A propósito del 1° de mayo

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Como algunos mexicanos saben, el primero de mayo se celebra el aniversario de la lucha por la reivindicación obrera. Es un día  instituido por la Segunda Internacional, en memoria de los trabajadores que fueron detenidos y ejecutados  en 1888, en Chicago  por manifestarse pidiendo una jornada laboral de ocho horas.

En México ubicamos al 1° de mayo más que nada como un día feriado en el cual algunos trabajadores salen a desfilar, muchos de ellos con el compromiso de su sindicato de reponerles el día posteriormente A otros la misma empresa se los retribuye de manera monetaria. Así todos los años, menos este, por obra y gracia del coronavirus.

  Repasando la historia recordaremos que las condiciones laborales existentes en el siglo XIX y antes eran terribles; las jornadas eran extenuantes, el trabajo mal pagado, las condiciones laborales variaban de malas a pésimas, la protección en el trabajo era mínima o nula,  la seguridad social ni la conocían, la explotación infantil era la norma, más un largo etcétera. En este contexto los primeros sindicatos efectivamente lucharon y lograron una buena cantidad de mejoras laborales, condiciones dignas y sobre todo humanizar el desempeño laboral de sus agremiados.


  Pero hagamos cuentas en este siglo XXI ¿Cómo han evolucionado los sindicatos en México?  No todo es bueno y si muchas cosas son definitivamente malas. Algunas de las  llamadas “conquistas sindicales” son verdaderos asaltos a la razón y otras más bien causan indignación  Muchos trabajadores, pero básicamente sus líderes, se han convertido en una casta que ha obtenido privilegios inmerecidos. Los sindicatos se han transformado en auténticas mafias que no tienen otros fines más que solapar la baja productividad, la corrupción y la  ineficiencia. ¿Ejemplos?, es suficiente visitar y observar el funcionamiento de cualquier oficina gubernamental con sus lentos burócratas y sus recepcionistas que no pueden ocultar su antipatía por el género humano.

El summun de la tragedia en México lo vemos y padecemos a diario con la indefendible CNTE, porril estructura que se ha encargado de arruinar la educación y el futuro de generaciones completas de mexicanos  ¿Y qué podemos decir al observar las casas de los trabajadores de la CFE, iluminadas perennemente como arbolitos de Navidad por el insultante despilfarro de energía que a ellos no les cuesta? 

 Los sindicatos han derivado en cotos de poder en los que se practica la asignación discrecional de plazas,  la corrupción por medio de la venta de las mismas,  la sustracción de material y el robo del patrimonio público al atentar contra instalaciones y propiedades gubernamentales, que son a final de cuentas, propiedad de la nación. Y por si faltara algo podemos agregar las indignantes prácticas de acoso y demanda sexual; humillante situación,  característica al parecer inevitable en la dinámica de las bolsas de trabajo, oficinas de escalafón y cambios de adscripción. Otros como la indefendible CNTE, aparte de lo anterior se han convertido en un verdadero peligro para la sociedad.


  A cualquier ciudadano honesto le indigna contrastar la pobreza del simple trabajador con el lujo y el derroche que ostentan sus millonarios líderes. Repugna constatar el lujo insultante en el que vivió y vive actualmente Romero Deschamps con toda su parentela; el oportunismo político de un Hernández Juárez,  personaje que en 1976 encabezó un movimiento contra el reeleccionismo sindical de Salustio Salgado, con el apoyo del entonces presidente Luis Echeverría,  para arribar a la dirección del sindicato de telefonistas. Desde entonces, más de 40 años, Hernández Juárez ha sido el reelecto, una y otra y otra vez como  Secretario general, con el apoyo del gobierno en turno. Víctor Flores Morales eterno líder de los ferrocarrileros, llegó con Salinas de Gortari y pese a contar con varios miles de demandas en su contra según la extinta PGR y el portal noticioso Sin Embargo, ahí sigue, como el whisky J. Walker, tan campante

 Esa es la triste realidad del sindicalismo en México.  Algo que pudo ser muy bueno y terminó pudriéndose.