URBANÓPOLIS: Monarcas y la oportunidad social

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El fútbol es para algunos un juego, para otros una forma de vida, una identidad, una ideología, pero para algunos, los menos, simplemente un negocio. Así se recuerda ahora que se nos hizo saber que el equipo de fútbol Monarcas cambiará su sede a otro estado.

Lo primero que vino a mi mete cuando comencé a leer y escuchar los rumores al respecto, fue una anécdota que hace algún tiempo me comento un buen amigo, ex presidente municipal de La Piedad, que organizó una comida en su casa, a la que invitó a importantes personalidades de la región, pues así se lo había pedido el entonces Gobernador Luis Martínez Villicaña, para una de las visitas que realizó a esta localidad. El motivo era uno y muy simple, mostrarles la maqueta de lo que sería el “Estadio Generalísimo José María Morelos y Pavón” y hacer la pre-venta de los palcos; como es de suponer, no falto el comensal que, ante la insistencia de la preventa, argumento que “a mi no le gustaba el fútbol” a lo que Martínez Villicaña, con esa elocuencia que le caracterizaba señalo: “No le estoy preguntando si le gusta el fútbol. Le estoy pidiendo que compre unos dos palcos, véalo como un préstamo y los palcos son la garantía”. 

Esta anécdota, nos puede ilustrar, como el impulsó para la construcción del “estadio Morelos”, no se trató de un asunto de amor a la camiseta, sino de la necesidad y visión para contar con un estadio de esta magnitud y que ahora, entre la información y desinformación sobre el tema y muchos años después, no sólo hay que preguntarse: ¿Qué pasará con el estadio? ¿Qué pasará con la afición? ¿Los empleos generados en torno al fútbol y el equipo?

Identidad social

A través del tiempo se generó un vínculo entre la sociedad y el equipo, que se manifestaba en el “ambiente de la ciudad”, si se ganaba el partido, la ciudad estaba de fiesta, los restaurantes, plazas, bares y las comidas familiares eran clara evidencia del festejo. Cuando se perdía un partido, se notaba la tristeza cen. Se cruzan sentimientos de felicidad o tristeza. Incluso en ocasiones, se pasa del sentir popular y se llega al conflicto, cuando ese sentimiento se manipula y se pasa a la acción real, lo que deriva en violencia a través de una acción agresiva generada por el odio contra otra persona por su simpatía con el equipo triunfador.

El aficionado sufre cada día por los resultados del equipo y sueña con alcanzar el triunfo al finalizar la temporada, se genera una comunión colectiva a través de los colores, las porras, los rituales, la fidelidad al equipo, se es seguidor en las buenas y en las malas, gane o pierda. Para nadie es discutible que equipo Monarcas en un elemento de identidad, que va más allá de una dimensión local, pues trasciende a muchos de los habitantes de Michoacán e incluso de otras entidades o el extranjero. Vestir la camiseta el día del partido, aún y cuando no se asista al estadio, es expresar esa identidad, afianzar el compromiso con el colectivo social. 

Un negocio muy rentable

Todo este júbilo de los aficionados, representa beneficios económicos para los dirigentes del club, que también celebran sus triunfos y sufren sus derrotas, pero por los impactos que esto tiene en la dimensión económica del fútbol. Desde la perspectiva macroeconómica, el fútbol responde a intereses económicos internacionales, la FIFA opera como una multinacional con intereses mundiales que mueve más dinero que la General Motors y tiene repercusión mundial. Estimaciones recientes señalan que el país que organiza el mundial de fútbol, tendrá un impacto positivo en su Producto Interno Bruto (PIB) del orden del 2%. En Michoacán desconocemos a cuanto asciende la derrama económica derivada de los partidos en el estadio Morelos, pero sin duda que los beneficios directos e indirectos deben de superar por mucho, la aportación y apoyos que otorgaba el Gobierno del Estado.

Aficionados de Monarcas Morelia en el estadio Morelos. (Foto: archivo)

Según de la Escuela económica de Frankfurt, su teoría indica que cualquier bien o servicio cultural es producido, reproducido, conservado y difundido como parte de un proceso económico. Así siguiendo unos determinados criterios económicos se producen información y cultura en serie. Esto aplicado al futbol, permite entender porque este deporte es considerado creador de una cultura deportiva, esto lo convierte en uno de los negocios más rentables, por sus grandes beneficios. De aquí, que los valores deportivos hayan sido sustituidos por criterios mercantiles y los jugadores son un producto más para comerciar.

¿Y la afición?

Desafortunadamente, en esta lógica económica en la que opera el fútbol, los aficionados son simples espectadores sin posibilidad real de participar, en términos futbolísticos: no se juega en cancha pareja oen igualdad de condiciones.

De aquí, que para la tradición que representa para la sociedad en Michoacán y particularmente en Morelia, la noticia haya sido una gran sorpresa. Sin aparente motivo, en una corriente de desinformación y rumores. Se mencionó que tal vez, en poco tiempo se podría traer otro equipo, al menos de segunda división. En verdad, los dueños, consideran que la afición del Monarcas no merecía ser informado con veracidad. Sin duda, que la falta de información y que la afición se haya sentido ignorada, propició que se busquen “culpables” de esta lamentable decisión. El enojo e impotencia fue tal, que equivocadamente, se ignoraron las recomendaciones del aislamiento social, para marchar y manifestarse, sin considerar que no se podría cambiar la decisión tomada por los directivos del equipo y sí, poner en riesgo la salud de muchos morelianos.

Una gran oportunidad

Hoy estamos frente a una gran oportunidad, aprendamos de esta decepción futbolística, no se trata de que empresa o empresario puede comprar al equipo, hasta donde se sabe, ni siquiera esta en venta. El Gobierno del Estado debe destinar los recursos con los que apoyaba al Monarcas para fortalecer el deporte michoacano, particularmente el fútbol, con escuelas, entrenadores y la liga municipal. Se debe pensar a mediano y largo plazo, un proyecto deportivo que venga a suplir la ausencia que deja Monarcas, sin los riesgos latentes, de que sea quien sea, un día decida irse a otra ciudad, por unos pesos más.

Se puede y debe ubicar el impulso al deporte, como una vía efectiva para contribuir a una sociedad más plural, con valores éticos de solidaridad, compañerismo e igualdad de condiciones para todos. Recuperar el espíritu deportivo, pero no supeditarlo al económico, bajo un esquema distinto al actual, donde propietarios de palcos y plateas, afición, empresas michoacanas y sociedad en general, puedan participar de forma más activa.

Debemos todos, como sociedad michoacana, garantizar que el estadio Morelos sea ese gran espacio de convivencia social, donde se disuelven las diferencias económicas, partidistas, religiosas y de cualquier ideología, en pro de un encuentro social, sólo así, el fútbol y la actual afición de la fuerza monarca, sería pieza clave para la búsqueda constante del bien de la sociedad y ayudar así a hacer una mejor ciudad.