Opinión

MORELIA
Vivilladas
El pueblo y el síndrome de La Patita
Cada día que pasa es más complicado cubrir las necesidades de la familia; conseguir los alimentos se ha convertido en verdadera odisea. Ganar dinero es difícil, pero gastarlo se logra en un dos por tres
Gilberto Vivanco González Viernes 20 de Junio de 2008
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Ya sea con canasta de mimbre, con bolsa de pita o de contaminante plástico, pero una cosa es cierta: la gente, cuando va al mandado, gasta mucho y surte
poco; decimos surte poco pero de mercancía porque a los políticos encargados de la economía y al presidente de la República los han de surtir por todos lados, ya que los precios están por las nubes y los salarios por los suelos.
Cada día que pasa es más complicado cubrir las necesidades de la familia; conseguir los alimentos se ha convertido en verdadera odisea. Ganar dinero es difícil, pero gastarlo se logra en un dos por tres. El escenario no es nuevo en el país ya lo reflejaba la canción de Francisco Gabilondo Soler, Cri Cri, «La patita», compuesta en 1934, misma que «va corriendo y buscando en su bolsita centavitos, para darles de comer a sus patitos, porque ya sabe que al retornar toditos ellos preguntarán:-¿Qué me trajiste, mamá? ¡Cuá, Cuá! ¿Qué me trajiste, mamá? ¡Cuá ra cuac cuac!» centavitos que también buscan las amas de casa porque las monedas, por arte de magia, desaparecen en la compra de pocos productos; lo que comprueba el bajo nivel adquisitivo de la población que, cada sexenio, tiene la esperanza de que la expectativa mejore, pero (como ha ocurrido sin excepciones) a unos cuantos meses del actual gobierno, no le queda más remedio que ubicarse en la penosa realidad… todo sube como espuma de cerveza.
Lo sorprendente es que el mandatario nacional por medio del aparato de comunicación social presenta un reflejo, de lujo, de la sociedad mexicana, que si la vieran en otros países, que no supieran nada de la pobreza existente, dijeran que estamos en la gloria o que por lo menos vamos pa´llá que volamos. Puro cuento. El suplicio es sobre todo, de las señoras que pasan las de Caín para estirar lo más que pueden los escasos billetes que el marido ha conseguido o ellas han ganado; por lo tanto utilizan la estrategia de la famosa protagonista de la canción a la que hemos hecho referencia: «La patita, de canasta y con rebozo de bolita, se ha enojado por lo caro que está todo en el mercado, como no tiene para comprar se pasa el día en regatear».
Antes era raro ver a damas según de la alta sociedad, utilizando la técnica del regateo, pero ahora se ha convertido en el pan suyo de cada día. Luego entonces preguntamos ¿qué pasó con las promesas de campaña del buen Filipillo? ¿Qué ha pasado con las estrategias de protección al consumidor y al mercado, de su flamante y obeso secretario de Economía? Nada, porque simplemente, en los meses que tienen en el poder y en aras del libre comercio, se han caracterizado precisamente por eso: por no poder enderezar el barco, lo que significa que sus intenciones se han ido a un costal de papas, como papas son las que nos echaron… y no precisamente de Barcel.
Alza en los precios… impotencia ciudadana
Los analistas económicos de verdad, no los amateurs como Vivilladas, han realizado estudios y seguimiento sobre la evolución alcista que en los últimos años (todo el sexenio foxista y lo que lleva Calderón) han sufrido los precios de productos básicos, varios son los ejemplos que encontramos, así como varios son los topes que reiteradamente nos damos por no elegir gobernantes sensibles y capaces. Revisemos algunos ejemplos:
Página Doce (febrero de2007): «A pesar de cuatro años de crecimiento económico a ‘tasas chinas’, la pérdida de poder adquisitivo del salario con respecto a los niveles previos a la devaluación es todavía enorme. Por cada canasta básica adquirida en los hogares mediante ingresos provenientes de salarios públicos o informales en diciembre de 2006, en el mismo mes del año 2001, previo a la mega devaluación, se adquirían 2.2 canastas básicas alimentarias».
Diario del Pueblo, México, D.F. (mayo 2007) .- Aumentó casi un 30 por ciento el costo de la canasta básica, por lo que el poder adquisitivo de los trabajadores ha sido aniquilado, ya que gasta un 70 por ciento de su salario mínimo en el consumo de los productos básicos, denunció Mario Alberto di Costanzo, secretario de Hacienda del gobierno legítimo de López Obrador.
Di Costanzo, quien ha seguido mes a mes y trimestre por trimestre el comportamiento de los precios de la canasta básica, señaló que «durante los primeros siete meses del año, los precios de 42 productos que componen la canasta básica se incrementaron 27.7 por ciento; de entre ellos, el aumento en los que son alimentos ha sido aún mayor: de casi 30 por ciento». Hasta aquí las citas.
La verdad es que el ambiente no está para bollos; hace dos días, en un esfuerzo desesperado, Felipe Calderón pactó un acuerdo con sectores industriales comprometiéndose a no subir los precios de 150 productos (no lo harán porque ya lo hicieron) esperando que otros grupos se sumen; la medida es conveniente pero no contundente: la mayoría son productos enlatados, quedan al margen verduras y legumbres, así como la tortilla, el maíz, el frijol, los blanquillos, entre muchos más. Además, quizá la medida sea un respiro empresarial para detener, hasta cierto punto, el reclamo de aumento salarial emergente… no dan paso sin guarache.
El panorama alimenticio es lamentable, lo que obtiene la tropa apenas le sirve para medio comer, y ¿dónde quedan las necesidades de vestido, calzado, educación, salud y recreación? No lo sabemos, de lo que sí estamos convencidos es que la situación está para llorar y se agrava al sumar la conducta de uno que otro desobligado; de modo que ya podemos imaginar el desenlace, mismo que La Patita vivió en carne propia y que algunos mexicanos seguimos viviendo, cheque y verá: «Sus patitos, van creciendo y no tienen zapatitos, y su esposo es un pato sinvergüenza y perezoso que no da nada para comer, y La Patita pues ¿qué va a hacer? Cuando le piden, contestará: -¡Coman mosquitos ( y nosotros diremos también): lombrices o nopalitos ¡cuá ra cuac cuac!».