Lucha de clases, el coronavirus y la 4ª Transformación (1ª parte)

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El presente trabajo tiene la pretensión de intentar hacer un análisis explicativo de la situación actual qué prima en el país acerca de la pandemia del coronavirus o Covid-19; el contexto en el que éste se da, la manera en que se expresan los sectores sociales de acuerdo con su condición económica y cultural y, el papel qué ha venido jugando el Gobierno de la 4ª Transformación para hacer frente ahí está difícil situación.

Por la magnitud del texto, iré entregando por partes este trabajo para su conocimiento y análisis. espero verme favorecido con su lectura. Aquí la 1ª parte.

  1. Contexto

Hay que comenzar por establecer que en 2018 el pueblo de México derrotó electoralmente a la burguesía nacional y extranjera después de casi 40 años de neoliberalismo. Una derrota propiciada fundamentalmente por los excesos de una burguesía voraz que se enriqueció saqueando el país por vía de la corrupción, la impunidad y la violencia. El hartazgo de la mayoría de los mexicanos se expresó contundentemente el 1º de julio de ese año en las urnas a favor de Andrés Manuel López Obrador y su coalición” Juntos haremos historia”. No sólo era el permanente surgimiento de nuevos ricos y la de pauperización de la economía de la mayoría de los trabajadores de este país; pues la población en condición de pobreza llegó a rebasar el 50 por ciento y el nivel de concentración de la riqueza se exacerbó, destacándose la transferencia de recursos al extranjero, producto de las enormes ganancias de las empresas monopólicas radicadas en el país y del pago oneroso de los intereses de la deuda externa y el Fobaproa-IPAB.

Durante este tiempo, el país experimentó una terrible privatización de los bienes nacionales. se privatizaron los bancos, los ferrocarriles, los puertos y aeropuertos, las vías de comunicación, de telefonía, de radio y televisión, La minería, la energía, la tenencia de la tierra, las pensiones y el petróleo. Miles de kilómetros cuadrados fueron concesionados para su explotación a compañías principalmente extranjeras, casi la 3ª parte del territorio nacional.

La explotación de los recursos naturales fue altamente excesiva, pues sólo en las últimas dos décadas se perdieron cientos de miles de hectáreas de bosques en el país, Se contaminaron los ríos y se acaparó el agua; todo con la complicidad de los gobernantes en turno. Esta voracidad fue acompañada por acciones de presión hacia la población que mostró resistencia al despojo, en donde nunca estuvo exenta la violencia.

El mayor monumento a la impunidad de los gobiernos neoliberales ha sido la consumación del Fobaproa que en 1990 ascendía a 552 mil millones y ahora llega a cerca de 2 billones de pesos aun cuando se han pagado más de 700 mil millones. Pero no ha sido el único caso, se cuentan por miles, nada más baste recordar los negocios de los hijos de Marta Sahagún con la empresa Oceanografía y los contratos millonarios a su favor de parte de Pemex, o la “Estafa maestra” llevada a cabo por el Gobierno de Peña Nieto, o la “Estela de luz” que triplicó su costo convirtiéndose en una obra extremadamente cara e inútil, o el caso Odebrecht por el qué está preso en este momento el señor Lozoya Austin, en España, o “La Casablanca” de la familia presidencial que encabezó Peña Nieto en su sexenio, o los más de 160 hospitales sin terminar regados por el país y cuyo presupuesto fue siempre inflado, en ocasiones hasta el triple, o la compra del excéntrico avión presidencial, la permanente condonación de impuestos por sumas multimillonarias, cosa que no ocurre con los trabajadores, realizada a través de despachos jurídicos del talante de Diego Fernández de Ceballos o mediante la creación de asociaciones civiles de caridad.

Andrés Manuel López Obrador y Hugo López-Gatell

En los últimos 28 años de neoliberalismo la deuda del país creció hasta alcanzar los 10 billones, 427 mil, 506.1 millones de pesos, cuando en 1990, en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari era apenas de 383 mil 664 millones. El endeudamiento más alto se dio en los sexenios de Vicente Fox con 665 mil 456 mil millones de pesos; Felipe Calderón con 3 billones 366 mil 982 millones de pesos y; Enrique Peña Nieto con 5 billones 64 mil 7 mil millones de pesos.

Fueron décadas de desastre en que la democracia también fue afectada. Los fraudes electorales y las campanas de odio fueron parte de la vida democrática del país, que creó una clase política onerosa, parasitaria, que promovió, aplaudió y aprobó las contrarreformas que hicieron posible el saqueo y la privatización de la vida nacional.

El falso crecimiento económico del raquítico 2% anual promedio, se basó en el constante endeudamiento del país y no en el incremento de la producción nacional, caracterizada por la desindustrialización, apertura del mercado internacional y abandono del mercado interno. El país se quedó a expensas de los grandes monopolios y las grandes economías, sin base económica para reorientar su propio desarrollo. En manos de la banca internacional, de los grandes capitales extranjeros y atado de manos por una deuda impagable y enorme, qué tan sólo por intereses nos quita cada año el equivalente al presupuesto de inversión anual.

Si esto es grave, más lo es el proceso por el cual llevaron a la clase trabajadora a su dispersión y, en no pocos casos, colaboración. La sindicalización disminuyó, los sindicatos fueron golpeados y la caída del empleo favoreció la generación de la tercerización o outsurcing, en donde millones de trabajadores desempeñan sus labores en medio de la más terrible precarización y desamparo. Llegamos al fin de 2018 con bajísimos salarios, la ausencia de sindicatos fuertes e independientes y la precarización del trabajo. A pesar de todo, la lucha sindical independiente se mantuvo en lucha, fundamentalmente con los contingentes de la CNTE y el SME, pero no es suficiente.

Así se llegó al primero de diciembre de 2018.