Opinión

MORELIA
Vivilladas
El niño y la televisión
Es evidente que la mayor suma de material que el niño recibe en la televisión está constituida por series o películas de contenido violento o de insinuación criminal, donde el asesinato, el robo, la deslealtad y sobre todo la ilegalidad imperan con escaso control
Gilberto Vivanco González Viernes 11 de Abril de 2008
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En varias ocasiones hemos observado a un sobrino de siete años de edad, cada vez que juega futbol dice que está aburrido y corre al televisor, cuando come
lo hace a la carrera para regresar a él y cuando se pone a elaborar la tarea no pierde de vista cualquier programa de caricaturas, lo hace siempre, así tenga que repasar cualquier lección; su mundo es la TV, duerme, despierta y vive para ella. Entendemos que este es el caso de varios infantes y desde luego, algo inmediato tenemos que hacer. De ahí el motivo del presente artículo:
Se ha señalado, con razón, que si el siglo pasado se caracterizó por la revolución industrial, el siglo XX ofrece como mayor característica la revolución en las comunicaciones. Algunos recordarán el hecho de que hasta hace menos de una centuria, la información sobre los acontecimientos importantes los suministraba el maestro, el cura u otros personajes ilustrados que satisfacían la inhibida curiosidad de la población. Los días dominicales se efectuaban en la plaza pública los llamados «bandos», que anunciaban las noticias oficiales autorizadas por los poderes públicos; estas noticias se extendían en forma de rumor, que se esparcía casi siempre distorsionado por las fantasías generadas en la comunidad. El notable desarrollo de la imprenta con la accesibilidad de la prensa y de los libros a todos los bolsillos, el progreso en la comunicación telegráfica y telefónica, el ferrocarril, los automotores, y sobre todo el avión, anticiparon el auge de la televisión y de la radio, que han hecho posible que las grandes masas reciban un permanente mensaje de lo que ocurre en el mundo.
Es evidente que la mayor suma de material que el niño recibe en la televisión está constituida por series o películas de contenido violento o de insinuación criminal, donde el asesinato, el robo, la deslealtad y sobre todo la ilegalidad imperan con escaso control.
A pesar de la constante y creciente introducción -o intrusión- de la TV, en la mayoría de los hogares se observa una negligencia o despreocupación por la influencia que ejerce sobre las mentes en desarrollo y aún sobre la estructura de la familia, que día a día y lentamente es avasallada por el crimen y la banalidad, por el culto de la estupidez y lo superfluo, que están sustituyendo los valores más nobles y positivos de la vida.
Si tenemos en cuenta la composición de los programas debemos aceptar que la actual enseñanza incipiente se refiere a las formas del crimen y la trasgresión, a la corrupción destructiva, a la exagerada valoración de los bienes materiales con desmedro proporcional de los valores intelectuales y culturales.
Estudios de la Universidad de Stanford han demostrado que un niño medio de los Estados Unidos ha presenciado entre los cinco y catorce años de edad 20 mil crímenes violentos que han alimentado su aparato mental. Otro estudio demostró que la TV ocupa el segundo lugar en el tiempo del niño, después de la escuela, tomando como promedio cuatro horas diarias de su atención. Se ha investigado igualmente que la mayor parte de las series duran alrededor de una hora y durante la mayor parte de la trama, los criminales realizan sus fechorías con éxito, hasta que son castigados sólo en el momento final. Pues, la mayor parte de los niños menores de ocho años no sostienen la atención más allá de media hora, de manera que aprenden en la película los procedimientos criminales sin que lleguen a presenciar la moraleja final. Además el niño a esa edad no distingue bien entre la realidad y la fantasía, entonces todas esas escenas pueden almacenarse en la memoria como si hubiesen sido hechos reales. El crimen y la violencia se tornan así en vivencias «normales» en la cotidianidad del niño.
