Escenarios

Anécdota de sobre estadía de Neruda y Martínez Ocaranza en Pátzcuaro, sin registro municipal
Omar Arriaga Garcés Domingo 8 de Abril de 2018
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Morelia, Michoacán.- La anécdota que se relata en los cafés sobre Pablo Neruda y Ramón Martínez Ocaranza es que, estando en Pátzcuaro, los poetas quisieron ver las estrellas, rompieron las farolas y fueron llevados a barandillas, algo de lo que sin embargo no hay registro en los anales de la ciudad.

Así lo dio a conocer Fernando Mendoza Molina, cronista y director del Archivo Histórico de Pátzcuaro, quien señaló que hay investigadores y otros interesados que han acudido a buscar entre los registros municipales la prueba escrita de ese capítulo literario. “Hay personas que han tratado de buscar la firma de Pablo Neruda, pero no tenemos un documento que diga que estuvo como tal aquí”, afirmó.

Fernando Mendoza Molina, cronista y director del Archivo Histórico de Pátzcuaro
Fernando Mendoza Molina, cronista y director del Archivo Histórico de Pátzcuaro
(Foto: Archivo)

Al preguntarle sobre la placa en el Palacio Municipal, colocada en 2015 y que consigna que el 18 de agosto de 1943 pasaron la noche en la antigua cárcel de Pátzcuaro los poetas chileno y michoacano, Mendoza Molina reconoció que ahí se da por bueno el hecho, “pero tiene cierto sentido porque es testimonio de personas que quizá lo vieron o lo conocieron, de alguien muy cercano a ellos”.

En ese sentido, el cronista comentó que no pone en duda la versión del encuentro entre Neruda y Martínez Ocaranza y su ingreso en la cárcel, si bien reiteró que no existe prueba escrita: “Para registrar su salida tuvo que firmar. ¿Dónde quedó esa firma?”.

Con todo, el director del Archivo Histórico de Pátzcuaro agregó que la anécdota debe ser fidedigna, pues no era y no es extraño que el municipio y la zona de la Ribera del Lago sean visitados por creadores de todas partes del orbe: “Tenemos conocimiento de que estuvieron grandes artistas y poetas, como es el caso de Gabriel García Márquez, que fue guionista de ‘Tiempo de morir’, que se filma en Pátzcuaro. Estuvieron también Diego Rivera y Frida Kahlo. Acaba de estar el alcalde de Santiago de Chile (Felipe Alessandri Vergara), a quien le llamó poderosísimante la atención la anécdota de Pablo Neruda”.

Para concluir, Mendoza Molina indicó que el antiguo cronista de Pátzcuaro, Enrique Soto González, quien falleció el 19 de mayo de 2017, le contaba de la visita de García Márquez a la ciudad, donde se guardaba el guión con la firma del escritor colombiano. “¿Dónde quedó ese guión? Enrique Soto se llevó a la tumba el secreto del guión”, dijo.

La historia



Es de resaltar que la versión escrita consultada de la anécdota de Pablo Neruda y Ramón Martínez Ocaranza es la de Raúl Cruz Sebastián de Comachuén, quien el 18 de mayo de 2011 subió el texto “Pablo Neruda, en Pátzcuaro, Michoacán” a la página www.purepecha.mx, en el que expone que la historia referida se la contó Ofelia Cervantes, viuda del poeta jiquilpense, fallecida el 6 de enero de aquel año.

Ahí, Cruz Sebastián manifiesta que desde la Ciudad de México Neruda telefoneó al autor de ‘Patología del ser’ para visitarlo. “Al día siguiente temprano llega Neruda a Morelia con su clásica boina y una bufanda envuelta y después de saludarse se dirigieron los dos para la Ribera; era mucho lo que tenían que platicar varios tópicos: la poesía, la literatura, y la política, que un día difícilmente les alcanzaría (para) abordar todo. Llegaron a Pátzcuaro, desayunaron. Estaba claro que no querían restaurantes. Mientras más informal mucho mejor”.

Y prosigue: “Se metieron al lago y así visitaron comunidades (donde) les ofrecieron comida, música y algo de aguardiente. Ya que el maestro Ramón visitaba frecuentemente las comunidades ya lo conocían. Ya en la tardecita regresan a Pátzcuaro y estaban sentados en la Plaza Vasco de Quiroga... Neruda le dice a Ramón: ‘Compadre, como que algo nos impide que filosofemos y poeticemos bien, algo nos impide estar directo con las estrellas dialogando’, mientras encendía su pipa.

“Ramón mira hacia arriba y ve como unos grandes faroles de luz los encandilaban; después, como si se leyeran las mentes, ambos juntaron unas piedras y empezaron a bajar a pedradas aquellas lámparas. Después de quedarse a obscuras suspiraron. Todavía no se sentaban cuando en eso escuchan voces, y los agarraron a golpes. Era la policía municipal. Inmediatamente los llevaron a los separos, mientras el maestro les decía: ‘¡Esperen, esperen! No lo golpeen ni le hagan nada, si quieren golpéenme a mí, y es que ustedes no saben quién es él’, iba repitiendo varias veces esto en lo que llegan a barandillas.

“Después de dejarlos adentro un policía les pregunta: ‘Pues quién es este’. Les responde Ramón: ‘Es Pablo Neruda, ¡el gran poeta!’. Los policías se quedan mirando entre ellos con gestos de total desconocimiento. Otro policía se regresó. Y les pregunta: ‘Lo que no me explico, porque habían destruido aquellas lámparas’. ‘Para que contempláramos mejor el cielo y las estrellas’, respondieron los poetas. “Pues desde aquí pueden ver todo lo que quieran hasta que amanezca’, sentenció el gendarme.

“Al día siguiente en la Ciudad de México empezaron a preguntar por el señor embajador y nomás nada. Estaban todos preocupados en Los Pinos. Investigaron y todo apuntaba a que el diplomático chileno tenía un compadre en Morelia, Michoacán. Una caravana de vehículos arribó y después se fueron a Pátzcuaro, y después de llegar a la Presidencia Municipal preguntaron por dos personas. El alcalde en turno estaba asustado al ver el dispositivo de seguridad. Llamó a todo su personal, principalmente a los policías; les preguntó a estos últimos sí habían visto a estas personas con ciertas características, y respondieron que todo estaba sin ninguna novedad. Uno de ellos intervino que en la noche únicamente habían detenido a dos personas escandalosas y algo locas, ‘pero no han de ser los que ustedes buscan’.

“‘Tráigalos’, les pidió en tono enérgico el munícipe, y llegaron los dos poetas algo desvelados. Al reconocerlos, inmediatamente los auxiliaron los elementos del Estado Mayor Presidencial. Ante la mirada de todos los presentes, conforme iban subiendo al vehículo, Pablo Neruda le dice: ‘Compadre, no te fijes, creo al menos cumplimos nuestro propósito de tener una experiencia nueva y diferente’, mientras se reían los dos”.