Escenarios

El amplio recorrido del Colectivo Artístico Morelia en la literatura michoacana
Omar Arriaga Garcés Viernes 1 de Diciembre de 2017
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Morelia, Michoacán.- Además de publicar más de 60 cuadernos de narrativa, 20 de ensayo, casi 120 de poesía y más de 120 de dramaturgia, el Colectivo Artístico Morelia realizó por 20 años el Congreso Mexicano de Letras y organizó por otros trece el Premio Nacional de Cuento Carmen Báez.

Así lo dijo en entrevista José Luis Rodríguez Ávalos, director del colectivo, que este sábado a las 11:00 horas en la Casona del Teatro realiza la mesa “Periodismo, gobierno y sociedad” para celebrar el aniversario XLIII de su fundación, en tanto que el domingo a las 10:00 horas transmitirá el programa radiofónico Ex Libris, desde el mismo recinto de la calle Aquiles Serdán 35 en el Centro Histórico.

Y es que para la agrupación el registro y la difusión de la literatura en Michoacán es de suma importancia, “un trabajo que las instituciones no han hecho” y que pasa por la recuperación del material de quienes están escribiendo actualmente.

José Luis Rodríguez Ávalos, director del colectivo
José Luis Rodríguez Ávalos, director del colectivo
(Foto: Omar Arriaga Garcés)

“Gente joven, adulta, ancianos, ancianas, que hacen trabajo de escritura; lo que los periódicos no aceptan: ninguno tiene áreas donde mandar trabajo, no difunden. Eso debería ser obligación del periodismo. Las instituciones tampoco lo hacen.

“La Secum (Secretaría de Cultura de Michoacán) hace unos concursos anuales que dependen del presupuesto federal; el gobierno no ha invertido en eso, todo lo que se hace en inversión es en presupuesto de la Federación y a veces no pagan siquiera a quienes ganaron el premio ni los publican”, externó.

Rodríguez Ávalos consideró que a partir de esa mecánica hay una mala práctica de esa institución, ya que por medio de concursos realizados anualmente “es más fácil apoyar a una persona: a la que ganó. Los demás perdieron, perdieron la oportunidad; a lo mejor cuando uno sea ancianito empieza a publicar”, expuso, en vez de desarrollar el potencial de más personas.

Por esa razón, el colectivo comenzó a imprimir desde hace más de 25 años textos literarios de al menos cuatro géneros: Narrativa, Poesía, Ensayo -“Cuadernos del Populacho”- y Dramaturgia -“Colección Libretos”-, sin mencionar que en 1996 inició con el Encuento, una reunión celebrada en Morelia donde se invitó a reflexionar a quienes escribieran cuentos en el estado.

Congreso Mexicano de Letras y Premio Nacional de Cuento



El también dramaturgo expresó que hacia 1996 la situación del cuento en Michoacán era más precaria, ya que -si bien había mucha gente en poesía que publicaba en revistas nacionales e internacionales- no se sabía nada del cuento: “Ha sido como el patito feo de la literatura en el estado y queríamos ver la salud de la narrativa”.

Con ello en mente, el Colectivo Artístico Morelia convocó al Primer Encuento, efectuado en el Primitivo y Nacional Colegio de San Nicolás de Hidalgo, a donde acudieron unos 300 escritores, de municipios de Michoacán, pero también de otros estados del país; “alguien llegó incluso de El Salvador o de Nicaragua”, acotó Rodríguez Ávalos.

Después de tres ediciones, por la cantidad de participantes, el Encuento se convirtió en punto de reunión que no se limitó sólo a ese género narrativo: “No llegaban sólo cuentistas sino poetas. Lo abrimos completamente y se llamó Congreso Mexicano de Letras. También llegaban periodistas que hacían crónica”.

Rodríguez Ávalos dijo que aunque mucha gente cree que el periodismo no es literatura, es un tipo de publicación con gran valor cultural, en cuyo ejercicio plumas como la de Gabriel García Márquez se han formado.

