El enemigo natural

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Un médico tiene muchas virtudes, tiene claro lo que implica su profesión, la enfermedad es su enemigo natural, las nuevas plagas mortales con las que se ha enfrentado en el transcurso de la historia le van formando el carácter, la actitud frente a cada situación que se les presenta; algunos, quizá los menos, rehúyen a su responsabilidad, enfrentándose a un dilema moral y ético al valorar salvar vidas o cuidar la propia.

            Las repercusiones al declarar oficialmente la existencia de una epidemia son muchas, el aislamiento de los ciudadanos para evitar su propagación a otros territorios incide en la economía domestica de forma tan grave, que se ingresa a una recesión evidentemente no planificada, la vida cambia diametralmente para todos.

            La prudencia de parte de las autoridades sanitarias para no alarmar a la sociedad en una época como la nuestra, se encuentra colgada por alfileres, los ciudadanos con acceso a información global determinan sus propias conclusiones, dejando de lado las cifras oficiales, viviendo en una incertidumbre de saber si llegada la fecha prevista para el levantamiento del “confinamiento”, sobrevendrá un nuevo aplazamiento.

            Pareciera que el SARS CoV2 COVID-19 es una alegoría de la manera en que se lleva la política nacional en México, teniendo dentro de los actores a los propios gobernados que viven en carne propia la impotencia de no poder hacer mucho para llevar el sustento diario a casa, frente a otros actores que son algunos gobernantes que determinan un estado de excepción en sus territorios bajo el beneplácito o desinterés de la autoridad central de la república y el aval de otros actores, los impartidores de justicia, que algunos bajo la máxima de proteger el interés general, dejan del lado el particular, sin razonar que lamentablemente la gran mayoría de los mexicanos son parte de los millones de personas con escasos recursos económicos, sin reconocer el valor de estos seres humanos ante el desastre que ya vivimos.

            No bastaran para la extinción del virus 75 o 150 días de aislamiento, la felicidad general de la población en adelante siempre estará amenazada, el virus no morirá o desaparecerá por decreto, permanecerá acantonado; el reclamo del presidente hacia los médicos hecho la semana pasada, le proyecta en su escondida ambición bajo el discurso de su lucha contra la corrupción sin llevar acciones judiciales hacia quienes durante años saquearon las arcas nacionales.

            El desastre y la desgracia pueden hacer aflorar los mejores sentimientos y actitudes de las personas para luchar y lograr sobreponerse ante lo que consideran injusto, lo que menos necesitamos hoy, son reclamos hacia el personal de salud por quien tiene hoy las riendas (¿?) del país.