Escenarios

Otorgarán el Premio Gaviota Internacional al escultor moreliano José Luis Retana
Omar Arriaga Garcés Martes 11 de Julio de 2017
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Morelia, Michoacán.- Luego de recibir la Presea Melchor Ocampo en 2015 por su trayectoria, este 25 de agosto en Chicago, Illinois, la Fundación Isidro Fabela entregará al escultor moreliano José Luis Retana Padilla el Premio Gaviota Internacional que desde 1995 reconoce a figuras de diversos ámbitos.

De acuerdo a la propia fundación, los premios se conceden “a las personalidades más destacadas por el esfuerzo, la constancia y la perseverancia que han demostrado durante su trayectoria en los diversos géneros, como son: artístico, deportivo, periodístico, cultural, empresarial, social o de comunicación, entre otros”.

En ese sentido, la trayectoria de Retana Padilla, con más de 40 años de labor escultórica, que iniciara en los 60 en el Instituto Michoacano de Arte Popular del Barrio de Capuchinas en el Centro Histórico de Morelia, recibirá un nuevo reconocimiento por su obra, diseminada al menos en dos continentes y que algunas fuentes sitúan en 70, si bien el cálculo pareciera más bien conservador.

Escultor moreliano José Luis Retana Padilla
Escultor moreliano José Luis Retana Padilla
(Foto: Omar Arriaga Garcés)

El premio



Entrevistado en su estudio cerca del Centro Histórico de la capital michoacana, el artista refiere que el nuevo galardón no es para una obra en particular, sino para su trayectoria: “La Fundación Isidro Fabela tiene alrededor de 20 años premiando a gente que consideran de importancia y es de talla internacional.

“Hacen una investigación de determinadas áreas: música, artes, cultura, política y otras diferentes, y sacan a personajes destacados para darles este reconocimiento, Gaviota Internacional.

“Tiene muchos seguidores en Europa. Es allá donde por lo regular se entrega, aunque también se ha entregado en México, América del Sur y ahora es en Chicago, donde está la mayor fuerza de la fundación”, expone Retana Padilla.

Cuestionado sobre sus sensaciones por el premio, afirma sentirse inquieto: “Me llena de mucho nervio, me preocupa, porque no conozco a nadie de las personas que me han hecho el favor de honrarme, únicamente por teléfono.

“Sientes que no has recorrido el camino, que es corto y ahorita te hacen pensar y reaccionar por las horas de vuelo que no habíamos considerado; eso te llena de emociones: entre el nervio para quererte superar, es algo que te refresca, una especie de acicate para motivarte a dar más”, expresa.

Inicios



El autor de la Fuente de las Tarascas en bronce, del año 1984, escucha el silencio de su taller y pide a su asistente que vuelva a poner música, pues un concierto de la denominada música académica -que pareciera del romanticismo alemán- acaba de terminarse. Después de que reinicia la música, retoma la conversación.

“Son más de 40 años de trayectoria, es muy largo el camino que hemos recorrido; estudié en la Academia de San Carlos en la Ciudad de México y seguí dando clase ahí como maestro de artes. Pero dejé eso para dedicarme de lleno a mí mismo y vine a Morelia”, dice.

Entonces, recuerda que fue a finales de 1980 cuando compitió en un certamen convocado por la Casa Domecq -“que hoy ya no existe”- en el que resultó ganador, y uno de cuyos premios fue poder colocar una de sus esculturas, “Monumento al toro bravo”, en el Jardín del Arte del Bosque de Chapultepec.

“Es en un lugar al que se le llama el ‘Paseo de las Esculturas’ -o de los Escultores-, bajando de Los Pinos; el monumento tiene tres metros de alto por cinco de largo, lo gané como premio en ese concurso a nivel nacional; fue el primer lugar y ahí se colocó el toro en 1981 o 1982”, comenta.