A uno de dichos encuentros concurriría la Universidad Iberoamericana con su Departamento de Doctorado en Letras, que fue con doce investigadoras: “La mujer destaca más en la literatura. Otra cosa es que sean premiadas”, comentó el director del Colectivo Artístico Morelia, quien refirió que por desgracia este país está sumido en un patriarcado en el que los hombres continúan con sus privilegios.

Unos años más tarde, el colectivo creó también el Premio Nacional de Cuenta “Carmen Báez”, que tendría trece emisiones, con el que se buscaba despertar el interés de los escritores del país “por la sencilla de razón de que querían publicar su libro. Algunos concursos prometían eso y no lo hacían”.

El escritor y conductor radiofónico manifestó que desde un principio llegaron textos de otras partes del mundo, a pesar de tratarse de un certamen nacional: “Es un desconsuelo ver que la Secum lanza la convocatoria para un premio de poesía y les llegan 30 trabajos cuando mucho; teníamos 150, 200 o hasta 300 trabajos”, señaló.

Para no tener las controversias por premiar a autores que tienen relación con el jurado, el colectivo implementó una dinámica propia, que consistía en enviar a tres distintas partes del país los materiales, por lo que quienes decidían a los ganadores ni se conocían entre sí ni se enteraban de la decisión de los otros dos jueces, sino hasta que el fallo se hacía público.

“Aún tenemos algunos libros. El premio era muy pobre. De mil pesos, 500 al segundo, 300 al tercero. Hubo gente de Chiapas y Oaxaca que viajaron, no sé cuántos días, para llegar hasta acá a la premiación. Nosotros les pagábamos el hotel”, recordó Rodríguez Ávalos, quien agregó que tanto el encuentro como el galardón de cuento pusieron al colectivo en el mapa nacional al ser proyectos serios pero llenos de frescura, que le daban un sitio a Michoacán en el país, siendo otorgado en varias ocasiones el Premio Carmen Báez en el Congreso Mexicano de Letras: “Aprendía uno mucho, esa gente venía con trabajos en desarrollo muy importantes”, afirmó.

Las publicaciones del colectivo y la dramaturgia estatal



Pero la labor de registro y difusión de la literatura en Michoacán no ha cesado desde 1974 y el colectivo mantiene su convocatoria abierta a la publicación de textos narrativos, poéticos, ensayísticos y dramatúrgicos, a los autores de la entidad o a quienes residan en otras latitudes pero hayan nacido en el estado que no tengan quién les publique.

“Cualquier gente puede participar, no le cuesta nada más que enviar su material; lo publicamos y le damos difusión. Le entregamos una pequeña cantidad de ejemplares a quien publicó. Son cuadernos muy pequeños”, describió José Luis Rodríguez.

Comentó que antes era más fácil su envío por correo a talleres literarios nacionales, a partir de lo cual se creaban vínculos con escritores, encuentros o jurados. “Ahora el correo es carísimo, un cuadernito de 16 páginas cuesta dos pesos hacerlo pero mandarlo como 30; si lo envíamos a Europa o Estados Unidos cuesta el doble. Ya no lo podemos hacer pero hay otras formas y no tenemos donde guardar las publicaciones, las hacemos no para almacenarlas sino para distribuirlas”.

Explicó en ese sentido que amigos que viajan a otros lugares del mundo distribuyen a veces los cuadernos y que durante un tiempo la representación del gobierno estatal en la Ciudad de México llevó en su valija algunos ejemplares, los que sin embargo en ocasiones se extraviaban: “No se puede confiar en las instituciones en ese aspecto”, expresó.

Sobre quienes los apoyaban en sus viajes, añadió que a la gente de Michoacán le da por recorrer el mundo, por lo que debe haber gente del estado que vende Paletas la Michoacana en el Polo Norte o tacos de carnitas.

