Escenarios

Reparación de relojes monumentales, oficio en riesgo
Omar Arriaga Garcés Domingo 1 de Abril de 2018
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Morelia, Michoacán.- En el mantenimiento de relojes monumentales sólo existen dos especialistas en el país: la Familia Olvera de Relojes Centenario, de Zacatlán, Puebla, y la Familia Guzmán de Pátzcuaro, Michoacán, indicó Raúl Guzmán Ramírez, con 48 años de experiencia en el ramo.

No obstante, como expresó el técnico relojero al ser entrevistado en la Presidencia Municipal del Pueblo Mágico, desde los seis años su padre lo llevaba a ese mismo lugar para darle mantenimiento al reloj alemán construido a inicios de siglo XX, con lo que con rapidez aprendió sobre su mecanismo, por lo que puede decirse que son ya casi seis décadas las que lleva en el ámbito de la relojería. “Arreglaba (yo) también (relojes) de pulso pero ya no veo bien ni tengo pulso. Arreglo de mesa, de pared, de piso, pero principalmente los monumentales”, añadió sobre su trabajo.

Y continuó: “Ni me gustaba. Mi padre, José Socorro Guzmán Ponce de León -que ya falleció- era el que sabía las cosas de relojería; nos enseñó a mí y a mis hermanos. A él lo enseñó un tío. Por herencia fue quedándose. Yo, como los hijos que no queremos lo que los papás nos enseñan, tampoco quería”, agregó Guzmán Ramírez, quien dijo que fue sólo a través del tiempo que comenzó a apreciar el oficio. “Incluso me había retirado porque tengo problemas con mi corazón, me lo prohibieron y me están tratando, pero me empezaron a llover ofertas de trabajo. Volví a comprar herramienta y he estado arreglando”.

Raúl Guzmán Ramírez
Raúl Guzmán Ramírez
(Foto: Omar Arriaga Garcés)

Comentó que su familia se hace cargo de los relojes de la zona desde hace lustros, como en el caso del que tiene el Palacio Municipal de Pátzcuaro. “Desde los seis años me traía aquí mi padre. Yo aprendí muchos oficios además de la relojería, ahorita seguí con esto por cariño y porque lo tengo. En Pátzcuaro hay dos relojes, éste de la Presidencia y el (del Templo) de la Compañía (de Jesús)”, a los cuales da mantenimiento, refirió el especialista, quien afirmó viajar por toda la República -“en todos los estados”- para reparar relojes.

En ese sentido, Raúl Guzmán expresó que hace no mucho existían otros cuatro grupos en la República dedicados a ese oficio: los de Zacatlán, Puebla, los Olvera; otro en Guanajuato, uno más en Guadalajara y un último en la Ciudad de México. “Se fueron acabando y a los únicos que encuentro es a los de Zacatlán, los de (Relojes) Centenario, pero ellos se dedican ya prácticamente a vender. Cuando por algo los contratan para reparación (ésta) sale muy cara. Los puros viáticos son altísimos. Como son fabricantes y tienen un prestigio si yo cobro un peso ellos cobran 50. Ésa es la gran diferencia. Ahorita se puede decir que sólo estamos ellos y yo; antes estaban mis hermanos también: en paz descanse uno ya se murió, queda otro, el mayor, pero es comerciante”, adujo.

Cuestionado sobre si ha enseñado lo que su padre le legó, Guzmán Ramírez externó que sus dos hijas y su hijo están con él como él estaba con su padre, pues aun cuando uno de ellos le ayuda esporádicamente se dedican al comercio y a ejercer la abogacía. “He enseñado a alguna gente y es poca la que ha permanecido. Mi intención es ponerme de acuerdo con el presidente (Víctor Báez Ceja) y con las autoridades eclesiásticas para que me faciliten dos o tres personas, para que se hagan cargo de los relojes; tener dos o tres opciones para enseñar esto, incluso si se les tiene que dar algo para que siga esto. Estos relojes son eternos”, apuntó.

Expuso que buscará gente joven para enseñarle cómo mantener en buen estado los relojes, personas de entre 30 y 40 años edad, “que ya estén más o menos madurillos, no sean muy curiosos y tengan fuerza para darles cuerda; ellos se harán cargo cada vez que les toque o cuando sean automáticos con sistemas eléctricos irán a limpiarlos y a lubricarlos”, añadió, luego de lo cual explicó que no deben ser muy curiosos quienes aprendan el oficio, porque “un chavo que no tenga mucha experiencia puede mover algún dispositivo del reloj que lo haga desbocarse y tronar las piezas”.

Dijo que el reloj monumental del Templo de la Compañía de Jesús es uno de los más viejos del país, al haber sido construido en España en el siglo XVIII, si bien puntualizó que la mayor parte de los relojes en México son franceses y suizos, aunque de los últimos hay pocos. “Los Olvera son (de los) Centenario, pero en calidad no tienen nada qué ver con los extranjeros: en calidad de materiales, en funcionamiento y en belleza, en todo”.

Desde el segundo piso de la alcaldía de Pátzcuaro, Raúl Guzmán habló del sistema de tracción del reloj monumental, un sistema de pesas acompañado por tres campanas, que en su conjunto integran la sonería: “La más grande da las horas, las dos pequeñas los cuartos de hora; en los cuatro cuartos suenan las chicas y la grande. Hay que checar que la sonoridad esté a tiempo, que no se trabe la sonería; yo le doy mantenimiento a estos dos. Se le da cuerda cada ocho días (al del Ayuntamiento) y cada tres al otro (al del Templo de la Compañía); la limpieza es cada seis meses”, manifestó, antes de contar que ahora misma repara dos relojes: uno de Huandacareo y otro de Santa Clara del Cobre, sin mencionar los que fabrica para vender.

Al preguntarle cuánto cuesta la reparación de un reloj monumental, respondió que depende de la maquinaria que sea y de las condiciones en las que esté. “El puro servicio de limpieza: desarmarlo, lavarlo y armarlo, varía entre 20 y 30 mil pesos, se hace cada seis años. Una reparación mayor depende de lo que tenga de deterioro el reloj; en este caso (el de la alcaldía de Pátzcuaro), yo atiendo sin cobrar nada. Cobré cuando se le dio mantenimiento una cuarta parte de lo que se cobra, por cariño al pueblo y por amistad con las autoridades. En realidad, aquí lo hago por gusto. Cuando se descuadra yo lo cuadro”, aseveró Guzmán Ramírez.

Para concluir, comentó que mucha desconoce que todos los relojes mecánicos, es decir, que aún tienen piezas, cambian de acuerdo a la temperatura del ambiente, por lo que cuando hay calor los relojes se retrasan “y hay que moverles el péndulo para que recuperen el tiempo; el metal se dilata y fuerza los mecanismos”, mientras que cuando es tiempo de frío “se adelantan y hay que subirles el péndulo para que compensen el tiempo”, pues como reconoció ser relojero especialista en maquinarias monumentales es tratar con el tiempo de la gente, hacerse cargo del tiempo público.