Seguiremos pues enclaustrados como en esos “los años viejos”, que es en la Semana denominada como Santa y  que se nos confinaba prácticamente  a nuestras casas,  permaneciendo callados, sin salir de la misma para luego, en las tardes, acudir silenciosamente a los  actos litúrgicos de la Iglesia Católica.

Morelia, en esos años, iniciaba prácticamente  en donde descargaba el el “Acueducto” ya sin funcionar y en el que, de niños, nos trepábamos al mismo para recorrerlo por todo el canal, ya sin agua, hasta el jardín donde se encontraban la fuente de las Tarascas e iniciaba la llamada Calzada de San Diego.

Morelia, como muchas otras ciudades y municipios grandes o chicos, de los diferentes Estados que conforman la República ahora  está en silencio, no por causas religiosas sino por el fenómeno mundial que azota prácticamente a todo el mundo. Las noticias internacionales nos dan imágenes de lo que el silencio produce: «animales salvajes atravesando o caminando sin prisa alguna,  con lentitud pasmosa, las grandes avenidas y calles, todo gracias a la epidemia que asola, prácticamente, en todo el mundo».

El ruido del silencio ha provocado lo increíble, desde ver un desfile de venados por las arenas de algunas playas, hasta monos  sobre los balcones de algunas casas situadas en centros comerciales cerrados  y otros más, sin prisa alguna, olfatean el aceite grasoso que en calles y avenidas descargaron de  vehículos en avenidas o callejuelas.

Las calles “vacías” permiten a ciervos o venadas caminar pausadamente , lo que por precaución o miedo a la “pandemia actual ” los humanos no realizamos. En plena calle principal del Estado Sudamericano del Ecuador, un par de zopilotes  se pelean por el cuerpo de otro animal tirado a media calle. ¡vaya, hasta un puma fue fotografiado al caminar pausadamente por alguna calle en la capital del Estado Sureño de Chile.

¿Se puede imaginar el amable de lector de estas Repercusiones, ver patos silvestres caminar por enfrente de importantes edificios en el zócalo de la Ciudad de México? En una una calle del centro de  Paris, frente a un edificio centenario se pudo fotografiar a tres patos silvestres, todo gracias a la pandemia mundial que padecemos. De tal suerte se animaron los animales silvestres  a caminar por las calles centrales de diversos países, que una joven señora que enseñaba a andar en bicicleta sobre el asfalto de una calle a su hijo, mientras que por la banqueta caminaba tranquilamente un ciervo salvaje.

 ¡En fin, la pandemia universal nos dio a conocer que los salvajes no están en los bosques, sino en las ciudades y poblados, que hemos hecho del mundo, incontables daños!

Para finalizar, perros, venados, ciervos, ardillas, patos , gaviotas, pumas, han aprovechado el silencio de las ciudades para entrar a las mismas, seguramente para conocer de la estupidez y grandiosidad del ser humano