Municipios

Mingo Cornejo, artista musical surrealista de la Tierra Caliente michoacana
Ángel Ramírez Ortuño Miércoles 15 de Mayo de 2019
A- A A+

Huetamo, Michoacán.- Hace varios años se marchó de Huetamo el entrañable amigo Domingo Cornejo Arzate, mejor conocido en el medio ambiente musical y cultural como “Mingo” Cornejo, un personaje nacido en la comunidad de Arroyo Hondo en Huetamo allá por los años 50, y de quien se dice en el argot regional nació “empautado”, es decir, como sucede a veces con los músicos prodigiosos de Tierra Caliente como Isaías Salmerón, Juan Reynoso o Evaristo Galarza, para poder ser dueños de inalcanzables virtudes, deberían tener algún trato con los infumables “chaneques”, con la “Nana Colasa”, o de plano con el tenebroso “Amigo”; vaya usted a saber, pero así se manejan estas cuestiones en los andurriales de Tierra Caliente.

Domingo Cornejo Arzate, mejor conocido en el medio ambiente musical y cultural como “Mingo” Cornejo
Domingo Cornejo Arzate, mejor conocido en el medio ambiente musical y cultural como “Mingo” Cornejo
(Foto: Ángel Ramírez Ortuño)

Guachito vivaracho, nacido en cuna humilde y de prolífica familia, enfermizo, vestido con largo cotón y siempre infectado por lagañas, logró salir adelante sobre un mar de pobrezas y más tarde fue protegido del Cura Bermúdez, personaje de Zirándaro y cuñado del comerciante Rufino Castillo, quien le diera una sólida educación laica, lo que le permitió estudiar en Tacámbaro y después zafarse a tiempo de aquel personaje, para aprender después diversos oficios, como la música, ebanistería, el comercio, la música, las artes, tallado de madera y otras variantes que le permitieron sobresalir de aquel inframundo de la infancia junto al río Balsas.

La inquietud creció en sus años mozos, que lo llevaron al Distrito Federal donde fue pionero del movimiento de los mercados sobre ruedas, después emigró a Estados Unidos y recorrió la Unión Americana, pero no se olvidó jamás de la guitarra y la armónica, compañeras inseparables de aventuras gringas, y donde la desesperanza migratoria le inspiraba canciones, hasta que decidió regresar a México y formar un hogar en Huetamo, después casarse y enfrentar la ruda disciplina de sobrevivencia en los pueblos del Balsas, de sus manos surgieron obras maestras de madera, como un comedor que hasta el Vaticano ha pretendido adquirir.

Sus logros musicales le valieron ganar diversos premios, becas y reconocimientos en México y el extranjero, y sus restauraciones a piezas de arte sacro en la región lo catapultaron, y así convertirse en cotizado ebanista, pero llegaron tiempos duros y violentos que lo hicieron emigrar a Nayarit, donde radica, pero cada vez que regresa, saca su guitarra y sus temas de música que va de las esdrújulas, los sones, gustos, valses, corridos, canciones románticas, las que saca en sus notas de la fina guitarra que siempre lo acompaña, y con la que nos dio probaditas junto al río Balsas, en Telecable y en radio La Guacha, tanto como en la casa de Pastor Cárdenas.