Escenarios

Este viernes culmina el I Coloquio Internacional Multidisciplinario “Representaciones: horizontes y desafíos”
Omar Arriaga Garcés Viernes 8 de Septiembre de 2017
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Morelia, Michoacán.- Una conferencia magistral sobre el tratamiento que tiene la historia en la tradición pictórica de Occidente fue la que dictó el catedrático Mark Salber Phillips de la Universidad de Carleton en Ottawa, Canadá, este jueves 8 de septiembre a las 18:30 horas en la UNAM Campus Morelia.

Intitulado “Sobre el distanciamiento y el re-distaciamiento. O ¿qué es la historia en la historia de la pintura?”, el texto formó parte del primer día de actividades del I Coloquio Internacional Multidisciplinario “Representaciones: horizontes y desafíos”, que cierra este viernes por la noche.

Salber Phillips realizó una breve introducción al género de la pintura histórica y reflexionó cómo puede ser su futuro con base a su presente
Salber Phillips realizó una breve introducción al género de la pintura histórica y reflexionó cómo puede ser su futuro con base a su presente
(Foto: Omar Arriaga Garcés)

¿Qué era la pintura y qué es hoy?



Con la pregunta ¿qué era la pintura y qué es hoy? Salber Phillips realizó una breve introducción al género de la pintura histórica y reflexionó cómo puede ser su futuro con base a su presente, para lo cual partió del concepto de distanciamiento en la composición pictórica; aunque más valiera decir que, con la presencia del investigador, fue una tercera persona, una mujer, quien dio lectura a la conferencia del nacido en Sudáfrica hace 70 años, que se tradujo al español para los presentes por Aurelia Valero.

Tras citar a Hans-Georg Gadamer -“me parece indudable que el gran horizonte del pasado desde el que vive nuestra cultura y nuestro presente, influye en todo lo que queremos, esperamos o tememos del futuro... La historia está presente”- el texto del investigador explicó que han sido cinco siglos los que tuvieron que pasar para que la “pintura de historia” llegara a lo que es hoy, si bien durante el siglo XX perdió ya su prestigio: “El repliegue del modernismo ha traído nuevas preocupaciones”, se señaló, como el retorno de la figura humana a la pintura, el debate político y moral, las dimensiones de la fotografía, el arte ecológico, así como una mezcla de motivos visuales y verbales en vínculo con el arte conceptual.

Pero, para llegar a ello había que entender “qué era la pintura de la historia”, se comentó en la conferencia, pues al igual que los dioses paganos y los héroes griegos, aparecía en un pintor del siglo XVII como William Aglionby (1642-1705) un elenco con protagonistas del cristianismo y de un repertorio menor, como podían ser los propios personajes de la época: “Es una reunión de muchas figuras en una obra para representar cualquier acción vital, ya sea verdadera o fabulosa, acompañada de todos sus ornamentos de paisaje y perspectiva”, se indicó, además de decirse que se trataba de una tradición en la que de inmediato lo realista y lo mítico se engarzaron, a partir de los conceptos de “dignidad” y “superioridad” por parte de las figuras representadas.

Después, en 1671, surgió un debate que hasta la fecha no se ha zanjado, entre si era más preeminente una pintura en la que el color tuviera más peso, o si era preferible que la línea ocupara el papel central, misma que se ilustró con Rubens y Poussin, en la cual intervinieron italianos, franceses y, más tarde, británicos, con la consideración de que nada había en la pintura que fuera más “excelso” que la representación del cuerpo humano, en tanto que la historia y el mito, las alegorías y los misterios, compartían las telas.

