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Florece en Colombia la industria del cannabis medicinal
Redacción Domingo 9 de Junio de 2019
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Bogotá, Colombia.- La palabra Sogamoso viene de un vocablo indígena que quiere decir “morada del sol”. Es uno de los dos lugares en Colombia con mejor radiación solar, una gran ventaja para jugar en el nuevo mercado mundial del cannabis, el legal. Estar sobre la línea ecuatorial permite 12 horas de luz natural todo el año, para alegría de las cosechas. Allí tiene su plantación la compañía Clever Leaves que quiere participar con fuerza en el negocio mundial del cannabis medicinal que, en conjunto con el uso recreativo, puede alcanzar los 50.000 millones de euros para 2025. América Latina no se quiere perder la fiesta.

En Colombia, en 2016 se aprobó una legislación robusta y los costos de operación son menores que en otros lugares, lo que también beneficia el desarrollo del mercado verde. Además, el segundo exportador mundial de flores –después de Países Bajos– también ha volcado ese conocimiento a la industria emergente que deslumbra al mundo.

“Todos estamos aprendiendo”, responde con humildad Gustavo Escobar, cofundador y director de innovación de Clever Leaves, cuando lo presentan como la persona que más sabe sobre cannabis medicinal en Colombia. Lo hace de visita a la plantación de su compañía, un cultivo altamente tecnificado en el municipio de Pesca, entre las montañas del valle de Sogamoso, en el departamento de Boyacá.

Plantas de cannabis en un invernadero en Pesca, Colombia
Plantas de cannabis en un invernadero en Pesca, Colombia
(Foto: Especial)

Con menos de tres años de existencia, la compañía fue la primera autorizada en el país andino para enviar cannabis con fines científicos a Canadá, y junto con la uruguaya Fotmer Life Sciences cerraron acuerdos para convertirse en las primeras latinoamericanas en exportar a Europa, concretamente a Alemania. “Son exportaciones todavía con alcance de investigación, pero abren el camino para el desarrollo comercial”, explica Escobar, un ingeniero de 37 años con un MBA. Un reflejo de los pasos agigantados con los que avanza el naciente negocio.

La legalización del uso medicinal y científico de la marihuana – e incluso el recreativo– se antoja imparable. Canadá ha tomado la delantera. En 33 estados de Estados Unidos es legal su consumo medicinal y en una decena de ellos, el recreativo. En varios países de la Unión Europea el uso terapéutico se ha extendido, y solo en Alemania se calculan unos 700.000 pacientes.

Uruguay legalizó este mercado en 2013 y Colombia, golpeada por el estigma del narcotráfico, busca ponerse a la vanguardia. Todos los involucrados se esmeran en utilizar un lenguaje tan aséptico como las instalaciones que se levantan a lo largo y ancho del país –siempre hablan de cannabis, no de marihuana– y en repetir que se trata de medicina y ciencia, los únicos usos autorizados. El potencial macroeconómico es enorme. Según algunas proyecciones podría equipararse en unos años a las exportaciones de flores y banano combinadas para Colombia.

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