Las colecciones de Poesía -con casi 120- y Narrativa -con cerca de 60- se han mantenido estables, aunque Rodríguez Ávalos refirió que la de ensayo llega al número 20, siendo la de escritura para teatro -la Colección Libretos- la que más obras tiene, con poco más de 120.

“Esa colección la empecé porque en 1986 unos reporteros me decían que no había teatro en Michoacán”, evocó el maestro, “en esa época un impresor me dijo: ‘Yo publicaré esa serie’, pero perdió las obras y amoló el proyecto por varios años. Pude empezar a sacarlo hasta 1991, aunque las personas que confiaron en mí ya no me dieron textos. ‘No le des nada porque ése no cumple, los pierde’, decían. Había quedado mal”, expresó.

El 12 de diciembre de 1990 el dramaturgo montó -con Sergio Verduzco en la dirección- una pastorela de su autoría, con la que se llenó el Foro La Capilla de la Casa de la Cultura de Morelia, cuyo texto sería el primer número de la Colección Libretos: “¡Son 120 obras de gente que vive en Michoacán o de michoacanos que viven en otras partes del mundo!”, exclamó.

Y continuó: “Cuestan cinco pesos, no los podemos dar más caros, son delgaditos. Los franceses llaman plaquette a una publicación de no muchas páginas; nosotros les decimos ‘flaquettes’ porque están muy flaquitos los cuadernos, pero a le llama la atención a la gente su colorido... Han servido para la presencia de las letras michoacanas en otras partes, no es algo para que el colectivo se adorne”.

Las ferias del libro y los cuadernos



Casi para concluir, Rodríguez Ávalos manifestó que el Colectivo Artístico Morelia no distribuye en las ferias del libro porque no conviene, al ser el precio de renta de un stand muy elevado, generalmente en dólares: “Necesitaríamos vender 20 o 30 cuadernitos para sacar lo que una editorial con un solo libro. Negocio no es.

“A veces hemos podido ir a las ferias compartiendo stand con alguien. En la FIL (Feria Internacional del Libro, de Guadalajara) había editoriales que nos daban chance; ahora les prohíben tener editoriales ajenas, no programadas: cobran por cada una y ya no se puede. Tampoco es posible vender en los pasillos”, mencionó.

El hecho de que las ferias del libro sean negocios es algo que no se entiende en muchas ocasiones, opinó. “Es mentira que el objetivo sea fomentar la lectura: si una feria no vende libros es un fracaso. Los editores o empresarios salen disgustados por no vender.

“Supón que es gratis el espacio, ¿pero lo demás? Tú tienes que pagar el hospedaje, traslado, alimentación, debes hacer ventas muy altas para que sea redituable. Y eso no ocurre porque las ferias ni siquiera están bien promocionadas”, dijo el escritor.

Adujo que una feria del libro exitosa debe pensarse como negocio y tener al frente a profesionales del libro que sepan cómo meter al mercado los libros, “pero quienes han estado al frente (en las ferias del libro en Michoacán) son por ocurrencias: porque han publicado un libro o leen mucho. Las mejores ferias del libro -la de Frankfurt o la de Guadalajara- están hechas para vender libros”, reconoció.

Indicó que la FIL no cobra por el espacio en la Expo Guadalajara sino por la publicidad que hace para el evento, que se difunde en todo el mundo, gracias a profesionales como los de la Feria del Libro del Palacio de Minería, dos sitios de encuentro que sostienen la Universidad de Guadalajara y la UNAM, en tanto que en el estado la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH) no tiene injerencia en una feria del libro.

“La feria podría ser de la UMSNH, pero ahí no hay ningún profesional del libro, tendrían que contratar a alguien y se requiere un espacio para mil 500, dos mil editoriales, pero donde encuentres libros que no encontrarías en otro lado, con escritores, espacio para comer. El Centro de Información, Arte y Cultura (CIAC), aunque mal construido, sería un buen espacio”, reflexionó.