Si centramos nuestra atención en esta realidad diaria, es necesario que preguntemos: ¿Qué hacen las autoridades encargadas del control en la ética de los medios, para que éstos eduquen en lugar de pervertir al pueblo? ¿Qué responsabilidad corresponde a padres de familia, autoridades religiosas, educadores, que toleramos tal estado de cosas? Ni modo, llegamos a suponer que: «El poder, la enajenación, la apatía y la ignorancia… tienen la razón».
El contenido es importante
La médico Magdalena Cerón R. señala que habitualmente los programas con exceso de violencia invitan a los niños a imitar comportamientos que pudieran ser peligrosos, también se debe tener presente que en la época actual existe un importante contenido sexual aún en programas catalogados para toda la familia, transmitiendo a los niños y adolescentes inquietudes sexuales a muy temprana edad, sin ser dirigidos adecuadamente, es decir, no toman en cuenta riesgos ni precauciones que debieran tener presentes.
Es importante acompañar al niño a ver televisión y entender cuál es el mensaje que el programa posee en realidad, ya que además de sexo y violencia, podrían ser de contenido agresivo en cuanto a sensibilidad, moral, religión, de acuerdo a diversos núcleos familiares y sociales, por lo que uno tendrá el derecho de elegir lo que queremos que nuestros hijos vean, pues esto también participará en su educación.
Siempre debemos fomentar aquellos cuyo contenido sea educativo, agradable y divertido, que favorezcan la imaginación y creatividad de los niños, los que muestren conductas positivas hacia personas y de respeto y cariño a los animales, los que enseñen en forma atractiva hechos históricos o conocimientos de la naturaleza. No podemos pasar por alto el gusto de los niños por las películas de aventura, acción y ciencia ficción, lo cual es positivo siempre y cuando podamos conocer el contenido.
¿Cuándo evitar que el niño vea en exceso televisión?
No sólo debemos impedir programas de alto contenido de agresividad, sexo, drogas, tabaco, alcohol, por ejemplo, debemos evitar que los niños vean el televisor mientras hacen la tarea ya que esto interfiere con el buen aprovechamiento y la concentración, asimismo impedir que lo haga mientras el niño come, ya que logra distraer tanto su atención que pudiera no comer adecuadamente, además que este tiempo debe ser de convivencia familiar, debemos proporcionar tiempo suficiente para que el chico juegue y tenga alguna actividad deportiva que no debe ser sustituida por tiempo excesivo ante la TV.
El tiempo que un pequeño invierte frente al televisor no necesariamente es nocivo, por el contrario, puede aportar cosas muy positivas en cuanto a conocimientos y recreo, sin embargo, es importante cuidar lo que ve y el tiempo que invierte en ello, sin olvidar que habrá que dedicarle tiempo y cuidado con su buena dosis de cariño y amor.
En la página de Internet WWW. saludehijos.com, se indica que los niños y adolescentes son especialmente sensibles a lo que ven y no distinguen la ficción de la realidad. Sin embargo existen elementos positivos en la TV que deben ser reconocidos. Aún así existen efectos negativos desde el punto de vista de la salud, en áreas como la violencia y el narcotráfico (los noticieros son ahora su vocero oficial), conductas agresivas, conductas sexuales, nutrición y obesidad, y el uso y abuso de tabaco y alcohol, son avasalladoramente predominantes.
Por último y ante el pulpo manipulador de la televisión ofrecemos algunas recomendaciones a los padres de familia: participar en la elección de los programas vistos por niños y adolescentes, compartir los programas y discutir los contenidos con los hijos, enseñar a adoptar una visión crítica hacia los contenidos de parte de los niños y adolescentes, limitar el tiempo gastado en mirar televisión a menos de una a dos horas diarias, servir de ejemplo en lo anterior ante los hijos y ofrecer alternativas de entretención, eliminar los aparatos de TV desde los dormitorios de los hijos y evitar considerar a la TV como una niñera electrónica. «Estas sugerencias las hacen incluso maestros y pediatras pero son como los programas cultures de la pantalla, les entran por los ojos y por un oído… y le salen por el otro». Habrá que insistir.