Opinión

MORELIA
Tocando fondo
La historia política de este país en las últimas décadas sería otra sin la existencia del PRD
Columba Arias Solís Viernes 9 de Mayo de 2008
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Última parte

Rosario Robles permaneció en el cargo de presidenta del PRD por espacio de año y medio, toda vez que desde la propia campaña a la dirigencia había
hecho el compromiso con su militancia de que el PRD con ella al frente, obtendría más del 20 por ciento de los votos en la elección constitucional a celebrarse en el mes de julio del año 2003, y que de no ser así, entonces presentaría su renuncia a la dirección del partido.
A pesar de que se obtuvieron más cargos de representación popular que en otras elecciones, los resultados electorales no llegaron a la cifra prometida por la presidenta, luego entonces y ante la dura presión ejercida por algunos de sus influyentes correligionarios que exigían cumpliera con su promesa, Robles se vio obligada a dejar la dirección de su instituto político apenas transcurrida la mitad de su periodo. En el siguiente año renunciaría a su militancia antes de verse sometida a un proceso de expulsión a causa de sus vínculos con el director de los videos.
Después del interinato desempeñado por el ex secretario de Gobierno michoacano, a quien le tocó la severa crisis producida por el escándalo de los videos, así como la renuncia del ingeniero Cárdenas a sus cargos dentro del partido, el 20 de marzo de 2005 se realizan las elecciones a la dirigencia, en las que participa Leonel Cota Montaño, ex gobernador de Baja California Sur, quien llevaba como secretario a uno de los principales cuadros del chuchismo, Guadalupe Acosta Naranjo; la otra planilla la encabeza el reiterativo aspirante Camilo Valenzuela. Las simpatías son muy obvias, tanto AMLO como Los Chuchos van con la dupla Cota y Acosta.
De nueva cuenta las irregularidades en el proceso fueron señaladas: no se instalaron más del quince por ciento de las casillas, hubo cambio de lugar de algunas y fallas en el padrón; se suspendieron las elecciones tanto en Oaxaca como en Tabasco, y en Yucatán y Tamaulipas se presentaron serias irregularidades.
Leonel Cota Montaño y Guadalupe Acosta Naranjo ganan la elección con el 81 por ciento de los votos y asumen la presidencia y la secretaría del PRD, Camilo Valenzuela, el otro aspirante, queda como presidente del Consejo Nacional, a esta dirigencia le tocarían los difíciles tiempos de las elecciones de 2006 y las protestas derivadas de las mismas, hasta la preparación del reciente proceso y los conflictos que lo acompañaron y siguen.
Salvo en el primer ejercicio de elección abierta del perredismo, en todos los demás, la controversia y los conflictos fueron las constantes, generando nota de escándalo ampliamente difundida por los medios, si bien jamás con la espectacularidad y generosidad de espacios, que tanto la televisión como la radio le han concedido al inacabado proceso efectuado en marzo de este año.
Como es sabido, las campañas de Alejandro Encinas y Jesús Ortega contendientes principales a la presidencia nacional perredista en el reciente proceso, se realizaron en medio de un intercambio de críticas y descalificaciones sin tregua, a las que se sumaron las opiniones de conspicuos comunicadores y analistas de los principales medios de difusión. Las mismas irregularidades de otros procesos fueron cometidos en éste, agravadas además con la presentación de urnas que jamás se instalaron pero que aparecieron llenas de votos y que la corriente de la Nueva Izquierda ha insistido hasta llegar al Trife, en su pretensión de que sean incluidas en el cómputo, situación que sin duda ensanchará los abismos tribales del sol azteca.
Diversos personajes y personeros del PRD han tenido sus minutos de gloria ante las cámaras de la radio y la televisión, escupiéndose los vituperios unos a otros, denostándose hasta la saciedad y mordiéndose la lengua con las acusaciones de hacer del otro, lo que ya antes hizo el denunciante.
La vieja militancia escucha con azoro, indignación y vergüenza las declaraciones de algunos dirigentes tribales, que más parecen voceros oficiales del gobierno en turno que correligionarios políticos.
La crisis se agrava con la designación unilateral que han hecho Los Chuchos de un dirigente a su medida.
Ha tocado fondo el PRD y la división quedó descarnadamente expuesta. ¿Surgirán acaso dos partidos? ¿Volverán a sus orígenes políticos algunos de estos líderes? ¿Habrá una pronta reedición del PST o tal vez del PPS? ¿O surgirá acaso un destello de lucidez entre los confrontados grupos para reflexionar sobre las ganancias y las pérdidas de una ruptura fatal? Aquellos que titubean ante los cantos de las sirenas de los apoyos y recursos oficiales, no deben olvidar que las ambiciones desmedidas hundieron a quienes se sintieron y se vieron influyentes y poderosos sin reparar en los medios para conseguirlo. No hace mucho tiempo de eso.
¿De qué le serviría a los chuchistas quedarse con la estructura partidaria y sus senadores y diputados, pero sin la militancia? ¿Qué pasaría con los encinistas que ciertamente se quedarían mayoritariamente con la militancia y con algunos legisladores, pero no tendrían el apoyo de la mayoría de éstos ni contarían con el andamiaje partidista? ¿Se irían acaso a los otros partidos del FAP? La moneda está en el aire.
Para agravar más las cosas, el demonio de Dublín de nueva cuenta anda suelto y muy dispuesto a coadyuvar en las tareas del gobierno.