Morelia

476 aniversario de Morelia
Josafat Pérez Jueves 18 de Mayo de 2017
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Morelia, Michoacán.- Por órdenes del Virrey Antonio de Mendoza, en acuerdo con varios españoles establecidos en Michoacán, el 18 de mayo de 1541 se realizó la fundación de la Nueva Ciudad de Mechuacan en el otrora valle de Guayangareo, con la intención de conformar una capital dónde establecer los poderes civiles y eclesiásticos, para centralizar así la administración del territorio.

En 1577 toma el nombre de Valladolid, por orden del Rey Felipe II y luego de la muerte del Obispo Vasco de Quiroga, quien durante su mandato se opuso a la titularidad de la Nueva Ciudad ya que Pátzcuaro ostentaba el título de Ciudad de Mechuacan, por lo que el asentamiento recién fundado tuvo que cambiar su nombre a Ciudad de Guayangareo, antes de ser llamada Valladolid.

Posteriormente, siete años después de finalizada la Guerra de Independencia (1821), el Congreso decidió sustituir la nomenclatura por Morelia, en clara alusión al "Siervo de la nación", José María Morelos y Pavón, y el 12 de septiembre de 1828 se oficializó el nombramiento, en gran medida, para borrar la memoria de opresión y esclavitud colonial antes de la Independencia.

Al día de hoy, después de establecerse en el Valle de Guayangareo, antiguamente poblado por haciendas de veraneo, propiedad de acaudalados peninsulares, la "ciudad de tres nombres", como la llamara el cronista Xavier Tavera Alfaro (1925-2015), enfrenta problemas de varias índoles, siendo uno de ellos el crecimiento exponencial de su mancha urbana y la inexistente planificación para regular dicha expansión territorial.

Inherente al desarrollo urbano están las necesidades por abastecer de servicios básicos a una población estimada en cerca de un millón de habitantes, dentro de la zona conurbada del municipio. En las periferias de la ciudad, colonias establecidas y asentamientos de paracaidistas, es más notable la carencia de servicios y la iniquidad en la aplicación de recursos para obras públicas y servicios.

Sesión solemne del Cabildo de Morelia
Sesión solemne del Cabildo de Morelia
(Foto: Carmen Hernández )

Ante un crecimiento urbano "planificado" a modo, el desarrollo inmobiliario de alta plusvalía lo disputan hoy por hoy, dos conocidas familias en abierta complicidad con los gobiernos locales y estatales que han administrado la Ciudad de la cantera rosa.

Aunado a esto, el transporte público y privado comienza a ser otro problema urgente a resolver en aras de una movilidad más eficiente; no a partir de más vialidades y derechos de circulación para los automovilistas, sino en base a la regulación del del transporte público, que implica el desmantelamiento de sus mafias, así como la la restricción del uso de vehículos particulares bajo iniciativas en pro de la calidad del aire en la ciudad.

Mientras la inversión en obra pública no se aplique en proyectos orientados a solucionar de fondo problemáticas concretas como el abasto y la distribución de servicios, la contaminación de presas y ríos, el acceso a servicios de salud, el monopolio de la circulación generado por los automotores, entre otras, y únicamente se gaste en acciones paliativas que sirvan a los gobernantes como botín electoral y caja chica, la planificación del municipio, aún con proyecciones a largo plazo, quedará en mera retórica política, en el ámbito del discurso.

Morelia, metrópoli en crecimiento y con síntomas visibles de colapso a corto y mediano plazo, se encuentra a tiempo de transformarse en una ciudad-laboratorio dónde poner en práctica obras y políticas públicas alternativas, a fin de no repetir los errores y horrores manifiestos en megalópolis como la Ciudad de México, Guadalajara o Monterrey; ciudades que, ante el crecimiento demográfico y las problemáticas implícitas, no pueden sino mitigar sus malestares con paliativos.