Después indica que a partir de ese momento creó más de 50 esculturas, entre las cuales le fueron encargados bustos de los Hermanos Rodríguez, Pedro y Ricardo, los cuales están en Magdalena Mixiuhca en la Ciudad de México.

Aspectos de su trabajo
Aspectos de su trabajo
(Foto: Omar Arriaga Garcés)

Cálculo



Al preguntarle por un número estimado de piezas que haya creado en sus más de 40 años de trabajo, se lleva la mano a la cabeza, se ajusta los lentes y mira hacia arriba. Parece dudar. “Son muchas piezas, muchísimas; en Morelia se daba una cifra: 36 piezas grandes, incluyendo bustos de personajes importantes.

“Si vamos fuera de Morelia, hay esculturas en Hidalgo, Guanajuato, Acámbaro, Tijuana, León, Texcoco, Querétaro, Aguascalientes, Torreón, Chihuahua, Villahermosa (Tabasco), Guadalajara, Veracruz, Habana, Nueva york, Los Ángeles y otras partes de Estados Unidos, Brasil, Argentina, Venezuela, Portugal, España y varios municipios de Michoacán”, menciona.

Aunque hay obras suyas en todos esos lugares, José Luis Retana explica que no ha ido a la colocación de los monumentos en cada ocasión, y externa sobre su número que en algún currículum deben estar enlistadas una por una, pero que por el momento “no tenemos el dato siquiera”.

Sin embargo, evoca que si se tratara sólo de esculturas pequeñas -de 40, 30 o 20 centímetros-, “tenemos muchísimas, que no sabemos ni siquiera donde están. Al principio llevas una historia: ¿a dónde fue, con quién quedó esta pieza? Ahora ya se perdió el rumbo”, consigna.

En su propio taller hay más de una veintena de esculturas, algunas de las cuales han sido encargadas por municipios michoacanos, por lo que no parece que el cálculo de 2015 de 70 piezas que algunos medios realizaron -cuando le fue entregada la Presea Melchor Ocampo- sea fidedigna.

Motivos



Si bien el artista no retiene el número de trabajos que ha realizado -que fácilmente deben superar los 100-, indica que “se acuerda de las piezas pequeñas que ha pasado trabajando, por las quemaduras, fracturas y la dificultad; cada una tiene un recuerdo”.

Y entonces comienza a evocar que sólo para la Copa Mundial de Futbol México 1986 le fueron encargadas esculturas que se entregaron al entonces presidente de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA), Joao Havelange; o bien a Pelé, a Maradona, Hugo Sánchez o Manuel Negrete, entre otros: “Bora Milutinovic se llevó como cuatro piezas”, añade.

“De box hemos mucho. Estamos por entregarle una escultura a un boxeador muy importante de Morelia, como un pequeño reconocimiento; ya está grande el señor, fue nuestro ídolo, un gran campeón, Piñón.

“En el béisbol también tenemos en Villahermosa y otras piezas chicas en muchas partes de la República; de charrería otra vez se pierde la lista por la cantidad: hemos cubierto con la Casa Domecq por 30 años en todo el país”, alude sobre los certámenes de charrería en los que trabajos suyos eran parte del premio.

Agrega que fue gracias a esa labor itinerante y sostenida que perfeccionó su técnica para crear caballos o toros, “para expresar la fuerza, la bravura, el temperamento de su forma de ser y entenderlos”.

Agrega haber montado toros de jaripeo y caballos, y sobre su silla en su escritorio, con la música que inunda la conversación, hace el movimiento, como si trepara sobre uno de lidia.

“En la fiesta brava he hecho muchas esculturas pequeñas de toros, de encierros de ganado de lidia, de jineteo de toros, monumentos de toreros como el de la Monumental de Aguascalientes, a Rafael Rodríguez, donde se hace la Feria de San Marcos”, cuenta.

