Escenarios

Promueven literaturas indígenas a través del Proyecto Originaria.
Omar Arriaga Garcés Viernes 9 de Marzo de 2018
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Morelia, Michoacán.- No es similar el chinanteco al purépecha, así como el aymara de Bolivia o el saami del norte de Europa son diversos del totonaco, ¿qué son entonces las lenguas indígenas?, preguntó la ensayista Yásnaya Aguilar Gil en la primera de cuatro estaciones del Proyecto Originaria.

Dijo también que aunque hay siete mil lenguas en el mundo, sólo 200 son utilizadas, por lo que para el año 2118 al menos la mitad habrá desaparecido, algo que en el caso de México es financiado por el Estado al seguir políticas en las que sólo se privilegia el uso del castellano.

El Colmix (Colegio Mixe) -“una prestigiosa institución pública y comunitaria dedicada a la investigación y difusión de los distintos aspectos de la mixeología”, que abarca “la diversidad biológica, la formación comunal, la musicología, la educación, los derechos, la lingüística... cuenta con investigadores de distintas partes de la región mixe y genera nuevo conocimiento a través de investigación rigurosa y metodología ayuujk con la intención de contribuir al desarrollo del pueblo mixe”- nació como una parodia del Colmex (Colegio de México), pero bien pronto se convirtió en un asunto más “serio”, refirió su integrante Yásnaya Aguilar, durante la charla que sostuvo este jueves 8 de marzo a las 19:00 horas en la cafebrería El Traspatio.

Yásnaya Aguilar Gil en la primera de cuatro estaciones del Proyecto Originaria.
Yásnaya Aguilar Gil en la primera de cuatro estaciones del Proyecto Originaria.
(Foto: Especial)



-Literaturas indígenas


El tema era la literatura en lenguas indígenas y, como las siguientes tres participantes serán poetas: Mikeas Sánchez, Rubí Tsanda Huerta y Nadia Nu Savi, la nacida en Ayutla en 1981 discurrió en torno a la poesía, “como una especie de piso” para las escritoras de habla zoque, purépecha y tu’un savi que vendrán 19 y 20 de abril, 24 y 25 de mayo y 29 y 30 de junio a Morelia, San Francisco Pichátaro y Pátzcuaro.

“Las manifestaciones poéticas no tienen que ver con lo escrito necesariamente; en mi comunidad el mixe era vital... Toda la parte de la función poética está asociada a los rituales”, comenzó Aguilar Gil, quien acto seguido recordó que en su infancia le trataron de enseñar español mediante poemas de Luis de Góngora que memorizó y cuyo sentido comprendió ya más grande; sin embargo, al referirse a la literatura en lenguas indígenas deseó que de verdad se pudiera “vivir en un país multilingüe de verdad”

Al reflexionar sobre la literatura, la integrante del Colmix se preguntó si es lo mismo literatura indígena o literatura en lenguas indígenas, porque ya “hay premios para literatura en lenguas indígenas, es una categoría que opera”, a pesar de que hay una diferencia sustancial entre el chinanteco y el purépecha, por lo que en principio comparar ambos idiomas sería inusitado; asimismo, dijo que hay una buena cantidad de concursos para indígenas, si bien el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes no está abierta a la diversidad lingüística del país, con lo que se cuestionó “qué estábamos entendiendo por indígena y por lenguas indígenas”.

Apuntó que el saami se habla al menos en cuatro países de Europa como Rusia, Finlandia, Suecia y Noruega, y que al igual que el aymara en Bolivia y Perú o el mixe en Oaxaca se consideran lenguas indígenas. “¿Qué tienen en común estas lenguas del mundo? En el caso de México es más o menos fácil determinarlo”. Yásnaya Aguilar puso de manifiesto que el número de hablantes no es uno de los parámetros para que fueran indígenas sino que “tenía que ver con la creación de los estados nacionales, relacionar la lengua con la política”, por lo que distinguió que para calificar a una lengua o a una literatura de indígena hay un elemento: la colonización.

“Son lenguas que hablan pueblos que fueron colonizados y no formaron un país propio, un estado... Se crea una categoría como si los mecanismos poéticos de todas estas lenguas se hubieran homogeneizado por el hecho de que fueron colonizadas”, aunque explicó que el efecto estético en el purépecha no es el mismo que en el mixe, algo que también pasa cuando se habla de cosmovisión indígena como un bloque, aun cuando la rarámuri es muy diferente a la cosmovisión maya, con lo que se refuerza la visión política de una sola lengua y la desigualdad en el país. “El gobierno destina una cantidad para libros de texto en español y otro presupuesto para todas las lenguas indígenas, como si hacer un libro para el purépecha fuera lo mismo que hacerlo para el totonaco”, tras lo cual señaló que el chinanteco, a diferencia del purépecha, tiene catorce posibilidades tonales, por lo que el Colmix discutió que no se debía aceptar la categoría de “literatura indígena”.

-En torno a la lengua y la literatura


Pese a la tecnología y los registros actuales, Aguilar Gil comentó que “nunca en la historia de la humanidad ha habido un nivel de muerte de lenguas como en la actualidad”, donde una lengua muere cada tres meses en promedio según el Observatorio de Lenguas de Hawaii, por lo que en los próximos 100 años el 50 por ciento de las lenguas del mundo habrá muerto de continuar las condiciones políticas que lo permiten, lo que significa la mitad de los siete mil idiomas del planeta.

