Escenarios

‘Cuando las estatuas se cansan’, segundo libro de Jaime Garba
Omar Arriaga Garcés Martes 6 de Marzo de 2018
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Morelia, Michoacán.- Trece cuentos reunidos bajo el título ‘Cuando las estatuas se cansan’ constituyen el segundo libro del escritor Jaime Garba, nacido en Zamora en 1984, quien compila en el volumen editado por Ficción Breve (FB) Editorial de Venezuela historias obscuras, relacionadas con cuanto ocurre en la sociedad.

Y es que si bien muchos cuentos se relacionan con el tema del narcotráfico, Jaime García Balandrán tiene claro que lo que debe ser narrado son las implicaciones que para la gente de a pie tiene ese huracán y no el crimen en sí: “Son historias fuertes, no me interesó contar finales felices o redenciones, sino el lado obscuro de ciertos fragmentos de vida de las personas,
una especie de reflejo”, dijo quien no se considera un escritor crítico, en el sentido de que sus palabras tengan implicaciones sociales.

Jaime Garba
Jaime Garba
(Foto: Especial)

“El libro nace como una obsesión por ciertos temas, una especie de catarsis; hay tópicos muy fijos. Con el primer cuento (“Perdónalos”) y el de Cristóbal y Juan de Dios (“Ay de ti, hijo mío”) intenté microficciones”, refirió Jaime Garba, quien trató -a la manera de Vicente Leñero- de situar pasajes bíblicos en un contexto como el de la homosexualidad, humanizando a dios y a Jesucristo, lo que estimó “una crítica más que a la iglesia a la forma en que la gente es hipócrita respecto a lo que predica; confrontando a los personajes con estas situaciones que salen de la cotidianeidad, contra sus demonios; al mismo tiempo parte de mi visión sobre la sociedad”, adujo.

Como Robert Louis Stevenson, García Balandrán reconoció que los cuentos son como cartas que se escriben a los amigos y que, en comparación con la novela, conectan de modo más directo por su precisión y brevedad, en las que los lectores ven reflejadas sus propias historias, sobre todo en momentos como los que se viven hoy día con el crimen organizado; por otra parte, agregó: “Para varios amigos gay era como una metáfora de cómo se confrontaban con sus familias y la sociedad al salir del closet. El cuento tiene un tópico central del cual no se desvía tanto como en las novelas, un punto medular del cual nunca se suelta. Cartas a los amigos, catarsis propias, manifestaciones políticas, sentires sociales, el cuento es una buena herramienta para narrar las pasiones humanas”, expresó el zamorano.

Al preguntarle sobre el título del cuento que da nombre al volumen y su origen, el escritor expuso que ‘Cuando las estatuas se cansan’ surgió gracias a su esposa, quien antes de serlo le contó un sueño: “Esa imagen me pareció poderosa, impactante, la tuve mucho tiempo”, tras lo cual acotó que hizo el cuento, que fue publicado en la revista ‘Revés’: “Es un tipo que se va a suicidar porque no le queda nada, no encuentra el sentido a su vida”. Es así que aprovechó el título del cuento para el resto, ya que eran similares hasta cierto punto: “Son de personas que viven vidas fallidas, de caída al abismo, donde no hay vuelta atrás; esta idea de las estatuas como objetos estáticos durante siglos y que son no como homenajes sino espacios para que las palomas caguen (Renato Leduc dixit), esa imagen me llamó mucho la atención, fue como el centro de todas las historias”, afirmó Jaime Garba.

Las lindes de la escritura



Sobre la escritura del volumen, contó que algunos textos tienen más de diez o doce años. “Está formado en dos partes. Tenía un libro, ‘La cuenta por favor’; hace dos años vi el libro, lo releí y muchos de los cuentos eran muy malos, textos que creíste buenos, únicos, eran malísimos en una revisión a posteriori. Los destruí, los quemé y rescaté tres o cuatro que podían ser publicados con correcciones, y empecé a escribir cuentos de manera esporádica sin pensar en un libro”, los que se publicaron en ‘Clarimonda’, ‘Sin Embargo’ o ‘Revés’, en tanto que uno fue enviado a un concurso y otro resultó de un encargo, entre los géneros de horror y ciencia ficción.

