Escenarios

Protagonizan estrellas de mar y cocodrilos la muestra gráfica 'Ofrendas del Templo Mayor'
Redacción Sábado 3 de Noviembre de 2018
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Ciudad de México.- Un cálculo conservador estima que más de cuatro millones de personas cruzan al año el puente que conecta las calles Guatemala y Argentina del Centro Histórico de la Ciudad de México, lo que para el Proyecto Templo Mayor (PTM) representa una oportunidad única para mostrar los trabajos que realiza a escasos metros bajo ese pasaje. En su 40 aniversario, la iniciativa arqueológica comparte la riqueza de las ofrendas enterradas en el recinto sagrado de la antigua Tenochtitlan a partir de las estrellas marinas y los cocodrilos, parte del universo animal que los sacerdotes mexicas depositaron en el interior de sus templos y abajo de sus plazas.

La exposición gráfica es, a decir del director del PTM, el doctor Leonardo López Luján, una manera de compartir con diferentes públicos en qué consiste el trabajo interdisciplinario que desarrollan para reconstruir desde el presente todo lo que implicaba la creación de estos depósitos rituales hace más de 500 años, microcosmos orgánicos y minerales donde convergían tierra y cielo, agua y fuego, muerte y vida, Tláloc y Huitzilopochtli.

Estrellas de mar y cocodrilos en las ofrendas del Templo Mayor expone la inseparable relación entre naturaleza y cultura, conocimiento que es compartido con el peatón durante el horario de apertura del puente construido sobre el Templo Mayor: de lunes a domingo, de 8 de la mañana a 20:30 de la noche.

El peatón que cruce el puente que conecta las calles Guatemala y Argentina del Centro Histórico, conocerá parte de la riqueza de estas oblaciones mexicas
El peatón que cruce el puente que conecta las calles Guatemala y Argentina del Centro Histórico, conocerá parte de la riqueza de estas oblaciones mexicas
(Foto: Especial)

A nombre del antropólogo Diego Prieto Hernández, director general del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), José Enrique Ortiz Lanz, coordinador nacional de Museos y Exposiciones, destacó en la apertura de la exposición, que se requirió estudiar durante años y con profunda paciencia los restos arqueológicos microscópicos y desarrollar un constante intercambio de conocimientos con los expertos en la biología moderna.

El hallazgo y estudio de restos de estrellas de mar en las ofrendas que los mexicas depositaban en el Templo Mayor, así como el análisis sobre el cocodrilo y su relevancia religiosa y simbólica, enfoca la atención de los investigadores en los restos óseos faunísticos y demuestra la riqueza de información que materiales tan diminutos puede ofrecer para adentrarse en la compleja cosmovisión mesoamericana, explicó el arquitecto Ortiz Lanz.

El diseño de la muestra, a cargo de Tonatiuh Silva Pérez, juega con el vistoso color de sus protagonistas para armar un discurso en el que biólogos y arqueólogos dan cuenta, en un mano a mano, de la biodiversidad que nos acompaña desde tiempos remotos y que estamos obligados a conservar. Imágenes de estos ejemplares hallados en ofrendas, de su análisis en laboratorio y su representación en testimonios antiguos como murales y códices, dialogan con fotografías actuales donde los observamos en sus respectivos ecosistemas.

Con frecuencia, los sacerdotes mexicas utilizaron ejemplares faunísticos para recrear en las ofrendas los niveles verticales del universo. Corales, conchas, caracoles, estrellas de mar y otros organismos marinos simbolizaban un inframundo de naturaleza acuática, conectado con el mar, ríos y lagos.

La bióloga Belem Zúñiga Arellano, investigadora del PTM, especializada en el estudio de las estrellas de mar sepultadas en el Templo Mayor, comenta que las placas calcáreas que conforman sus esqueletos fueron por años un gran enigma, hasta que en 2010 los investigadores del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM lograron identificarlas.

Destaca que en el mundo existen más de mil 800 especies de estrellas de mar y que en el Templo Mayor de Tenochtitlan se han hallado seis de ellas: una proveniente del océano Atlántico y cinco del Pacífico. Estos animales tan peculiares pueden ser colectados por el hombre a la orilla del mar o buceando a pulmón libre en rápidas inmersiones no mayores a 20 m de profundidad, pues se desarrollan en una amplia gama de sustratos: pastos marinos, fango, arena, grava, piedra y coral.

