Escenarios

'El soplador de estrellas' en La Ceiba
Omar Arriaga Garcés Lunes 17 de Julio de 2017
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Morelia, Michoacán.- Mediante un sofisticado mecanismo digital, Maestro Bornolio logra apagar las estrellas del cielo como si fueran velas en un pastel; su objetivo: pedir deseos para que el mundo sea un lugar mejor, si bien los periódicos continúan dando cuenta de que las cosas van mal, como su asistente Cibelina le hace ver.

Dentro del proyecto “La vuelta al sol, un año de funciones”, que estará los días 21 y 28 de este mes a la misma hora
Dentro del proyecto “La vuelta al sol, un año de funciones”, que estará los días 21 y 28 de este mes a la misma hora
(Foto: Omar Arriaga Garcés)

Tal es la premisa de El soplador de estrellas, obra escrita por Ricardo Talento y dirigida por Ruth Merchán, que METRO Laboratorio Escénico estrenó el viernes 14 de julio a las 19:00 horas en el Foro La Ceiba de la calle Vasco de Quiroga 301 en la colonia Vasco de Quiroga, dentro del proyecto “La vuelta al sol, un año de funciones”, y que estará los días 21 y 28 de este mes a la misma hora, con Sergio Alonso y Edlyn Arroyo como asistente de dirección y productora, respectivamente.

Mejorar el mundo



Aunque se trata de una propuesta de teatro infantil, Cibelina -interpretada por Laura Camacho- y Maestro Bornolio -Mario Arroyo- plantean cuestiones álgidas.

Cuando el segundo siente curiosidad por ver lo que su soplido de estrellas ha traído para el mundo, la primera le brinda una respuesta que sólo en principio parece prometedora. Pero la realidad se impone.

“Somos el primer lugar...”, comienza Cibelina y Maestro Bornolio se siente esperanzado, “el primer lugar en obesidad y violencia infantil”, señala. “Hemos logrado enviar un cohete a la luna”, expresa ella, en tanto que él sonríe, “... un cohete lleno de basura”.

“Seguimos creciendo…”, indica Cibelina, “en pobreza, falta de agua potable y educación”, dice tras hojear los diarios, con lo que Maestro Bornolio pierde la sonrisa.

A decir verdad, luego de que pegara anuncios para solicitar una asistente que le ayudara sobre la azotea en que vive con sus locos designios, Maestro Bornolio no esperaba que Sibilina fuera a ponerse en su contra en eso de soplar estrellas.

De hecho, en un inicio ella es tan complaciente que le dice que puede llamarla de la manera que mejor le plazca, lo que desemboca en Cibelina; con todo, le parecerá que lo que Maestro Bornolio hace va en contra de las leyes naturales y acaso sea tan terrible como los males que busca erradicar: “Asesino de estrellas”, le llamará por ello.

¿Un cielo sin estrellas?



Maestro Bornolio le llevará un pastel con una lucecita y le pedirá que la sople; le preguntará entonces si ha pedido algún deseo, a lo que ella contestará afirmativamente. Él, de tal modo, le hará ver que si una vela puede generar un deseo, una estrella podría significar “miles de miles, millones de millones de deseos”, que Maestro Bornolio pide para los demás.

Porque en las calles hay niños sin casa, guerras, gente sin nada qué comer, basura, niños sin jugar por la violencia, personas que ya no sonríen. Y pese al increíble sistema que Maestro Bornolio emplea, las cosas parecen no cambiar.

Desesperada, Cibelina lo amenazará con ir a la policía: “Nadie se va a preocupar por mirar hacia el cielo; además, esos tipos no hacen nada”, responderá Maestro Bornolio, quien comentará también que quizá cuando un día llegue la noche y el cielo esté vacío la gente se pregunte qué fue lo que pasó con las estrellas y entonces hagan algo.

No obstante, antes de que eso suceda Cibelina decidirá tomar en sí misma el destino del firmamento y, aun en contra de la voluntad de Maestro Bornolio, actuará. Tal situación propiciará una separación entre los dos personajes que, “pasados tres días con sus noches”, se darán cuenta que hay cosas más importantes en el camino para tratar que el mundo sea un mejor lugar, como puede ser el amor.

Una entretenida propuesta de METRO Laboratorio Escénico que hará reír a los niños y a los mayores, con algunos pasajes de franca nostalgia -ayudados por el “Claro de luna” de Claude Debussy-, aunque también con un soplo esperanzador.