Los siglos XVIII y XIX



En el siglo XVIII, con Benjamin West (1738-1820) con cuadros como “La muerte del General Wolfe” hay un cruce de ambas tendencias y se da un punto medio entre lo intemporal y lo contemporáneo, momento en el que el conferencista sudafricano refiere que surge en este periodo un re-distanciamiento en la “pintura de historia”, que se manifiesta como una gama de perspectivas asumidas por el pintor, no sólo en el tiempo y en el espacio, sino entre lo lejano y lo cercano, pero sobre de manera relacional, entre los diversos elementos que se emplean.
Surge entonces con más fuerte la jerarquización en lo representado, la “pintura de historia” asume una dignidad similar a la que tenían el clero y la corte en la Europa de ese siglo y el re-distanciamiento se torno un concepto útil para los pintores, en tanto que el investigador apuntó que esa distancia se da de cuatro modos: como forma, como afecto, llamamiento e inteligibilidad, gracias a los medios y convenciones, retóricos y estéticos, que había para la representación.

En el siglo XIX la pintura de historia se vuelve además “historicista”, luego de Kant y gracias a los románticos alemanes, en una postura más cercana de la actual que hace surgir una novela de corte histórico y una ópera con temas semejantes, con un nacionalismo secular, en tanto que el arte se toma como la voz del público y ya no como “monopolio de príncipes y cardenales”, si bien los grupos más reaccionarios buscaban que la pintura permaneciera como algo sagrado, inalterable, y no tendiera al cambio y al perspectivismo, fusión que en la conferencia fue ilustrada con la figura del pintor David Wilkie (1785-1841), que acerca lo histórico con lo divino para, después, pasar a Eugène Delacroix (1798-1863), ya totalmente imbuido en el espíritu romántico, cuya obra inicial es de corte sacro y poético, inspirada en temas de la tradición griega y europea, pero que en una segunda etapa busca temas novedosos.

De él, “La libertad guiando al pueblo”, tela de 1830, fue por supuesto el trabajo que Salber Phillips destacó, al ser una pintura de historia de gran alcance y ambición épica que, sin embargo, muestra algunas de las contradicciones que el historicismo puso al descubierto.

La pintura de historia hoy



La parte final de la exposición mencionó autores como Diego Rivera o Picasso, así como a Henry Moore, Paul Nash, Stanley Spencer o Jacob Lawrence -estos últimos tras la Primera Gran Guerra- comprometidos con la historia, pero se detuvo en los de la segunda parte del siglo XX, tales como Anselm Kiefer y Gerhard Richter, que cuestionan la construcción del pasado y de la historia, al ser jóvenes que viven de cerca la Segunda Gran Guerra o que son posteriores a ella.

“Kiefer es más cercano a las tradiciones anteriores, a la grandeza y a la afectación; reivindica a Paul Celan y busca materiales más inusuales”, como el tema de los campos de exterminio, por ejemplo; mientras que en Richter hay más mesura, pues su técnica borra o desvanece los colores, lo que ya es en sí una especie de “distanciamiento multiplicado”, toda vez que busca amplificar el misterio. “Se agradece su mesura ante las imprudencias”, acotó el conferencista.

Se analizó “La cena” de Judy Chicago, poderosa mezcla de ausencias, entre celebridades y dioses, con un tono mítico y moderno, fabuloso y legendario, con un simbolismo artesanal, una pintura de historia no convencional, para luego dar paso a Dexter Dalwood, quien también fusiona lo exótico con lo cotidiana, la cultura pop con lo conceptual y se remite -al igual que Richter- a acontecimiento recientes, buscando que sea la imaginación humana la que complete la imagen entrevista, lo que él mismo interpreta como una marca de esta época, cifrada en la desaparición de la figura humana, el vacío de edificios, la pérdida.

El pintor canadiense Kent Monkman, indígena y anticolonialista, fue el último en comparecer, del cual se mostraron obras incluso de 2017 en las que critica fieramente los casos de las Escuelas Residenciales y la desaparición y asesinato de las miles de niñas y mujeres indígenas en ese país, mientras que como conclusión se dijo que para entender este tiempo es necesario tomar en cuenta las cuatro categorías con las que el distanciamiento se presenta desde hace cinco siglos en la pintura histórica, pues aunque se trata de un género que ha evolucionado y que ya no se manifiesta en un sentido clásico sigue teniendo resonancia al día de hoy, pues es el ser humano el que reinterpreta la historia una y otra vez gracias a su propia experiencia, por lo que la labor de re-lectura no termina.