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La tradición de cobijo mexicano; el destierro tiene un paraíso
Redacción Sábado 16 de Noviembre de 2019
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Ciudad de México.- La dictadura uruguaya (1973-1985) le seguía los pasos muy de cerca. En enero de 1977 fue llevado preso; estuvo diez días incomunicado. Al salir del cautiverio los espacios se cerraron para él, se quedó sin trabajo y sentía la presión encima. Alguien en la radio donde trabajaba entonces le dijo “la embajada de México está dando asilo”.

Nelson Keiman, periodista uruguayo, llegó a México en mayo de 1977, cuando tenía 31 años con calidad de asilado político, junto con su esposa Sara, también periodista y su hijo Andrés, entonces de seis años.

Keiman y su familia son parte de al menos mil uruguayos a los que la tradición de asilo que tiene México —desde el siglo XIX— les abrió las puertas durante los 12 años que duró la dictadura en aquel país sudamericano.

La de Keiman es la misma calidad en la que el expresidente de Bolivia Evo Morales fue recibido aquí por el canciller Marcelo Ebrard, el martes 12 de noviembre de 2019.

En su momento, como asilado político llegó a México, el 9 de enero de 1937, León Trotski, uno de los artífices de la Revolución Bolchevique en 1917 y fundador de una doctrina política, el trotskismo. Lo hizo a bordo del barco-tanque noruego Ruth, después de haber sido expulsado de Noruega.

México ha recibido a cientos de miles de personas con estatus de asilo político. Aquí han llegado españoles, argentinos, chilenos, uruguayos, bolivianos, venezolanos y hasta personalidades de la historia internacional como León Trotski, Luis Buñuel, Horte
México ha recibido a cientos de miles de personas con estatus de asilo político. Aquí han llegado españoles, argentinos, chilenos, uruguayos, bolivianos, venezolanos y hasta personalidades de la historia internacional como León Trotski, Luis Buñuel, Horte
(Foto: Especial)

El cineasta Luis Buñuel se estableció en México en 1946, tras huir de la Guerra Civil de España y la dictadura de Francisco Franco.

Leonardo Argüello, presidente de Nicaragua durante 25 días, del 1 al 26 de 1947, llegó aquí luego de que Anastasio Somoza lo derrocara. Murió el 15 de diciembre de ese mismo año en la capital mexicana.

Carlos Prío Socarrás, presidente de Cuba entre 1948 y 1952, obtuvo asilo político de México después de que Fulgencio Batista lo derrocara en marzo de 1952. Batista fue derrocado por Fidel Castro en 1959; el guerrillero también pasó por México.

El coronel Jacobo Árbenz Guzmán, presidente de Guatemala entre 1951 y 1954, se refugió en la embajada de México en Guatemala el 28 de junio de 1954. Murió en 1971 en su casa de Ciudad Satélite en el Estado de México.

Hortensia Bussi, la viuda del presidente de Chile Salvador Allende, fue rescatada en un avión que envió el presidente de México, Luis Echeverría, el 15 de septiembre de 1973.

Héctor José Cámpora, presidente de Argentina (de mayo a julio de 1973), llegó a México en 1979, después de estar tres años en la embajada de México en Buenos Aires; Mohammad Reza Pahlavi, el sha de Irán, llegó a México en 1979. Vivió entre Cuernavaca y el puerto de Acapulco.

Rigoberta Menchú en 1980 se refugió en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, bajo el amparo del obispo Samuel Ruiz García. En 2009, el depuesto presidente de Honduras, Manuel Zelaya, llegó a México. El 4 de agosto de hace diez años, en la explanada Francisco I. Madero, de Los Pinos, el presidente Felipe Calderón recibió con honores de un jefe de Estado a Zelaya.

El anterior es un puñado de nombres de personas famosas que tienen registro hemerográfico. Pero hay miles de españoles, argentinos, chilenos, uruguayos, bolivianos, que no alcanzaron la fama y que, sin embargo, fueron asilados políticos en México, merced a distintos conflictos políticos y sociales que se vivieron en sus países.

KEIMAN, PERIODISTA URUGUAYO EN APUROS

Nelson Keiman, que mantuvo hasta 1984 la condición de asilado político, con una forma migratoria especial, contó a Excélsior, en el contexto de la llegada de Evo Morales a México, cómo fue su proceso para llegar asilado a México.

Recordó que saliendo un día de la estación de radio y después tomar un café con Sara, su esposa, en el Barrio Sur, en pleno centro de Montevideo, unos hombres del conocido Grupo de Caza se le acercaron y le dijeron que los tenía que acompañar.

