Escenarios

El jazz, la música más amigable que pueda haber: Efrén Capiz
Omar Arriaga Garcés Viernes 16 de Marzo de 2018
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Morelia, Michoacán.- Como la música más amigable que pueda haber y como una forma en sí misma de la comunicación, calificó el músico Efrén Capiz Castañeda al jazz, en el que incursionó hace poco más de 30 años, aun cuando sus inicios estuvieron marcados por otros estilos musicales.

Si bien sus primeras tocadas como baterista fueron en los 80, el líder de Blurépecha y de la banda Pirindas y Latinos dijo haber comenzado a bailar a los seis años con Salvador Próspero Román, quien lo aceptó en 1967 en los talleres de la Escuela Popular de Bellas Artes (EPBA), en cuyo Ballet Folklórico de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH) estuvo hasta ingresar a la preparatoria.

Efrén Capiz Castañeda, músico
Efrén Capiz Castañeda, músico
(Foto: Omar Arriaga Garcés)

Sin embargo, desde la secundaria le interesaba ya la batería. “En un festival del IMSS (Instituto Mexicano del Seguro Social), el maestro Próspero tocó con su orquesta, casi como una big band, trompeta, saxofones, clarinete, trombón, flauta, guitarra, bajo, piano y batería. Ensayaba en la sección que estaba en la calle Francisco Zarco y avenida Madero, donde daba clase de coro Rubén Valencia”, refirió Efrén Capiz, quien quedaría asombrado por la pericia de Próspero Román, con quien aprendería todo el repertorio de bailes del ballet e incursionaría en las tarolas y platillos, ante la desbandada de algunos de los miembros del grupo de baile. “Salvador Próspero tuvo entre sus filas a dos de los bateristas más importantes de México: Leobardo Acosta y Ricardo Lemus”, añadió el intérprete.

Evocó de ese tiempo a los maestros José Guadalupe Herrera, Bonifacio Rojas, así como a Rocío y Víctor Próspero Maldonado, quien desde niño tocaba y “andaba en el baile”, además de recordar que con la Orquesta Cuerani y con el ballet, Próspero Román -yendo al rescate de la cultura- llevaba a sus músicos y bailarines a todas las comunidades de Michoacán los fines de semana, sobre todo a las fiestas de los pueblos, donde Capiz Castañeda comía churipo y corundas, como la vez que en Capácuaro el director pidió a los jóvenes que representaban a la Casa de Hidalgo bajarse en una polvareda, seguir a la banda de viento y bailar con ellos. “‘Vengan, para que aprendan de primera mano’, nos dijo el maestro Próspero”.

Bailaba en el Ballet Folklórico de la UMSNH el “Matrimonio Purépecha”, el “Matrimonio Mestizo”, “El Alabado”, “Danzas de Moros”, “Danzas de los Viejitos de Pátzcuaro”, “La Danza de los Paloteros” o “La Danza del Pescado”, y en una presentación en la Monumental de Morelia, Próspero Román diría a él y a otros intérpretes: “‘Vamos a darle espacio al creador’. Era Tata Gervasio López con sus músicos, en una tarima. ‘Échenle ojo’, nos comentó”, porque para Salvador Próspero era importante que se conociera la tradición de primera mano.

“El maestro Próspero era el kit para las orquestas que venían de la Ciudad de México, como la de Pablo Beltrán Ruiz, Luis Alcaraz, Juan García Medeles, Pérez Prado; era la línea del general (Lázaro) Cárdenas (del Río): ‘Vienen de México, pero los de aquí deben tener trabajo también’. No había baile sin músicos locales”, expresó Capiz Castañeda, quien fue llamado por la Orquesta de Manuel Rascón cuando Neftalí Villa Fuentes dejó el puesto de baterista. “Andaba ya en el hueso, tenía más experiencia; sale Neftalí y me hablan”.

Cuando inició en la batería a Efrén Capiz le gustaba principalmente el rock: The Rolling Stones, The Beatles, Black Sabbath, Deep Purple, Emerson Lake and Palmer, Eric Clapton, John Mayall o Santana. “Al jazz no le agarraba mucho, pero Neftalí Villa me compartió unos discos de Buddy Rich, históricos; empecé a comprar discos, a compartir con amigos. Fui autodidacta en la batería, pero aprendí algo de solfeo y teoría del solfeo, armonía, lo suficiente para componer o descomponer estas cosas que hago”, indicó.

El jazz



Luego, puso de manifiesto su gusto por el jazz, de antaño y de ahora. “Me gusta todo tipo de jazz; escucho el dixieland por la información, como a Joe King Oliver, luego viene el swing. En Youtube hay mucho material. Sobre todo, me gusta del bebop para acá: Charlie Parker, Dizzy Gillespie, Miles Davis, John Coltrane, Woody Shaw... las fusiones y el latin jazz. El jazz es fusión desde su raíz”, ponderó, para luego referirse a sus músicos preferidos hoy.

“Tigran Hamasyan es un pianista armenio que emigró a Estados Unidos; trae esa tradición musical, de ritmos irregulares, es padrísimo. Me gusta Youssou N'Dour, entre rock, pop y música africana; también el tunecino Dhafer Youssef, con una fusión entre la música islámica relacionada con ‘El Corán’ y el jazz. No es el jazz tradicional del swing norteamericano. Escucho al percusionista indio Trilok Gurtu, que participó con John Mclaughlin y Jan Garbarek en una fusión de jazz; hace cosas interesantes con electrónica y ragas, ha despertado un movimiento importante en la India”, dijo.

Efrén Capiz señaló en el estudio donde ensaya que el jazz es improvisación y hay mucha música en Irak, Medio Oriente y África. “Cada pueblo asimila el jazz a sus raíces; es una música abierta, lo más abierto que puedas encontrar. Si vinieran los marcianos y encontraran el jazz harían música. El jazz es amigable con todas las músicas que existen o han existido, con el canto gregoriano o el canto mozárabe. La improvisación es algo orgánico, incluyente, comunicativo; el jazz por lo general es comunicación, interacción con los músicos, una conversación entre amigos, de gente que goza hacer música juntos”, expresó Capiz Castañeda poco antes de ponerse a tocar.