchelo. Han formado un buen cuarteto de cuerdas, conjunto de cámara el más delicado y el de mayores capacidades expresivas. Es la combinación instrumental de la intimidad y la sutileza emotiva y es el culmen de las capacidades de diálogo entre protagonistas musicales. También es el más chismoso de la calidad de los músicos, pues si bien escuchar un cuarteto de cuerdas puede resultar en una experiencia estética trascendental e inolvidable, un cuarteto mal tocado resulta muy desagradable. Las fallas en un cuarteto de cuerdas no se pueden ocultar.
El Cuarteto Artis es de reciente formación, ahora lo escuché por vez primera y me pareció un grupo magnífico, aunque perfectible. Mi experiencia de esta primera audición resultó estimulante y enriquecedora y mucho me gustaría que se repitiera en audiciones próximas.
Por otra parte, si pasan la prueba de la sobrevivencia con un espíritu de superación continua, serán miembros distinguidos del patrimonio artístico de la ciudad, que constituye la verdadera riqueza cultural de una urbe; no lo prestado ni lo pasajero, sino lo propio y permanente. Creo que tienen la capacidad para ello, aunque las exigencias son muchas y para siempre.
El Museo de la Ciudad está en una típica casa moreliana antigua, de patio central que alguna vez tuvo frutales, al que cobijan tres corredores de techo de viguería y columnas de cantera. Alrededor se disponen las habitaciones, de usos distintos a lo largo de los años. Ahora alojan oficinas y futuras salas de exposición. Es sencilla, está remozada y luce bonita. El escenario se colocó en el corredor del poniente y las sillas para el público (verdaderamente moridoras por incómodas) en el patio descubierto, un auténtico patio de butacas. La pared del corredor hace de concha acústica y la música, por lo menos la de este cuarteto, se escuchó bien.
El programa escogido para ese martes fue hermoso y sin concesión alguna a la facilidad o la ligereza. En la primera parte no se podía pedir más clasicismo u ortodoxia. Primero el Cuarteto número 41 de Franz Joseph Haydn (1732-1809), del que hay quien dice que inventó todo en la música clásica. Eso es una rotunda exageración, pero es cierto que inventó el cuarteto de cuerdas como la forma musical que ahora conocemos, fundamentalmente dialéctica. Sus cuartetos son, entonces, el prototipo, modelo y punto de partida. Son muy ponderados, ecuménicos, perfectos, aunque en ocasiones poco emotivos, por esto mismo.
La segunda pieza fue el Cuarteto número 5 de Ludwig van Beethoven (1770-1827), obra de juventud, compuesto aún en vida de Haydn y siguiendo el modelo formal que él había diseñado. Forma parte de una serie de seis agrupados en el Opus 18, los primeros de Beethoven. Siguen los cánones de Haydn, pero en su tiempo fueron tan novedosos, emotivos y exultantes que después de que Haydn los escuchó no volvió a componer uno más. Supo que su reinado musical había terminado.
Después del intermedio, el Cuarteto Artis nos dio a conocer el Cuarteto en Re, Homenaje a Sor Juana, del autor mexicano Carlos Jiménez Mabarak (1916-1994). Es una pieza formalmente muy bien hecha, ortodoxa en ese sentido, de melodías frescas y muy simpáticas, colocadas en marcos armónicos y ritmos modernos y novedosos pero nada agresivos. Se deja escuchar con gusto y facilidad y emociona sinceramente con un sentimiento de juventud interminable. Me congratulo de haberlo conocido y más por quien lo conocí.
Finalmente una Sonoralia (que tiene varias) de Emmanuel Arias y Luna (*1935), compositor también mexicano. La pieza tiene dos partes, Danza y Jarabe, hechas con material popular, pero no parece literal. La Danza tiene cierto carácter de la música de salón de finales del siglo XIX y principios del XX en México, y el Jarabe, que no sé de qué región sea, simplemente es simpatiquísimo y sensacional.
Todo esto disfrutamos mucho por lo bien tocado esa tarde-noche del 18 de marzo en el Museo de la Ciudad. Felicidades al Ayuntamiento de Morelia por el recinto, aunque en instalación todavía, y más al Cuarteto Artis, a quien deseamos una vida larga y exitosa. Tienen con qué lograrla.
Hasta la próxima.