Escenarios

La bitácora de Alfonso Reyes este viernes en el Colmich
>>La obra del escritor mexicano es un océano por su extensión e importancia
Omar Arriaga Garcés Miércoles 9 de Agosto de 2017
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Morelia, Michoacán.- Valor histórico y valor social -sostenido sobre una investigación que trata de ofrecer los textos más fieles al original- son los que destacó el catedrático de la UAM, Víctor Díaz Arciniega, sobre el Diario de Alfonso Reyes, cuyo sexto volumen estuvo a su cargo y del que hablará este viernes 11 de agosto a las 12:00 horas en el Colegio de Michoacán (Colmich).

A pesar de que el investigador tocará la parte técnica de la edición crítica de este libro, expresó que lo primero que se debe hacer ante la magnitud de la obra es “reconocer el valor histórico que en sí mismo tienen estos cuadernos: era una veintena de cuadernos que escribió a lo largo de la vida entera. Empezó hacia 1912 o 1913 y termina en 1959 con su vida”.

Bitácora de viaje



Externó que son muchos años de registro día con día de actividades, por lo que dijo que se puede considerar a los cuadernos como una especie de bitácora, como las que escribían los marinos: “Cualquier navegante debe llevar uno porque ahí registra los hechos de todo, hasta de las corrientes marinas.

Alfonso Reyes
Alfonso Reyes
(Foto: Especial)

“Guardando proporciones y usando una analogía, Alfonso Reyes hacía lo mismo, como era un hombre muy muy ocupado que tenía una conciencia de su lugar y de lo que estaba haciendo, escribía”, señaló el catedrático de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Unidad Azcapotzalco.

En ese sentido, explicó que Reyes ingresó a trabajar al servicio diplomático de México en 1913, como parte del Consulado en Francia, lo que entonces se denominada Legación en Francia, por lo que tenía necesidad de llevar un registro “muy minucioso”, el cual continuó al escalar de segunda secretario a embajador: “Llevaba diario y agenda, resultados y actividades, citas, encuentros, visitas, la lista es enorme; evidentemente, desde 1913 a 1939 -cuando fue diplomático- tuvo mucha actividad, la cual lo deja encarrilado para el resto de su vida”, esto en la esfera cultural del país, comentó Díaz Arciniega.

El historiador dijo que el otro valor del Diario de Alfonso Reyes es el que muestra la vida pública del escritor mexicano, “pública en el sentido literal de la palabra: no podemos perder de vista que estaba en una enorme cantidad de actividades, de la comunidad intelectual que se llama ahora, con escritores, políticos, académicos, etcétera”.

Añadió que en esas bitácoras, Reyes dejó los nombres de individuos, lugares, fechas y tareas, algo que subrayará en la charla de este viernes en la Biblioteca Luis González y González del Colmich: “El Diario es el código de una red de relaciones intelectuales que tejió desde sus funciones públicas dentro de los ámbitos de la política y de la vida intelectual en América y en Europa. Parece fácil decirlo, pero es complejísimo”, apuntó.

De igual modo, es de subrayar que el periodo del volumen VI del Diario -que se ubica entre los años 30 y 40- es uno de los periodos más intensos y fructíferos de la vida de Reyes, los que sitúan al diplomático como una suerte de “consultor”: “No como el que tenemos ahora sino como un hombre que es amigo y escucha y ofrece opinión. Pueden ser desde el presidente de Brasil, como Getúlio Vargas, hasta un escritor de segundo vuelo, como Carlos Fuentes, que era entonces un jovencito”, manifestó.

Parte técnica



En el aspecto técnico del volumen, Víctor Díaz refirió que además de una dimensión hermenéutica -interpretativa- y otra filológica, existe también una ecdótica, que “en la filología es la que se refiere a establecer el documento más objetivo posible, más fiable, que se tenga a disposición.

“Consiste en lo siguiente: necesariamente se debe acudir al documento original, los cuadernos del propio Reyes en este caso, manuscritos a puño y letra de él. Él escribía esos cuadernos. Ya hacia 1960 (1969) se hizo una edición incompleta en la Universidad de Guanajuato, es la única que existe publicada antes de lo que emprendimos”, comentó.

Sobre los cuadernos de Alfonso Reyes y sobre esa edición del Diario de 1969 se hicieron añadidos, correcciones, “se desataron abreviaturas, se precisaron fechas, además se le dio una jerarquía tipográfica al volumen y ciertas características”.

Díaz Arciniega indicó que todos esos documentos deben revisarse y cotejarse con el trabajo que hacer los impresores, quienes les entregan pruebas que también se confrontan con los diarios escritos, y aunque a él no le tocó entrar de lleno en la edición de 1969 puntualizó que sí lo hizo “punto por punto, palabra por palabra, en lo que escribió Reyes”, para lograr una versión definitiva.

“Depurar todo y al depurar desatar cada abreviatura, corregir las faltas gramaticales, los nombres propios. A veces hay nombres en alemán, italiano, inglés o español y la forma gramatical cambia; Reyes tenía una a veces y el uso era otro. Había que unificar criterios en acuerdo a los nueve volúmenes”, dijo.

Y aunque pareciera que el trabajo no es tan arduo, los volúmenes del Diario de Alfonso Reyes tienen un tamaño esquela en carpetas engargoladas “de estas de tres hoyitos; ahí fue él escribiendo, numeraba una por una de principio a fin las carpetas... las más de 20 carpetas con las páginas que se pueden salvar, que van del uno al mil y tantos”, acotó, por lo que expuso que se trató de una labor oceánica que once investigadores tuvieron que acometer en conjunto para editar el Diario completo, proceso que inició en 2010 y que concluyó en 2015 con una edición del Fondo de Cultura Económica (FCE).