La salud tiene tiempos críticos

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              Soy una mujer consciente de los tiempos que corren y que habla de salud en medio de una emergencia sanitaria.

       Soy alguien que entiende a la salud, no sólo como ausencia de enfermedad, sino como un estado de bienestar físico, mental y social.

       Soy también de esas personas que observan, con cierta suspicacia, cómo los medios de “comunicación” están dando al Covid-19 mayor importancia que a la violencia contra mujeres, esa otra pandemia que se ha recrudecido en tiempos de confinamiento, rebasando la capacidad de atención por parte de las instancias encargadas de hacerlo.

       ¿Y las muertes por hambre?  Han quedado prácticamente en el olvido, así como también los asesinatos de quienes defienden territorio, agua, bosques… recursos que dan vida a todos/as.

       Soy una mujer totalmente convencida de que el ser humano no puede vivir permanentemente atado al miedo: el miedo de ver a su semejante como el “alguien” que nos puede causar daño.  Y no me puedo pensar tampoco carente de cercanía, de abrazos, miradas, palabras y sonrisas.

       Convencida también estoy de la enorme responsabilidad que hoy se nos presenta para evitar que un virus, de origen bastante sospechoso, se expanda como seguramente nadie en su sano juicio desea.  Excepto, claro está, algunos gobiernos que gestionan la pandemia y uno que otro opositor sin más proyecto “político” que el control y la especulación.  A sabiendas, igualmente, de la corrupción que ha persistido en un sistema de salud pública que ha sido durante décadas, botín de saqueadores.

       Finalmente, antes de entrar al tema que hoy me ocupa, debo mencionar mí no aprobación a la presencia de militares por las calles, aun cuando sea con la justificación de su temporalidad (hasta 2024) para lograr la conformación de una Guardia Nacional Civil.  Yo no ignoro ni olvido que la militarización del país es lo que ha provocado la grave crisis de seguridad que nos ha llevado a tanta violencia… situación totalmente insana para la vida de un país.

       Así que (como mujer) me resulta pertinente recordar que fue en el año 1987, durante el Encuentro Internacional de la Mujer realizado en Costa Rica, que se constituyó el día 28 de mayo como el Internacional de Acción por la Salud de la Mujer, dedicado a promover y ejecutar acciones encaminadas a orientar, difundir y reflexionar acerca de la mejor manera en la que puedan prestarse los servicios de atención médica a nuestro género y elevar las condiciones de vida bajo un Estado de Derecho, en donde prevalezcan la igualdad y la equidad.

       Desde entonces, cada vez somos más las mujeres que sabemos que la salud de un país depende en esencia de las condiciones de vida de su población y de las bases económico-sociales en las que esas condiciones descansan y entendemos que cualquier política encaminada a atender la prevención o afectaciones en materia de salud, tendrá que tomar como prioridad la atención a los problemas sociales y ambientales que nos rodean, de lo contrario, se encontrará encaminada al fracaso.

       Sin duda, para lograr el ideal concepto de salud, requerimos de un estado de bienestar que nos permita mantener en equilibrio lo físico, lo mental, lo emocional y lo espiritual… y así vivir en armonía con nuestras familias y comunidades.  Para conseguirlo, resulta necesario reconocer lo dañina que es la injusticia social y económica y entender lo saludable que resulta el atrevernos a participar en acciones que contribuyan a lograr un cambio en lo individual y en lo colectivo.  Es un hecho indiscutible que las mujeres tenemos un papel importante en la protección (y procuración) de la salud familiar y comunitaria.

       Hoy que nos encontramos ante el panorama social, económico y de salud que pudiera parecer desolador en nuestro entorno, necesitamos recuperar y reconocer las herramientas que las mujeres tenemos en nuestras manos y que, como nunca antes, debemos reforzar con muchas dosis de esperanza: nuestros conocimientos naturales, nuestros sentimientos solidarios, nuestra creatividad y compromiso para realizar las tareas de la vida cotidiana con entrega y amor… nuestras reservas de energía que siempre se descubren cuando más las necesitamos, y que resultan como los hilos que “remiendan” el tejido de valores humanos tan deteriorado.

       33 años han transcurrido desde  que se instauró el Día de Acción por la Salud de la Mujer.  De entonces a la fecha, somos cada vez más las mujeres y hombres que hemos entendido que tampoco podemos limitar nuestras acciones en favor de la salud, exigiendo sólo una mejor atención a las instancias encargadas de ese importante rubro, sino que también es necesario tomar en cuenta la manera de cómo podemos autorresponsabilizarnos para cuidar de la salud propia y con ello contribuir a la creación de nuevos proyectos y políticas de salud y bienestar integral.

       Al revisar las experiencias obtenidas, fechas como el 28 de mayo nos permiten confirmar que vamos por el camino adecuado, ya que todas las mujeres, de una u otra forma, ya sea por nuestra capacidad reproductiva o por nuestra condición de género, hemos sufrido discriminación y trato abusivo o paternalista por parte del sector médico. 

La lista de ejemplos va desde histerectomías, mastectomías, cesáreas y episiotomías innecesarias, hasta la falta de acceso a una información adecuada para tomar decisiones conscientes.  Igualmente nos han abierto los ojos las nuevas tecnologías reproductivas, las grandes campañas para someternos a terapias de reemplazo hormonal, además del evidente enriquecimiento  de las grandes corporaciones farmacéuticas y de muchos/as profesionales de la salud que se aprovechan de esta situación.

       Tengo la seguridad de que la oportunidad que hoy se nos presenta, derivada de esta contingencia sanitaria, nos hará más conscientes de que el trabajo en salud es un asunto que nos compete y compromete con nuestro propio cuerpo: con nuestro ser integral.  La salud comienza a ser, nuevamente, como en otras épocas, un ámbito de mujeres.  Tenemos derecho a sumar nuestras voces en la construcción de la democracia, que empieza, como todo, en la democratización de nuestra mente, de nuestros sentimientos, de nuestros cuerpos respetables e íntegros, lejos del manipuleo comercial. 

Un abrazo (virtual).