Después de eso fue que el periodista pasó diez días en la cárcel. “Salí, porque no había nada contra mí”. De regreso a su vida, Keiman, quien reconoce haber sido líder estudiantil y tener relación con sindicatos de periodistas, incluso uno que lideró Alfredo Zitarrosa, pero nada más, sabía que no estaba metido en ningún tipo de problema político en contra de la dictadura, aunque eso sí, dijo, se negaba a leer la propaganda oficial que se difundía desde la estación de la radio donde trabajaba.

Ante una situación cada día más adversa, fue como la familia Keiman decidió ir a la embajada de México en Montevideo a solicitar asilo.

Vicente Muñiz Arroyo, que fue embajador de México en Uruguay de 1974 a 1977 acogió a los Keiman. Durante una semana estuvieron en la embajada, donde recuerda Nelson, “se comía muy rico”. Luego que el diplomático hizo la investigación sobre el caso del periodista, la familia fue llevada a la residencia del embajador, donde estuvieron cuatro meses, hasta que se les concedió el asilo definitivo.

Mientras los Keiman estaban en la embajada mexicana, su departamento fue allanado por los militares. Y, a punto de viajar a México, su hijo Andrés tuvo que ser operado de un problema auditivo. “Lo sacaron de la embajada como terrorista”, bromea Keiman, para ejemplificar que el niño de seis años salió custodiado por delante y por detrás por personal de la embajada mexicana para llevarlo a un hospital y ser intervenido. “Unos militares quisieron meterse al cuarto de Andrés y los mexicanos se opusieron, diciendo ‘este es territorio mexicano’”.

Librado ese escollo, la familia Keiman fue puesta en un vuelo comercial, con un pasaporte sólo para viajar a la Ciudad de México. Al llegar al Aeropuerto Benito Juárez, el capitán del avión anunció que “los pasajeros que vienen de la embajada de Montevideo no bajen del avión’.

Recordó Keiman que en el vuelo había otros ocho uruguayos. “Entonces fuimos recibido por agentes policiacos vestidos de civil, que eran de la Federal de Seguridad. ‘¿Quiénes son los asilados?’ preguntó uno de los agentes, para llevarnos y hacernos una ficha con fotografías y huellas. En coches de la Federal los llevaron al hotel Versalles, en la calle de Versalles y General Prim, cerca de Gobernación y donde ahora está una funeraria”.

Las autoridades le dijeron a Keiman que tendría cuatro meses de ayuda del gobierno de México para que pudiera conseguir un trabajo y dónde vivir. En mes y medio el periodista que había llegado con algunos contactos, entró a trabajar al Canal 13, entonces administrado por Imevisión.

Nelson Keiman y su familia, con Carolina, su hija que nació en México, regresaron a Uruguay en cuanto se restableció la democracia. El país no estaba bien y no pudieron rehacer su vida allá. Regresaron de inmediato como migrantes económicos y desde entonces siguen viviendo en México. “Jamás tuvimos un solo problema con las autoridades”, dijo Keiman.

LISTA DOCUMENTADA DESDE LA SEGOB

A manera de compendio de los casos de asilo político más sonados en México registrados en el siglo XX, en mayo de 1989 Enrique Francisco Torres de la Peña, quien desde 1983 había sido jefe del Departamento de Asilo Político de la Secretaría de Gobernación, escribió un texto en cinco partes en Excélsior.

Algo sabemos en México de lo que ocurrió con el asilo masivo de republicanos españoles en cuanto a la dinámica de la cultura, la industria y el comercio. Algo sabernos igualmente de los efectos que han tenido las concesiones de asilo para los perseguidos del Cono Sur y de Centroamérica, en épocas recientes. Colocado en el fiel de la balanza, lo bueno y lo menos bueno, no hay duda de que el beneficio es mayor que el perjuicio, con la satisfacción adicional de cumplir un deber de humanidad. Esa experiencia mexicana resulta aleccionadora, por los miles de asilados que encontraron seguridad y garantías en nuestro país y en muchos casos por las contribuciones recibidas de parte de ellos. Una breve enumeración confirmará el aserto. León Trotski, el sha de Irán Mohommad Reza Pavlavi, el general de hombres libres César Augusto Sandino, José Martí, Fidel Castro Ruz, el expresidente de Venezuela Rómulo Gallegos, el expresidente de Guatemala Jacobo Árbenz Guzmán, el expresidente de Argentina Héctor José Cámpora. el expresidente de Costa Rica Rafael Calderón Guardia, el expresidente de Cuba Carlos Prío Socarrás, Hortensia Bussi viuda de Salvador Allende, el salvadoreño Farabundo Martí, cuyo nombre lleva el movimiento revolucionario de su país, son algunas de las figuras de relieve internacional que buscaron asilo político en México y cuyos nombres, en su momento, dieron la vuelta al mundo”.

