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Luego de 30 años
Florece ejemplar de furcraea longaeva en el jardín botánico de la UNAM
Redacción Domingo 11 de Marzo de 2018
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Ciudad de México.- Hace unos días, en el Jardín Botánico del Instituto de Biología de la UNAM tiene lugar un espectáculo hermoso y excepcional: después de alrededor de tres décadas de espera, un magnífico ejemplar de pescadillo o tehuizote, llamado por los indígenas oaxaqueños como “yacktobiyack” o “yahuindayashi”, por fin ha dado flores.

Ahora, como una bella forma de concluir su vida, este pariente del agave también ha comenzado su lenta agonía, proceso que concluirá con su muerte total en aproximadamente un año.

En el Jardín Botánico del Instituto de Biología de la UNAM tiene lugar un espectáculo excepcional: la floración de un ejemplar de Furcraea longaeva tras 25 años de espera
En el Jardín Botánico del Instituto de Biología de la UNAM tiene lugar un espectáculo excepcional: la floración de un ejemplar de Furcraea longaeva tras 25 años de espera
(Foto: Especial)

Pero Furcraea longaeva, como la conocen los científicos,no es una especie de agavácea más: es una de las monocotiledóneas de más larga vida en el mundo, y en su hábitat natural –crece entre dos mil 200 y tres mil 100 metros sobre el nivel del mar, en las montañas de la Mixteca Alta, Sierra Madre del Sur y Sierra Juárez de Oaxaca, y una pequeña porción del estado de Puebla– pueden pasar hasta 100 años para que madure y fructifique.

En Ciudad Universitaria, el tallo de la planta mide 2.5 metros y la inflorescencia o quiote tiene una longitud de cinco metros, pero en la naturaleza la altura total puede ser hasta de nueve o 12 metros. La inflorescencia es de contorno piramidal y en la base mide 70 centímetros de circunferencia y alcanzó su altura total en sólo un mes.

Tiene 46 “ramas”, las más largas superan un metro de largo, y en cada una entre 500 y mil flores. En su totalidad podría tener 50 mil flores, que al abrir son blancas con tonalidades verdes, pero que con el paso de los días se tornan amarillas y hasta naranjas.

Abisaí Josué García Mendoza, curador de la Colección Nacional de Agaves del Jardín Botánico, recordó que él mismo llevó la planta a ese espacio universitario en 1993, cuando tenía un metro de alto y probablemente entre 10 y 20 años de edad. Ahí, es la tercera vez que florece un ejemplar de Furcraea, pero las anteriores fueron de otras especies: Furcraea martinezii y Furcraea macdougallii, aunque esta última se cayó debido a vientos fuertes y “no tuvimos la fortuna de tener flores bien desarrolladas ni frutos”.