Una de esas condiciones es la formación de los estados, ya que “los imperios son multilingües por definición, el mundo no siempre estuvo dividido en países, es de 200 años a la fecha”, expuso la ensayista mixe, quien añadió que sólo 200 lenguas en el mundo son habladas, por lo que seis mil 800 no se utilizan oficialmente: “Los estados han utilizado nuestros impuestos para que desaparezcan nuestras lenguas”, advirtió, para ilustrarlo con un caso en Francia, donde en 1998 surgió un movimiento para que la Academia de la Lengua Francesa reconociera la existencia de los otros doce idiomas que se hablan en su territorio, recibiendo por respuesta que de hacerlo implicaría “un atentado contra la identidad nacional”: “Se basan en una política de la homogeneización; hay un combate abierto. Si la Academia Francesa no pudo mencionar la existencia de las lenguas ése es el modelo de Estado y todo lo que sea distinto tiene que desaparecer”, expresó.

Los 300 años de colonialismo no desaparecieron las lenguas del país, manifestó la investigadora, quien recordó que la Real y Pontificia Universidad de México durante la Colonia impartía clases en otomí, náhuatl o matlatzinca, además de que era posible seguir un juicio en Oaxaca en zapoteca y había múltiples intérpretes para ello, “algo que ahora es muy difícil”. Asimismo, indicó que en 1821 entre 65 y 70 por ciento de la gente hablaba una lengua indígena, por lo que no se trataba de lenguas minoritarias sino “minorizadas”, mientras que hoy sólo 6.5 por ciento de la población las habla, una situación que inició hace 200 años, con la aparición de los Estados, en un mundo donde hay 200 cajitas que son las naciones, “no sucedió porque sí”, externó Yásnaya Aguilar, que señaló que la literatura es un concepto que surge con la creación de los países, surgidos a su vez por la burguesía.

Dijo que la literatura es una manifestación de las lenguas nacionales que se estructuran en un canon, como en el caso del español, al que los refranes, los corridos o los romances poco le importan, aunque sea una tradición que se pierde. “¿Qué pasa con toda esa tradición poética fuera del canon?”, arrojó la pregunta, para después indicar que la literatura está ligada al surgimiento de la imprenta, de la figura del autor y del círculo del capital, porque “un libro es un objeto que se vende dentro de la industria editorial”. “Qué pasa ahí cuando poetas o mujeres que hablan lenguas indígenas entran en ese círculo de autoría? Es bastante interesante a mi punto de vista”, acotó.

Expuso que incluso la palabra literatura parece inadecuada en el caso de Homero, ya que la literatura además de ser escrita tiene un canon de evaluación entre pares y géneros, por lo que los indígenas podrían terminar por adoptar una estructura occidental de la literatura; también refirió que a diferencia de la lengua común en la literatura se busca propiciar un efecto estético, lo que en el caso de los pueblos indígenas es diferente, toda vez que por lo general son los hombres en las comunidades quienes definen, como en el caso del pueblo mayo, donde pese a ser una reconocida poeta, Emilia Buitimea Yocupicio no puede ser especialista porque su género se lo impide. “Eso nos puso a pensar y a discutir”, agregó.

Pero mientras en la tradición occidental los escritores tienen sus rituales de paso, como editar un libro, presentarlo y ofrecer vino de honor, en el mixe la escritura se asocia a lo sagrado, siendo en el ritual donde ese tipo de habla literaria aflora. “En mixe las figuras poéticas parten de un mecanismo muy interesante, que es el difrasismo, algo propio de la tradición mesoamericana. En mixe es posible decir: ‘Vivo en mi pueblo’ de manera directa, pero también decir: ‘Me siento, me paro en mi campana de tierra’, que significa ‘vivo en mi pueblo’, un habitar poético”, comentó Aguilar Gil, pese a lo cual dijo que por su edad y por tratarse de un habla asociada a los rituales en su tradición no está habilitada para emplear esas formas.

“¿Qué pasa en zapoteco, en rarámuri? Estas tradiciones están perdiéndose, tienen un tiempo: el habla en un ritual en la montaña, de cambio de año, en la asamblea, en las bodas”, externó, para luego exponer que entre las diversas culturas indígenas la figura del autor está difuminada y que el hablar del pueblo no puede apropiárselo una sola persona, como en el caso de los libanas, del zapoteco del istmo, que es una especie de discurso de presentación, un género propio que esperó sea cultivado, pues la ensayista ha visto cómo autores de distintos pueblos escriben -por ejemplo- novelas, en tanto que no ve que haya géneros de dichos pueblos pero en español, un diálogo que falta consumarse.

Es de destacar que la antología publicada por Alternativa Ediciones y el Proyecto Originaria con dos ensayos de Yásnaya Aguilar tiene un costo de 80 pesos, 150 pesos con un grabado original en una edición limitada de 25 ejemplares y libretas conmemorativas en 50 pesos, artículos para generar fondos para la gira de las poetas indígenas.