En el texto de Torres de la Peña también recuerda que ese trámite en México lo vivieron el expresidente del Gobierno Republicano Español Manuel Maña, el expresidente de Colombia Carlos Lleras Restrepo, el político Víctor Raúl Haya de la Torre, quien fundó en México el aprismo peruano, el expresidente de la Junta de Gobierno de Guatemala Carlos Enrique Díaz y el exJefe de Estado de la Junta de Gobierno de El Salvador Adolfo Arnoldo Malan.

El insigne novelista venezolano Rómulo Gallegos llegó a México poco después de un incruento golpe militar que lo derrocó como presidente de su país. Desde tierra mexicana rechazó el doctorado Honoris Causa de la Universidad estadunidense de Columbia, por considerar que una acción imperialista había determinado su caída del poder que la voracidad del gobierno y las compañías extranjeras habían asesinado a una democracia y la libertad en el país del Libertador.

César Augusto Sandino, que levantó su voz y su fusil contra el intervencionismo estadunidense, y Farabundo Martí, revolucionario salvadoreño que comandó una insurrección popular; estuvieron en México, pero al caer en manos de los “políticos” de sus países, fueron pasados por las armas, aun utilizando el engaño y la traición como en el bien conocido caso de Sandino”.

EL ASILO, ARMADURA DE LOS QUIJOTES

Torres Peña escribió que el periodista salvadoreño Jorge Pinto —exiliado en México—, había escrito que el asesinato del presidente de Chile Salvador Allende evidenciaba que “legalidad, libertad, democracia, pluralismo y constitucional son términos peligros cuando gobiernos latinoamericanos han chocado con los intereses hegemónicos del imperio”.

Pinto también escribió, según el texto del ex funcionario de Gobernación en Excélsior hace 30 años, que el derecho de asilo es como la armadura de los quijotes del siglo XX frente al asedio y desestabilización contra nuestras incipientes democracias.

En esa estadística puntual de asilados distinguidos que hizo Torres de la Peña mencionó cuán importante fueron las contribuciones de intelectuales asilados para el movimiento cultural mexicano. Y mencionó al filósofo cervantista español Rafael Sánchez de Ocaña; el filósofo argentino Rodolfo Puiggrós; el filósofo español José Gaos, existencialista; Ovidio Gondi y demás intelectuales españoles que laboraron en el semanario Tiempo; Flavio Herrera novelista guatemalteco; el músico Rodolfo Halffter y el director de cine Carlos Velo, ambos españoles, el cineasta chileno Miguel Litin, cuya película Actas de Marusia fue nominada para el Óscar.

En su trabajo, Torres de la Peña se remonta al siglo XIX. Se refiere a Juan Diéguez Olaverri, que fue un poeta y abogado guatemalteco, que escribió su famoso Canto a los Cuchumatantes cuando se encontraba exiliado en Chiapas. También recordó que José Martí, el creador del Partido Revolucionario Cubano, se acogió también al amparo de México.

De Venezuela vinieron a México, Rufino Blanco Fombona y Andrés Eloy Blanco. Profesionales del derecho mantienen su reconocimiento al maestro procesalista Rafael de Pina Millán; Juan Marinello vino de Cuba. Subrayó como “valioso” el aporte a las letras de Augusto Monterroso y de Otto Raúl González, ambos guatemaltecos, así como del periodista español Juan Rejano también exiliado en México.

Los políticos con asilo en México han sido numerosos y distinguidos. Suele citarse a Clodomiro Almeida, exministro y expresidente en funciones en Chile (entontes 1989) al frente de un movimiento político en su país. Elías Lafertte, líder del Partido Comunista, también en Chile; Aníbal Ponce, argentino, escritor y político, fundó en México una revista y escribió varios libros.

Al producirse la caída de Árbenz en Guatemala se acogieron a México ministros e intelectuales, entre ellos el de Educación. Manuel Galich, autor de brillantes obras de teatro y de excelente investigación sobre la historia de América; el excanciller Guillermo Toriello, que en representación del gobierno arbencista enfrentara a la política estadunidense en la reunión de líderes en Caracas; el exministro de economía Alfonso Bauer Paiz, los políticos Jorge García Granados, Julio Gómez Padilla, exministro también; Alfonso Solárzano; el exjefe de las Fuerzas Armadas, Carlos Paz Tejeda; Ernesto Capuano y muchos más”.