Con ello, Garba tuvo trece cuentos a los que dio forma de libro. El material fue remitido a editoriales en México y, aunque hubo alguna propuesta, nada se concretó, por lo que a mediados de 2017, luego de establecer contacto con dos sellos de Colombia y Venezuela, Ficción Breve comenzó a interesarse.

El nacido en 1984 explicó sobre Alejandra Omaña, quien hace la introducción de ‘Cuando las estatuas se cansan’, haberla conocido por su libro ‘Relatos de frontera’, pues la escritora colombiana vivió en Cúcuta en los 90, donde si bien el sicariato y el narcotráfico no sonaban tanto como en Medellín, era algo común. “Ella narra cuestiones que ocurren mucho en Michoacán: las muertes diarias, tres o cuatro por ajustes de cuentas; peleas de plaza... En Zamora matan gente con este ‘modus operandi’ que se usaba mucho en Colombia: en motocicletas se cometen los crímenes. Desde pequeña le tocaba ver eso, pequeños capos que caían y a los que sucedía otro”, describió, para después comentar que por esa cercanía le pareció atinada la introducción de Omaña, sobre cuyo libro él también escribió.

Al preguntarle si es más fácil o difícil escribir cuentos que novelas, García Balandrán expresó tener mucho respeto por los cuentistas: “Es más difícil hacer cuento que novela; un cuento necesita mucha precisión, muchos tenemos el problema de hacer como pequeñas novelas y no esta concepción tan clara del cuento que tenían Cortázar, Rulfo o Kurt Vonnegut: es mucha exigencia, como correr cien metros planos con toda la fuerza de principio a fin”.

En el caso de la novela, explicó que “es como trotar cinco o diez kilómetros y no acabar tan agotado, es más fácil la novela para un escritor como yo que le da muchas vueltas a las cosas, que se regresa. Estos cuentos son resultado de diez, doce años de escritura entre lapsos. Le tengo mucho respeto a los cuentistas; hacer un cuento completo es complicado, se corre el riesgo del grupo que saca un disco: que dos o tres canciones sean buenas y las demás pasen desapercibidas. Salvo ‘El llano en llamas’ (de Juan Rulfo) son contados los libros de cuentos donde todos sean extraordinarios”, puntualizó.

Aunque el libro sólo se venderá físicamente en Venezuela y no a través de librerías de México, Garba explicó que en Amazon se puede acceder a la versión física y a la digital, además de que destacó la labor y la calidad del trabajo de Roger Michelena, editor de Ficción Breve, comprometido con su trabajo. “Por fortuna, la gente puede conocer el libro y leerlo por esta plataforma, Amazon”, añadió el nacido en Zamora.

Cuestionado sobre sus inicios en la escritura, Jaime García contestó que fue en la secundaria, a la manera en que lo hacía Juventino en ‘El amor en los tiempos del cólera’ de Gabriel García Márquez, quien tras el rechazo de la amada se dedica a hacerle cartas a los enamorados, cuyos frutos se consideran una especie de manual amoroso. “Así comencé yo, así lo hice cuando era adolescente; era muy introvertido, me era difícil hablar con las personas, sobre todo con chicas. Empecé con poemas y cartas que espero estén destruidas, deben ser muy malas. La escritura para mí es una forma de comunicación”, expuso, para decir que fue en el Tecnológico de Jiquilpan donde publicó por vez primera: “Era un poema, y empecé a tomar más en serio la literatura, con la alegría de tener un texto en papel”.

No obstante, García Balandrán se inclinó más por la narrativa y, aunque tiene dos ‘plaquettes’, son sus dos libros los que toma en cuenta, siendo una novela el primero: ‘¿Qué tanto es morir?’ (Ediciones Arlequín, 2016), al que ahora se suma ‘Cuando las estatuas se cansan’.

Para concluir, el autor dijo que su nombre completo es Jaime Miguel García Balandrán, un apelativo como de telenovela, explicó, con el que además no le dejaban publicar en revistas por la extensión, motivo por el que empezó firmando como Jaime García, “mi mamá se ofendía; traté de poner Jaime Balandrán. Ocurrió lo mismo con mi padre y terminé por hacer un apócope. Ahora me ubican así, a estas alturas ya no me conviene cambiarlo”, señaló Jaime Garba a través del teléfono.