“Es posible que desde las costas y hasta la antigua Tenochtitlan, los mexicas trasportaran las estrellas de mar ya muertas, secas y desprovistas de sus colores, aunque también es factible que las colectaran con vida y las trasladaran durante cientos de kilómetros dentro de recipientes cerámicos repletos de agua de mar para preservar las vistosas coloraciones de su piel”, explica la experta.

Las estrellas de mar constituían un símbolo de primer orden en la religión de las civilizaciones prehispánicas del centro de México, lo que se ve reflejado en las expresiones artísticas que se ha preservado hasta nuestros días.

Por su parte, la arqueóloga Erika Robles Cortés, quien ha desarrollado sus investigaciones sobre los cocodrilos ofrendados en el Templo Mayor, subraya que hasta ahora se ha recuperado 20 ejemplares al interior de 12 depósitos rituales.

Detalla que el análisis de los restos óseos de dichos cocodrilos demostró que 11 correspondían a individuos adultos, seis a subadultos y tres a jóvenes. El más pequeño medía cerca de 70 cm y el más grande alcanzaba casi 2 m de longitud. De 17 ejemplares sólo se depositaron las pieles, y de éstas se conservaron únicamente los huesos que estaban adheridos a ellas: el cráneo con la mandíbula, las placas dérmicas y las falanges.

En las zonas tropicales y subtropicales de México habitan tres especies de este reptil: el cocodrilo de río, el cocodrilo de pantano y el caimán. Los mexicas inhumaron ejemplares de río y de pantano, procedentes de las costas del Pacífico y del Atlántico, en las ofrendas del Templo Mayor que datan de los siglos XV y XVI, principalmente de la expansión del imperio encabezada por el rey Ahuízotl (1486-1502).

Los cocodrilos hallados en las ofrendas provenían de tierras lejanas. Su caza o captura requería de mucha destreza, en tanto que su traslado hasta Tenochtitlan implicaba tareas de una enorme complejidad. Es probable que estos animales formaran parte del vivario de la isla, conocido comúnmente como el “zoológico de Moctezuma”.

La arqueóloga Erika Robles refiere que, en muchas de las ofrendas del Templo Mayor, los cocodrilos —junto con jaguares, pumas, peces sierra, tortugas y serpientes— representaban la superficie terrestre; por ello, sus restos se disponían justo encima de una capa de materiales marinos que simbolizaban el inframundo acuático. Sobre ellos, los sacerdotes depositaban animales relacionados con los niveles celestes del cosmos e imágenes divinas.

Leonardo López Luján, curador de la exposición gráfica instalada sobre el muro de 45 metros de longitud que delimita el puente peatonal, subrayó la importancia de que, en estos tiempos, un muro funja como elemento de unión, como puente de comunicación entre una institución como el INAH y la sociedad a la que se debe dicha institución.

“Levantado hace un par de años, este muro cumple con un doble propósito: confina un yacimiento arqueológico único en el mundo y que es Patrimonio de la Humanidad y sirve como vitrina idónea para divulgar, de manera sencilla y atractiva, los descubrimientos arqueológicos del Proyecto Templo Mayor y los nuevos conocimientos sobre la antigua Tenochtitlan y sus moradores”, afirmó.

Un tema tan apasionante y amplio no podía quedar sólo en el montaje de esta exposición. El sábado 10 de noviembre en el Auditorio Eduardo Matos Moctezuma del Museo del Templo Mayor, la bióloga Belem Zúñiga y la arqueóloga Erika Robles darán pormenores de sus estudios en la conferencia Las estrellas de mar y los cocodrilos en las ofrendas del Templo Mayor, a las 10 horas.

Asimismo, El Colegio Nacional (Donceles 104, Centro Histórico) será sede —del 7 al 9 de noviembre— del Coloquio Internacional “Los animales en el Recinto Sagrado de Tenochtitlan. Biología, arqueología, historia y conservación”, en el que se presentarán 31 ponencias. Especialistas de distintas instituciones académicas abordarán desde estas disciplinas, la riqueza faunística de las ofrendas del Templo Mayor, aspecto que actualmente ocupa las principales líneas de investigación del PTM.