En Texas, Estados Unidos, los trabajos que más le piden son de vaqueros, -“cowboys”, profiere- y explica que la suerte para lazar el becerro en movimiento y atarlo rápidamente “es uno de los momentos más importantes”, lo cual ha inmortalizado en bronce, único material que trabaja.

Puntualiza que a diferencia de los toros de México, en Estados Unidos estos animales tienen una mayor corpulencia, y de ahí da un salto hasta los motivos indígenas.

“Tengo de la cultura purépecha, de pescadores, de mariposas, de los irechas. Había una escultura en el Centro de Convenciones que ahora está en Zacán, son motivos que han gustado mucho”, describe.

Advierte que en los desnudos y en las esculturas ecuestres, los cuerpos humano y equino son “muy difícil de hacer”, pues en ambos casos se debe cuidar la “armonía muscular” y la “expresión”, sobre en masa muscular y en las orejas en el segundo caso: “Un desnudo es de lo más difícil también: cuidar la armonía física del cuerpo. Pero es una suerte poderle a esto, gracias a lo que hemos estudiado”, articula, para luego apuntar con el dedo hacia un gladiador que lucha con un león, los cuales está por concluir.

Temperamento



Al nacido 14 de agosto de 1952 se le pregunta por su edad: “Siempre he dicho que no tengo edad, no sé, no la recuerdo”, acota.

Retana Padilla agrega a los motivos que maneja los de figuras heroicas y religiosas, y evoca en Dolores, Hidalgo, a un don Miguel Hidalgo de siete metros de alta si se toma en cuenta su estandarte y 15 metros, si se parte desde el pedestal, el cual hubo de ser seccionado en tres partes para poder transportarse.

“Fue el primero del Bicentenario, está vestido de generalísimo”, dice. “Morelos es otro de mis ídolos, tengo una escultura suya a caballo en Tenencia Morelos, que representa su carácter y el brío del caballo”, completa.

Juan Jesús Posadas Ocampo, el cardenal en 1993, fue también centro del trabajo del escultor, que ya terminaba su figura y estaba en el báculo, cuando éste se soltó y vino a golpearlo en el ojo.

“Ya no veía nada. Fuimos al ‘ojista’ y me checó. Dijo: ‘¿Pues que te pasó?’. Tenía rayones en el mero ojo. ‘Esto está delicado’. Me parchó. Vino al día siguiente un sacerdote a ver la escultura y le encantó. Lo que le faltaba era el báculo.

“Me vio el sacerdote y dijo: ‘Esto fue cosa del cardenal, era muy travieso’. Se empezó a reír y yo con mi dolor. Al día siguiente tenía que ir al oftalmólogo de nuevo. Me quitó el parche y me comento: ‘El otro día venías bien mal, ahora no tienes nada’.

“Ya ni me ardía ni nada. ‘Te lo dije’, me dijo el padre la siguiente vez que lo vi, ‘que era una broma’. Así pasan cosas. Nos hemos fracturado en serio y lastimado, pero no ha pasado a mayores, por fortuna”, relató.

Expuso que en el caso de los bustos, es preferible conocer a la persona o platicar con quienes le conocieron -si ya falleció- para tener una idea de quiénes eran: “Hay que entender el temperamento para poderlo desarrollar”, afirma Padilla Retana, quien saca un álbum fotográfico y muestra una estatua de Pedro Infante, otra de una pelea de gallos, bustos diversos, otro Morelos, suertes de charrería y el mejor gol de México 1986, de Manuel Negrete.

Reitera, sobre el Premio Gaviota: “Estamos muy honrados con la distinción, es un honor y una sorpresa sobre todo; no me lo esperaba. Es un orgullo que no te envanece sino que te motiva.
No sé de qué sirve el premio, pero anímicamente sirve, y más que sea mundial. Es muy interesante”, expresa, para continuar la labor con su asistente, inmerso en la música, mientras ordena algunos documentos y pregunta qué escultura es la que está por entregarse.