Opinión

MORELIA
El debate sobre la reforma
Hasta ahora, cuatro han sido los foros que se han desarrollado en torno a la reforma energética que es más bien la reforma a Pemex
Columba Arias Solís Viernes 23 de Mayo de 2008
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La historia de las privatizaciones de las empresas estatales en México ha sido muy desafortunada, porque los procesos para entregarlas a manos de particulares
nunca han sido claros, ni tampoco se han demostrado los beneficios que la nación ha obtenido cada vez que una paraestatal era vendida a precios que luego se sabía resultaban irrisorios y que además el gobierno en turno después de haberlas vendido, tenía que rescatarlas a causa de los malos manejos -recuérdese el caso de las autopistas y de las aerolíneas- sanearlas y posteriormente operando ya con números negros volvía a entregarlas a la iniciativa privada a través de procesos absolutamente desconocidos para el ciudadano interesado en saber cómo, en cuánto y a quién se le remataban los bienes del Estado.
El paraíso de las privatizaciones se dio en el sexenio salinista, si bien ya había entrado en su primera fase durante el gobierno de Miguel de la Madrid, y la empresa estrella en ese tiempo perteneciente al estado, Telmex, le fue vendida al empresario que todos saben y que gracias a la ganga que entonces le representó la telefónica del Estado mexicano, pudo despegar rumbo a la riqueza que lo convertiría en uno de los hombres más acaudalados del planeta.
A lo largo de los años transcurridos desde la privatización telefónica, todavía nos seguimos preguntando ¿cuál fue el beneficio obtenido por el Estado con la venta de la paraestatal al midas mexicano? ¿De qué sirve a los ciudadanos que todo el espacio mexicano sea territorio Telcel? Cada vez que se nos recuerda que los costos que pagamos por telefonía tanto fija como móvil son de los más altos en todos los países y que el monopolio privado no se distingue por el buen servicio, cuando estamos en las largas filas buscando ser atendidos, no puede uno menos de preguntarse ¿Para eso nos sirvió la privatización de Telmex?
Y la otra dramática historia sucedida en el sexenio zedillista, la del quebranto de los bancos mexicanos privatizados y rescatados financieramente por el estado en apoyo a sus poderosos dueños, que desposeyera de sus bienes y hundiera en la miseria a millones de mexicanos y que todavía y durante muchos años seguiremos pagando en detrimento de programas y acciones de desarrollo que beneficien a todos los ciudadanos.
No es gratis entonces la animadversión que medio país le tiene a los procesos privatizadores y ésta no responde precisamente a una cuestión de ideología, sino a las consecuencias que pueden generarse en el bolsillo de los mexicanos, de por sí cada vez más vacíos. Por ello la desconfianza sobre la iniciativa de reforma energética enviada al Senado por el titular del Ejecutivo ha generado tantas reacciones en contra, agravadas por la urgencia que ha demostrado el inquilino de Los Pinos en su aprobación y que no pudo llevarse a efecto por la oposición que Andrés Manuel López Obrador y el FAP encabezaran obligando al Senado a la organización del debate en torno a la mentada reforma, porque a pesar de lo que socarronamente Francisco Labastida señalara en el sentido de que ya se tenían previstos los debates, a la opinión pública le quedó muy claro que esto no era así, que si no se hubiera dado un movimiento organizado en torno a la exigencia de abrir foros y presentar en la sede senatorial las opiniones de juristas, técnicos, intelectuales, dirigentes políticos y gobernadores, difícilmente los ciudadanos nos habríamos enterado ni siquiera de las discusiones de los mismos parlamentarios sobre las iniciativas, mucho menos de sus contenidos y sus alcances o consecuencias.
Así las cosas, el Senado organizó los foros que dieron comienzo con la fundamentación de la iniciativa enviada por el Ejecutivo y que la secretaria de Energía del gobierno calderonista, Georgina Kessel; el director general de Pemex, Jesús Reyes Heroles, y los directores de Producción y Refinación de la paraestatal, presentaron y defendieron ante los parlamentarios e invitados en el espacio senatorial.
A lo largo del mes de mayo, cuatro han sido los foros que se han desarrollado en torno a la reforma energética que es más bien la reforma a Pemex y de las opiniones emitidas por los diversos participantes, ha ido quedando la percepción de que la mayoría de los ponentes se han manifestado contrarios a la aprobación de la reforma tal y como se presentó; igualmente, para la mayoría de los juristas participantes, la iniciativa resulta violatoria de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos.
En ese contexto del debate, aunque fuera de la sede del Senado, también se han expresado otras voces que cuentan con la experiencia en el tema, como la del ex director de la paraestatal, Francisco Rojas, quien ha señalado que «lejos de fortalecer a Pemex, la propuesta de reforma energética continúa debilitando a la paraestatal y terminará por convertirla en una simple administradora de contratos».
Considera el presidente de la Fundación Colosio que «el objetivo que tiene es el de establecer una industria petrolera integrada privada, paralela a la reservada constitucionalmente a Pemex y que no se delimite en la iniciativa de ley reglamentaria del artículo 27 constitucional, con absoluta claridad, las áreas reservadas al Estado en forma exclusiva y aquellas en las que pueda participar el sector privado en colaboración y bajo la dirección del organismo.
Entre otras consideraciones Carlos Rojas señala que «obviamente la causa fundamental de la descapitalización de Pemex, pues es el régimen fiscal con que el gobierno federal ha usado a Pemex como la caja grande de las finanzas públicas y ahora estamos sufriendo las consecuencias porque se han petrolizado otra vez las finanzas públicas y estamos teniendo el 40 por ciento de los ingresos del presupuesto federal por medio de la renta petrolera».