Opinión

MORELIA
Vivilladas
La mujer y la violencia en el noviazgo
Ya no es momento de lamentaciones, ni de reproches, ni de injertar responsabilidades; ya no es tiempo de encontrar culpables, ni de ubicar pretextos, ahora es tiempo de actuar a favor de la dignidad de la mujer
Gilberto Vivanco González Viernes 25 de Abril de 2008
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Si la familia es la base de la sociedad, el noviazgo es de los grandes pilares para la conformación de la propia familia. Desde la adolescencia, y aún como juego
desde la niñez, el noviazgo representa una forma de convivir, una ilusión y una esperanza de encontrar en otra persona lo que para muchos es su «media naranja». Numerosos son los momentos donde la razón, el pensamiento y el corazón se unen para gritar o para callar la palabra… te quiero.
En toda organización social, tanto el hombre como la mujer necesitan de un motor que mueva sus acciones, sus visiones y sus anhelos, ese motor tiene la fórmula mágica del sentimiento noble que representa el concebir que se ama y que, por supuesto, se es amado.
En la Edad Media el grito de guerra de los caballeros era «¡por mi reino y por mi dama!», grito que representaba una meta, un objetivo a lograr, pero al mismo tiempo era una especie de catapulta que impulsaba al hombre a entregar su vida en aras de sacrificarse en nombre de los símbolos más relevantes de aquella época: su reino era su territorio, la dama… su pasión.
En la actualidad la época soñada, la edad de oro para una señorita, son los XV años, llamada por poetas o por gente común la edad de las ilusiones, que viene siendo una etapa donde la vida se pudiese ver, o anhelar, de color de rosa porque viene siendo la etapa donde el capullo, que representa a la joven, quiere madurar para el día de mañana transformarse en dama; sin embargo, en considerables ocasiones ese cuento de hadas pareciera que se esfuma, porque la realidad llega a destrozar aquellos hermosos castillos que se hicieron en el aire.
Incontables poetas, escritores, pedagogos, psicólogos y todo tipo de académicos han querido descifrar el misterio del noviazgo, nadie lo ha encontrado, pero sí han coincidido que ese status es motivado por la necesidad de querer y ser querido, de proteger y ser protegido, de dar y recibir, de soñar y de vivir… no obstante, la realidad suele ser contraria a todos esos sueños, porque existen casos donde esa llegada al paraíso se convierte en la antesala del infierno.
Algo ha sucedido, que a través del tiempo ese sentimiento de protección se ve distorsionado por un instinto de sobrevivencia porque ya en la relación por motivos sociales, por alcances psicológicos, el noviazgo tan esperado se torna en una dependencia que más que sana se convierte en una vinculación enfermiza.
Los gritos, las presiones, los egoísmos y las inseguridades, en lugar de fortalecer los sentimientos de amor, de cariño, de ternura y de apoyo, son capaces de destruir las nobles intenciones, los delicados motivos que el noviazgo ambiciona. Esta manifestación, por desgracia, en los últimos años pareciera que es tan común que en muchas ocasiones pasa, o se quiere hacer pasar, desapercibida.
Bastantes son los casos en que diversas jovencitas toleran de su pareja maltratos y acciones inaceptables, que no son otra cosa más que, por parte de ellos, muestras claras de inseguridad, de violencia y de grandes complejos que en considerables ocasiones nacen en el seno de la propia familia, pareciera que los patrones que se viven en la ruta del matrimonio se transportan y afectan la soñadora opción del noviazgo.
Es tan común presenciar en las esquinas, en las escuelas, en los bailes y aún frente a las casas, escenas donde las jóvenes son agredidas física y psicológicamente, ha sido algo tan obvio que es increíble que la sociedad, y aún las propias familias, se queden estáticas ante lamentables hechos, que en muchas ocasiones terminan incluso en acciones por demás atroces, nos referimos a la muerte, tal y como ocurrió en los últimos años en el estado de Carolina del Norte, en New Jersey, en Brasilia y en los reconocidos acontecimientos de la ciudad de Monterrey, en el caso Peña Coss, donde un joven desequilibrado mató a dos hermanos y a punto estuvo de cortar la vida de su linda pareja, acontecimientos de los que dieron cuenta en diversas ediciones los medios de comunicación.
No se requiere que haya muertes físicas, que se detenga el corazón, es necesario modificar conductas, mentalidades, formas de vida que dañen a lo que según… es lo que más se ama.
¿Qué elementos motivan la violencia en el noviazgo?
¿Pero qué ha sucedido que la violencia en el noviazgo hoy sea un patrón de conducta difícil de erradicar? Como habíamos destacado en párrafos anteriores, la influencia familiar es determinante, el sometimiento que, en muchas ocasiones, la madre tiene por el marido, proyecta un estado de aceptación de la cual la mujer considera es su cruz. Si existen esposas, madres de familia o parejas que acepten esta posición, por lógica entendemos que dicho modelo, a pesar de los pesares, tiende a ser repetido.
Sin embargo no todo tiene cabida en la simple vida de los individuos; los medios masivos de comunicación influyen en las propias jovencitas que otorgan facultades para que la violencia en el noviazgo sea, si no aceptada al cien por ciento, al menos tolerada, facultad que no sólo daña el principio esencial del idilio, que no sólo hiere la integridad física y psicológica de la mujer, sino también destroza la base del pilar de la sociedad que representa la familia.
Las instituciones educativas en este tema tienen mucho que aportar, el trabajo que realicen sobre valores, sobre entendimiento, sobre comprensión y apoyo, debe ser un eje valioso que logre mover las conciencias y acciones de tanto joven que por desgracia llega a vivir en el seno de su familia, en el conducto cruel de la televisión, en el cine, en las calles y en jardines que son testigos crueles de esa irreverencia, acciones tan severamente reprobadas por nuestra comunidad, un conglomerado que, aparentemente, gira su crítica en uno de los azotes más grandes de la humanidad: una sociedad con violencia.
Ya no es momento de lamentaciones, ni de reproches, ni de injertar responsabilidades; ya no es tiempo de encontrar culpables, ni de ubicar pretextos, ahora es tiempo de actuar, de actuar a favor de la dignidad de la mujer y de los propios varones, de proceder a favor del personaje que en toda la historia ha sido factor determinante para el éxito de ellos: de las mujeres que hoy no sólo son pasivas, que hoy no son únicamente comparsa de hombres triunfadores; de las féminas, que hoy por sus propios atributos, por sus enormes cualidades y por su entera decisión son también trabajadoras, profesionistas, académicas y lideresas sociales con la capacidad y la decisión que son requeridas.
El movimiento que enarbola, con toda justicia, la dignidad de la mujer, requiere de tomar una posición más digna, más humana y más relevante; las adolescentes necesitan entender, y aceptar, el principio básico del noviazgo que reza: buscar en el crucigrama de la vida la respuesta al camino de su felicidad, que es descubrir que la visión de un sueño, quizá inalcanzable… sea fácil de alcanzar.