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'Misión cumplida', dice Trump, tras el ataque a Siria
Redacción Sábado 14 de Abril de 2018
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Washington, D.C.- Estados Unidos dio un paso adelante mirando atrás. En una calculada operación militar, atacó en coordinación con Francia y el Reino Unido al “bárbaro” régimen de Bachar El Asad por el supuesto empleo de gas cloro contra la población civil de Duma (Siria). La represalia, respaldada por Occidente y presentada como un "golpe de precisión" contra centros de producción y almacenamiento de armas químicas, evitó cuidadosamente el riesgo de escalada. No hubo soldados muertos y, según las primeras versiones, tampoco daños a la población civil. Todo quedó en una intervención quirúrgica que le permite a Washington mantener abierta su salida y enviar una señal de firmeza a Rusia, Irán e incluso Corea del Norte. “Misión cumplida", festejó el presidente.

Ráfagas antiaéreas en Damasco
Ráfagas antiaéreas en Damasco
(Foto: Especial)

ras seis días de redoble de tambor, Trump ordenó el ataque. Eran las cuatro de la madrugada del sábado en Damasco y desde el Mediterráneo oriental, el Golfo Pérsico y el Mar Rojo se puso en marcha la maquinaria de guerra. La aviación aliada despegó y 105 misiles, en su mayoría Tomahawks, partieron hacia Siria.


El principal blanco fue el centro de investigación de Barzah, en las afueras de Damasco. Considerado el núcleo de la producción de armas químicas sirias, sus tres edificios quedaron arrasados. También fueron golpeados dos almacenes en Homs. El alto mando estadounidense, aunque no cuantificó las pérdidas sirias, consideró la intervención “un completo éxito”. No hubo bajas ni tampoco daños en la población civil. Y los 40 misiles lanzados por el régimen de Bachar El Asad no lograron, siempre según Washington, interferir el ataque, algo negado por Siria. “Tardarán años en recuperarse, les hemos infligido un daño severo en su arsenal químico”, señaló el Pentágono.

La intervención en Siria forma parte de una historia interminable. Trump, un aislacionista nato, siempre ha deseado salir del país y, al anunciar el ataque desde la Casa Blanca, no lo ocultó: “No nos hacemos ilusiones, no podemos purgar el mundo del mal ni actuar en todos los sitios donde hay tiranía. No hay sangre americana suficiente para lograr la paz en Oriente Próximo. Podremos ser socios y amigos, pero el destino de la región está en manos de su propia gente”.

Es un pensamiento que le acompaña desde mucho antes de ganar la presidencia y que es recurrente en él. Hace dos semanas, el 3 de abril, el presidente clamó públicamente por repatriar a los 2.000 soldados destinados en Siria. “No sacamos nada de ello, no tenemos nada, excepto muerte y destrucción”, dijo. Cuatro días después, todo cambió. La población civil de la rebelde Duma, según la versión estadounidense, fue gaseada. Hubo al menos 40 muertos y cientos de heridos.

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