Opinión

MORELIA
Repercusiones
Pemex y las drogas a debate
Sería prudente que se impulsara una amplia discusión sobre la despenalización de la droga
Samuel Maldonado B. Martes 13 de Mayo de 2008
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En los meses que han transcurrido de su administración y como consecuencia del empeño de Calderón para acabar contra los narcos, la reacción de éstos ha
dejado una estela de sangre proveniente del personal de la Procuraduría General de la República, del Ejército y de la Marina, así como en el seno de las fuerzas policiacas municipales y judiciales de los estados sin excepción.
Justamente el sábado anterior, fue muerto el director de la Policía Municipal de Ciudad Juárez y en diferentes municipios, cito nota del periódico El Universal, en «las últimas 48 horas cinco policías municipales y un comandante que apenas tenía un día de haber asumido el cargo, fueron heridos por sicarios en dos hechos diferentes» en la zona fronteriza de Juárez.
Mientras el asesinato de este jefe policial ocurría, se celebraba una ceremonia luctuosa en memoria del coordinador general de Seguridad Regional y Proximidad Social de la Policía Federal Preventiva, Édgar Millán, abatido a tiros, que la encabezaba el presidente Calderón en su calidad de jefe de las Fuerzas Armadas, en Reynosa, Tamaulipas; indicó el «primer ciudadano» que el asesinato de Édgar Millán es una reacción natural porque el crimen organizado «siente que estamos golpeando su estructura criminal y operativa».
Desde su llegada a Los Pinos es una certeza que una de sus principales obsesiones, aparte de la de ofrecer el Pemex de 104 dólares el barril al mejor postor, es la de empeñarse constantemente en ganar la guerra contra el crimen que, conforme pasan los meses desde su precipitada y grotesca protesta en San Lázaro, hay que decir que se han visto pocos resultados y sí, por lo contrario, muchas bajas en las filas del Ejército, de la Marina y de las diferentes policías.
Pero lo que ha logrado Calderón en estos meses no es el abatimiento de esta guerra sino el descrédito de un Ejército y un elevado costo material debido a la gran movilización de soldados y marinos, más el costo agregado en la transformación de marinos y soldados a policías federales y no obstante los resultados «favorables» que dice se tienen, la guerra que «vamos ganando» en realidad se va recrudeciendo, incrementando y se está perdiendo.
Desde hace varios sexenios la producción de drogas, tanto naturales como artificiales se ha desarrollado porque existe la demanda y no sólo por parte de los consumidores, debido a la estrecha relación entre la búsqueda por satisfacer los deseos y la adicción, y la serie de actividades que se conjugan y que son, en síntesis, un regulador entre la producción y el regulador último, que es la demanda (Teoría de Marshall) por parte de empresarios dedicados a este gran negocio y de los propios consumidores, por lo que cabe preguntarnos no el porqué de la alta demanda de su consumo y las razones argumentadas, por los consumidores.
La ley de referencia nos conduce inequívocamente a observar y analizar detenidamente a quienes las consumen y a quienes las producen, pues hay una demanda que no es precisamente de los propios consumidores sino de los grandes comerciantes, industriales y funcionarios que han hecho enormes fortunas, unos protegiendo tanto la producción y distribución a los diversos empresarios, entre los que destacan los dueños de bares y centros nocturnos.
En esta ley de la oferta y la demanda existe un eslabón, el más débil, que es el consumidor popular y que para obtener la droga y satisfacer su adicción, frecuentemente se le orilla a participar en la cadena de distribución y en la infracción de las leyes. Hay otro grupo de consumidores y traficantes (recordemos el triste caso de Paco Stanley), a quienes la ley no los persigue, precisamente por peso informativo.
Los inconformes y preocupados por esta guerra nos preguntamos si de verdad es una lucha seria o simplemente se trata de quedar bien con quienes llevaron a Calderón a asaltar la Presidencia de la República.
Reiteradamente (y por todo lo anterior, también) he indicado que para resolver seriamente y de la mejor manera este narcoproblema, la solución no es la guerra que nos cuesta miles de millones de dólares para ganancia de nuestros buenos vecinos que son los que venden tanto al gobierno como a los narcos las mismas armas, sino la despenalización de la producción y consumo de los enervantes.
Ahora que están de moda los debates, prudente sería pues que se impulsara una amplia discusión en la materia en comento, desde luego después del correspondiente a Pemex, aún cuando se tenga el temor y se corra el riesgo de que el debate se gane, como seguramente se ganará el de Pemex, pero que por el gran negocio que significa como ha sucedido en la historia de la vida parlamentaria del país, se dé el mayoriteo mecánico y la votación se pierda.