URBANÓPOLIS: ¿Quién responde por la obra pública?

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El pasado martes 4 de mayo, aproximadamente a las 22:00 horas, se conocía la lamentable noticia de una tragedia ocurrida en la línea 12 del metro en la Ciudad de México en donde de forma preliminar se indicaba una cifra de 25 fallecidos y decenas de heridos. Y es que, cualquier cosa en la capital del país involucra cientos o miles de personas, todos los que alguna vez hemos usado el sistema metro, hemos sido testigos de los millones de personas que lo utilizan diariamente. Para dimensionar su magnitud se recurren a las estadísticas que indican que 4.6 millones de los más de 12 millones de habitantes de la Ciudad de México usa diariamente este sistema de transporte, cada tren cuenta con 9 vagones y en cada vagón 1,530 personas sentadas y 1,170 de pie.

Sin lugar a dudas que el 4 de septiembre de 1969 cuando se inauguró la primera línea del sistema metro, no se podría haber imaginado que se expandiría a más de 12 líneas, a partir de las cuales se han experimentado diversas opciones. Hay líneas que van a nivel de la calle, como es el caso de la línea 2 en donde el metro va en la parte central de la Calzada de Tlalpan. Hay líneas que van de forma subterránea o mixta, como la línea 3 que tiene como uno de sus destinos la UNAM. Sorprende la profundidad de los túneles por los que transita algunas líneas como la 7. El metro, desde sus inicios ha sido un orgullo de la ingeniería mexicana.

Haber llegado a 13 líneas en poco más de 50 años, nos habla de una obra que ha tenido una continuidad rara vez vista, tal vez, sólo en el caso de la creación de los ejes viales se ha presentado tal continuidad; pues se trata de 8 periodos presidenciales y aún más administraciones que comenzaron cuando existía un Jefe de Gobierno en el Departamento del Distrito Federal hoy Ciudad de México, cuyo crecimiento y expansión urbana seria impensable sin el sistema metro.

La calidad de la ingeniería mexicana se ha visto contaminada y demeritada por la práctica administrativa en donde la realización de obra pública se ve como una fuente de ingresos extraordinarios, toda vez que negocian el cobro de un porcentaje del monto total de la obra asignada, con la finalidad de financiar campañas políticas o simplemente enriquecerse a su paso como funcionarios.

Esta nefasta práctica conlleva a la imposibilidad de exigir el cumplimiento en tiempo y forma de la obra, pues el constructor se ve en la necesidad de bajar calidad o alcances de la obra, para compensar la comisión solicitada. En muchos casos, se llega a tal complicidad entre autoridades y constructores, que la práctica de la supervisión, se convierte en un simulacro, pues el constructor actúa a sabiendas que no le podrán exigir mucho o sancionarlo, pues saldría a la luz la corrupción del cobro del “diezmo” como coloquialmente se le denomina.

Cuando aconteció el sismo de septiembre de 1985, que de manera significativa afecto miles de construcciones en la CDMX, se observó que muchos edificios no habían sido construidos de acuerdo a las especificaciones técnicas que demandan las condiciones geológicas de la capital del país. A partir de entonces, se modificaron los reglamentos de construcción, con base en un rediseño de las especificaciones derivadas de cálculos estructurales, a su vez, se puso particular atención en la calidad de los materiales. En este contexto, el proceso de la supervisión de la obra resulta clave para el cumplimiento de las especificaciones técnicas.

Al igual que con el sismo, desafortunadamente, cuando acontece una tragedia como la ocurrida con la línea 12 del metro, es que salen a la luz las deficiencias. Ahora, ante la tragedia, se requiere de un peritaje de expertos en estructuras, que comenzarán con evaluar si el diseño estructural fue el correcto, de ser así, deberán analizar las condiciones de la construcción, para saber si se construyo de acuerdo a las especificaciones del proyecto; las especificaciones deben cumplirse en dimensiones y calidad de materiales. Si todo esto es correcto, se deberá analizar el proceso de mantenimiento.

En la mayoría de los casos, la etapa de mantenimiento resulta fundamental para garantizar el correcto funcionamiento de las obras, de ahí que se incorpore una supervisión, para garantizar que estas labores de mantenimiento se realicen correctamente y lo más importante, si están cumpliendo su objetivo o se requiere de acciones de un mantenimiento mayor, más completo o específico.

Ante las múltiples declaraciones derivadas de lo ocurrido en la línea 12 del metro, por parte de funcionarios federales y de la Ciudad de México, resulta inevitable recordar el caso lamentable del Colegio Rébsamen en 2017, cuando un edificio de sus instalaciones colapso con la lamentable consecuencia de 19 niños fallecidos y 7 adultos. La investigación realizada determino que se había construido un nivel superior en un edificio, sin los permisos correspondientes que garantizaran la seguridad estructural del inmueble. Por esta omisión de condenó a la directora y dueña a 57 años de prisión por homicidio culposo.

Conviene recordar que, este colegio se ubica en la Delegación Tlalpan, donde en 2017 la Delejada era Claudia Sheinbaum, hoy jefa de la Ciudad de México. En aquel entonces, cuando no se localizó a la directora del Colegio, Claudia ofreció una recompensa de cinco millones de pesos a quien diera información de su paradero, un mes después se detuvo a la directora mientras comía en un restaurante de la misma Delegación. Obviamente que es impensable que la directora sea la única responsable, pues es obvio que hubo omisión y negligencia por parte de las autoridades, pues difícilmente se puede argumentar que nadie observó que se llevaba a cabo la construcción de todo un nivel en un edificio al que acuden diariamente cientos de alumnos y padres de familia. 

Hoy, el caso del metro, lamentablemente se trata de una obra pública y señalo “lamentablemente” porque los principales involucrados son funcionarios públicos y que por lo tanto deben cumplir con una función, para la cual existen atribuciones y responsabilidades, además de que por esto cobran un salario. Seamos optimistas y pensemos que por tratarse de una obra pública haya más rigor que el aplicado en el caso de la obra privada.